LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Lenguas comunitarias: ¿solo un juego?

¿Qué hace que una comunidad real adopte una lengua y esta cuaje? Más allá del juego identitario o la utilidad práctica, la historia reciente nos da algunas pistas.

Hazte socio de «El Arte» y haz cerveza

vivariumVivarium Novum es un centro de estudios romano que, buscando nivelar la lengua para todos sus alumnos, da sus clases exclusivamente en latín clásico, aunque enjaezado de términos de neolatín y latín contemporáneo. No es un centro para frikis ni latinistas, juega en la liga de calidad europea. Su elección ofrece un relato de por qué ir a estudiar a Roma al tiempo que pone en un plano de igualdad a sus alumnos con independencia de su lengua materna en un curriculum donde la retórica y las habilidades narrativas son especialmente importantes.

Lo interesante es que no tratan de resucitar una lengua, eligen una lengua con naturalidad en virtud de un propósito comunitario que surge de las dificultades lingüísticas parejas a la experiencia de la transnacionalidad. Algo muy distinto a los intentos de revivicación del Manx o de resucitar el Wôpanâak introduciéndolo ahora, tras perder sus últimos hablantes hace casi un siglo, en las escuelas de Massachusett. Una cosa es que la lengua elegida sirva para jugar con un relato, otra que sea una herramienta para la imposición de una identidad nacional o prenacional imaginada.

En realidad cualquier lengua sin hablantes maternos serviría para crear ese terreno lingüístico neutral común. Y en particular una lengua sintética, más sencilla y regular, parecería en principio más útil. Sin embargo, el principal y casi único «caso de éxito» que conocemos es el de la extensión del hebreo moderno, un hebreo simplificado casi al modo en que el indianus simplifica al latín y que se propuso a una población inmigrante con distintas lenguas maternas. La inmensa mayoría no hablaba lenguas de origen semítico (sus lenguas maternas eran mayoritariamente el alemán, el jiddish, el polaco y el ruso) y por su origen ideológico no habían estado en contacto con el hebreo litúrgico mucho más que nosotros con el latín. El hebreo no solo les prestaba un relato y un parentesco cultural con la población local, les permitía igualar sus habilidades oratorias usando una lengua neutral. Pero ni por esas. Tras veinte años de escuelas, boletines y propaganda, Ben Yehuda, el creador de la lengua, apenas contaba 10 familias que hablaran en hebreo moderno en casa. Muchas de ellas venían de un intento anterior de restaurar el uso del hebreo clásico.

¿Cómo despegó entonces el hebreo de Ben Yehuda? Las distintas fuentes apuntan a los primeros asentamientos de colonos y posteriormente a los kibbutz. Allí pequeños grupos de entusiastas lo aprendieron porque encajaba en su relato de lo que habría de ser la «lengua del futuro» en el nuevo marco que estaban construyendo. Eso les permitió empezar a enseñarla en sus escuelas también. Pero sin excesos: el hebreo era cosa del futuro, una asignatura «maría» que se daba irregularmente. Aquellos primeros esfuerzos simplemente llevaron a su incorporación a lo ceremonial. Es decir, el hebreo moderno antes que nada fue lengua litúrgica de la sociedad que nacía. Dicho de otro modo: en los nuevos kibbutz los carteles se hacían en hebreo y las palabras de apertura también, pero los discursos y los debates se hacían en la lengua materna (generalmente yiddish, alemán, polaco o ruso) de los asistentes. Este uso «litúrgico», cambio -como ahora pasa con el Manx- la geografía de las ciudades y de la prensa. Las tiendas incorporaron rótulos, las revistas y periódicos columnas, generando una asociación identitaria laxa («el hebreo es lo nuestro aunque no lo usemos»).

Visto ahora, este fue el mismo punto que los movimientos de defensa del gaélico habían alcanzado en Irlanda por esa época. La diferencia es que nunca pasaron de ahí. Y ahí siguen. No fue así con el hebreo. ¿Por qué? Porque la población judía se multiplicó durante la segunda gran oleada migratoria (la segunda «alliah») y lo haría aún más en los años siguientes. Pero el origen y la lengua materna de los recien llegados era cada vez más diversa. Esa diversidad impulsó el uso del hebreo como lingua franca o al menos lengua neutra comunitaria en los kibbutz. ¿Por qué no el inglés? No solo por su no neutralidad -es la lengua materna de millones de judíos en todo el mundo- sino porque en el momento era la lengua del poder colonial británico. El hebreo triunfó porque unió identidad y neutralidad en un momento en que los kibbutz se constituían como las comunidades reales articuladoras del nuevo territorio.

Las lenguas comunitarias que vemos surgir o resurgir hoy, casi todas ellas sintéticas en mayor o menor grado, de cuajar, seguramente respondan a un fenómenos similar. En primer lugar comunidades reales que crezcan asumiéndolas poco más que como un juego de rol, un elemento de diversión y complicidad interna, no muy diferente al uso del klingon entre los fans de Star Treck o del élfico entre los de Tolkien. Pero si son capaces de crecer transnacionalmente, si esas comunidades son capaces de volver a la red con herramientas propias y abrir la conversación a otras esferas lingüísticas al punto de crecer mestizándose… tendríamos otro escenario.

Lo más divertido del juego podría llegar en cualquier momento.

«Lenguas comunitarias: ¿solo un juego?» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 18 de Febrero de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.

El Correo de las Indias es el agregador y plataforma de blogs de los socios del Grupo Cooperativo de las Indias y es mantenido y coordinado por los miembros de la comunidad igualitaria de las Indias