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Lengua y transnacionalidad

Pocas cosas hacen tan difícil integrar a alguien en una comunidad como no compartir el mismo nivel de manejo de la lengua común.

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

Indianos en la playa de las ArenasEn la gran mayoría de las comunidades el grupo fundacional, ya se conociera cara a cara o virtualmente, tiene la misma lengua materna. Esto no se debe a que solo podamos entendernos y compartir valores «de verdad» con gente que habla nuestro mismo idioma materno, sino a que resulta más fácil encontrar pares y ser reconocidos por ellos cuando podemos expresarnos con verdadera naturalidad. Y eso a su vez sesga los grupos en los que nos animamos a conversar. Por eso las fronteras lingüísticas son mucho más resistentes que las fronteras estatales.

Pero las comunidades crecen. Y tarde o temprano nos damos cuenta de que no hay razón por la que nuestros pares tengan que encontrarse siempre en los mismos entornos. O puede que, simplemente, conozcamos a alguien que quiera integrarse en nuestra comunidad pero que no hable con total soltura nuestro idioma.

Cena multilinüe con GaoPorque la verdad es que uno piensa que poder comunicarse en la lengua del otro será suficiente. Pero no. Nada genera más asimetrías de poder en un grupo que el que la lengua de discusión sea lengua de infancia para la mitad y lengua aprendida para el resto. Los nativos parecerán inevitablemente más razonables, más juiciosos, más ingeniosos y más inteligentes que los demás. Sus intervenciones tendrán más matices -porque tienen más vocabulario-, su expresión más gracia -porque tienen más soltura- y sus argumentos mayor complejidad -porque tienen más herramientas retóricas. Y si la lengua es el inglés, donde la televisión nos ha acostumbrado a distinguir acentos de origen, clases y entonaciones, hasta los contrincantes no anglófonos sentirán que los otros eran más inteligentes o estaban mejor informados.

Y eso es algo interesante también: cuando discutimos en una lengua que no hemos hablado desde pequeños, escuchamos más activamente. Nos esforzamos por entender al otro y obtenemos un gran placer cuando sentimos que lo hemos conseguido. Celebramos haber conectado con él. Y eso, es una gran cosa. Pero si se da en un colectivo dividido entre hablantes nativos y hablantes que no lo son, el resultado quedará por debajo de cualquier cosa que podamos considerar deseable para una comunidad igualitaria.

ulpan 1955Por eso se está renovando el interés en las lenguas neutrales en cada vez más comunidades. Una vez más se pueden considerar a Cabet y su propuesta de una «lengua de toda la Tierra» como un precedente y a los kibutzim como un experimento a escala masiva. Desde muy pronto hicieron el esfuerzo de sustituir las lenguas maternas de sus creadores -alemán, yidish, polaco y ruso- homogéneas dentro cada comunidad, por el entonces recién creado hebreo moderno. Tal vez la opción no fuera la más asequible, pero el hecho de tener una lengua neutral, que ponía a todos en el mismo plano generó un tipo de complicidad nueva, dió un nuevo valor a la conversación colectiva y ayudó a fundir en los mismos debates a los distintos grupos.

Pero hay alternativas mejores que el hebreo: las lenguas sintéticas. Idiomas regulares creados a partir de elementos y vocabulario de otros. Las lenguas sintéticas no son difíciles de aprender a un nivel casi equivalente al de la lengua materna. Pero cuando escuchamos al otro, aun tenemos que hacer ese pequeño esfuerzo extra de comprensión, entre otras cosas porque no hay acentos correctos. Tenemos una comunicación al mismo nivel con el otro en la que además recibimos un pequeño premio cada vez que le escuchamos y le entendemos.

pola esperanta grupoEl esperanto, seguramente la mejor documentada todas, puede aprenderse hasta el nivel «nativo» por un hablante de lenguas indoeuropeas en menos de seis meses y en menos de un año por un hablante de chino que no hable ningún otro idioma. Si se han estudiado lenguas históricas y aun más si se manejan con cierta frecuencia, los tiempos requeridos para poder convencer y seducir -las dos habilidades lingüísticas más apreciadas- serán aun menores.

Por una vez, un esfuerzo moderado consigue un resultado extraordinario: disfrutar de la transnacionalidad más allá de las fronteras lingüísticas, permitiéndonos estar en el mismo plano y lo que es más importante, disfrutando realmente de escuchar.

«Lengua y transnacionalidad» recibió 5 desde que se publicó el Lunes 9 de Marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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