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Leonardo Torres Quevedo

Leonardo Torres Quevedo inventó un dirigible más seguro, el primer teleférico para pasajeros, el control remoto, el primer ordenador moderno y un autómata que jugaba al ajedrez. A pesar de eso y más, tiene menos nombramientos de espacios públicos que el fundador del PSOE.

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El 8 de agosto de 2016 se celebraron los 100 años de la inauguración del «Spanish Aerocar» sobre el río Niágara (Canadá), junto a las famosas cataratas, un transbordador aéreo diseñado por el ingeniero Leonardo Torres Quevedo y construido por una empresa española, que ha trasportado más de 10 millones de turistas sin ningún accidente durante un siglo de ininterrumpido funcionamiento.

Este aniversario fue el motivo para declarar el «Año Torres Quevedo 2016». Como adelanto, los pasaportes españoles renovados en 2015 incluyeron una imagen del transbordador del Ulía (San Sebastián) antecesor y prueba piloto del de Canadá, que funcionó durante cinco años.

Sin embargo, esta efeméride no parece haber servido para que una figura de igual o mayor importancia que Ramón y Cajal, Severo Ochoa o Greogorio Marañón sea conocida por alguien más que ingenieros, historiadores, beneficiarios de las becas que llevan su nombre o frikis en general. La prueba es que el diario El País, que sigue siendo el de mayor tirada en España, publicaba ayer que pasan al dominio público las obras de García Lorca, Unamuno, Valle-Inclán y otros autores entre los que no nombra a Torres Quevedo. El Mundo hace lo propio citando a «otros que, por diferentes motivos, han caído en un relativo olvido como Ramón Acín, Ciges Aparicio, Cotarelo y Mori, Torres Quevedo, Eugenio Noel y muchos otros».

Aunque Torres Quevedo (1852-1936) nació en Santa Cruz de Iguña, Molledo (Cantabria) pasó su infancia y adolescencia en Bilbao, de donde era su padre, el ingeniero de caminos Luis Torres Vildósola y Urquijo. A causa de los frecuentes viajes de su padre por motivos de trabajo, Leonardo se crió con las hermanas Barrenechea, parientes de su padre, de buena familia bilbaína. El detalle no es menor pues estas hermanas, que murieron sin descendencia, le dejaron en herencia toda su fortuna a Leonardo, lo que le permitió después de terminar la carrera de ingeniería en Madrid, dedicarse durante varios años, primero a viajar por Europa, para conocer los últimos avances científicos y técnicos del continente, y después al estudio y la investigación, sin tener que preocuparse por cómo financiar su actividad.

En 1874 cuando estaba estudiando la carrera, abandona los estudios para acudir como voluntario a la defensa de Bilbao durante el sitio carlista. Escogió Santander para su centro privado de investigación y se casó con una cántabra, con la que tuvo ocho hijos. Fue un gran promotor del esperanto, fundó el Club de Esperanto de Bilbao y apoyó el uso y difusión de esta lengua en el Comité de Cooperación Cultural de la Sociedad de Naciones.

Fue un gran investigador en álgebra, mecánica, automática y aeronáutica, superando con creces las disciplinas propias de la ingeniería de caminos. Publicaba sus grandes obras teóricas tanto en Madrid como en París o Burdeos, presentó su primeros transbordadores en Suiza y viajó con la Infanta Isabel a Argentina para proponer la constitución de la Unión Hispanoamericana de Biografía y Tecnología Científicas. Digamos que su patria, era la tecnología.

Máquinas algebraicas

En 1893 presenta en la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales la «Memoria sobre las máquinas algebraicas», en las que describía una especie de calculadoras analógicas para resolver ecuaciones en las que las cantidades se representan por magnitudes físicas. El proceso matemático se asocia en estas máquinas con un proceso operativo de ciertas magnitudes físicas. El resultado físico obtenido se corresponde con la solución matemática buscada. El trabajo despertó una enorme expectación. Eduardo Saavedra recomienda en la Revista de Obras Públicas la financiación de un modelo definitivo de la máquina (Torres Quevedo ya había fabricado un prototipo). La Crónica Científica del semanario Nuevo Mundo del 22 de agosto de 1895 ve en este invento el despertar de la Ciencia en España.

En 1895 presenta la misma «Memoire sur les machines algébraiques» en un Congreso en Burdeos y en 1900, la «Memoire sur les machines á calculer» en la Academia de Ciencias de París. En ellas, examina las analogías matemáticas y físicas que son base del cálculo analógico o de cantidades continuas, y cómo establecer mecánicamente las relaciones entre ellas, expresadas en fórmulas matemáticas. Su estudio incluye variables complejas, y utiliza la escala logarítmica. Torres Quevedo construyó así una serie de máquinas funcionales para la resolución de una ecuación de ocho términos, obteniendo sus raíces, incluso las complejas, con una precisión de milésimas. Algunas aún se conservan. Lo que ocurrió con la computación en España a partir de ahí es algo que cuesta explicar mucho más que el funcionamiento de la máquina.

Dirigible

Entre 1902 y 1905 diseñó su propio dirigible, más seguro que el existente solucionando los problemas de suspensión de la barquilla con un armazón interior de cables flexibles que dotaban de rigidez al aparato por efecto de la presión interior, pero sobre todo con la introducción del globo trilobulado. Estos dirigibles fueron fabricados por la empresa francesa Astra (los célebres «Astra-Torres») y empleados en la I Guerra Mundial por los ejércitos francés y británico. Un problema de financiación impidió a Torres Quevedo, en asociación con Herrera Linares, ser el primero en cruzar el Atlántico en dirigible sin escalas.

Teleférico

Con los transbordadores aéreos, o teleféricos, empezó a experimentar en 1887 junto a su casa de Molledo, con una pareja de vacas como tracción animal y una silla a modo de barquilla. Ya se utilizaban mecanismos de transporte por aire en muchos lugares montañosos para las mercancías, pero ninguno era apto para el transporte de personas por motivos de seguridad. Ese fue el gran aporte de Torres Quevedo, inventor del primer teleférico/funicular/transbordador para pasajeros del mundo. Su solución consistió en un ingenioso sistema múltiple de cables-soporte, liberando los anclajes de un extremo que es sustituido por contrapesos, de forma que si un cable se rompía el sistema resistía perfectamente. En 1897 lo intentó vender en Suiza sin éxito. El primero en funcionar fue el del monte Ulía en San Sebastián en 1907 y el segundo el del río Niágara en 1916. La bilbaina Sociedad de Estudios y Obras de Ingeniería construyó con su modelo transbordadores en Chamonix y Río de Janeiro.

Telecontrol

En 1903 diseña el «telekino», antecesor del dron, que consistía en el manejo de una barca a distancia a través de ondas hertzianas. Su puesta de largo tuvo lugar en el Abra en 1906, donde Torres Quevedo manejó una barcaza ante las autoridades (rey incluido) desde la terraza del Club Marítimo de Las Arenas.

Autómatas

El estudio del telekino, fue el que me encaminó en esta nueva dirección. El telekino es, en suma, un autómata que ejecuta las órdenes que le son enviadas por medio de la telegrafía sin hilos. Además, para interpretar las órdenes y obrar en cada momento en la forma que se desea, debe tener en consideración varias circunstancias. Su vida de relación es, pues, bastante complicada.

Así explicaba Torres Quevedo su llegada a la automática en su obra de 1914 «Ensayos sobre Automática. Su definición. Extensión teórica de sus aplicaciones» publicada en la Revista de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales. En esta obra desarrolla la teoría de lo que posteriormente será su aritmómetro: una máquina electromecánica capaz de realizar cálculos de forma autónoma con un dispositivo de entrada de comandos, una unidad de procesamiento y registros de valores (un sistema de listones, poleas, agujas, escobillas, electroimanes y conmutadores), y un dispositivo de salida, superando la máquina de Babbage y convirtiéndose así en el inventor del primer ordenador en el sentido actual.

Por si fuera poco, en la misma obra sienta las bases de lo que años después llamaríamos «inteligencia artificial»

[…] se cree que […] las operaciones que exigen la intervención de las facultades mentales nunca se podrán ejecutar mecánicamente. […] Intentaré demostrar en esta nota -desde un punto de vista puramente teórico- que siempre es posible construir un autómata cuyos actos, todos, dependan de ciertas circunstancias más o menos numerosas, obedeciendo a reglas que se pueden imponer arbitrariamente en el momento de la construcción. Evidentemente, estas reglas deberán ser tales que basten para determinar en cualquier momento, sin ninguna incertidumbre, la conducta del autómata.

También se adelanta a Turing al escribir acerca de la afirmación de Descartes de que un autómata jamás sería capaz de mantener un diálogo razonable, que

[Descartes] Pensó sin duda que el autómata, para responder razonablemente, tendría necesidad de hacer él mismo un razonamiento, mientras que en este caso, como en todos los otros, sería su constructor quien pensara por él de antemano. Creo haber mostrado, con todo lo que precede, que se puede concebir fácilmente para un autómata la posibilidad teórica de determinar su acción en un momento dado, pesando todas las circunstancias que debe tomar en consideración para realizar el trabajo que se le ha encomendado.

En 1912 construyó su primer Autómata Ajedrecista, que juega al ajedrez solo con rey y torre blancas, respondiendo con absoluta precisión a las jugadas de las negras y que siempre da mate. Aunque las partidas estaban muy simplificadas la máquina contaba con un algoritmo que permitía derrotar a las negras en 63 movimientos. Tenía un brazo mecánico y sensores para detectar los movimientos del contrario. Se presentó en la Feria de París de 1914 con muchísimo éxito y apareció en la revista Scientific American del 6 de noviembre de 1915.

En los últimos años de su vida se interesó por la pedagogía. Diseñó el antecesor del puntero láser (su «puntero proyectable»), mejoras para la máquina de escribir o el proyector de transparencias y la paginación marginal de los manuales.

Por no mencionar a Google

El 28 de diciembre de 2012 en el 160º aniversario de su nacimiento, Google le dedicó un doodle bastante gracioso, con el ingeniero en el transbordador del Niágara con el rey y la torre del ajedrez y una de las vacas que tiraba del primer modelo de teleférico construido en Molledo. Pero ni por esas Torres Quevedo dejó de ser uno de esos personajes caídos en el «relativo» olvido. Algo tuvo que hacer mal, pero ni siquiera nos acordamos de qué.

«Leonardo Torres Quevedo» recibió 12 desde que se publicó el Miércoles 4 de Enero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Me encanta eso de que «su patria era la tecnología». Y me encanta como está quedando esta serie, uniendo en el camino de la abundancia a Marx, Keynes y Torres Quevedo… creo que clarifica bastante el camino…

    Por cierto… Feliĉan naskotagon @maria!!!

  2. Por cierto, que Torres Quevedo sería el ejemplo de lo que le reclamamos a las élites que sean y hagan: desde ponerse en primera línea de fuego contra los carlistas cuando toca a desprenderse de los nacionalismos y dedicar su fortuna a aumentar la capacidad de generación de riqueza de la sociedad toda. Pero seguramente por eso le «estén olvidando», ya no se ajusta a aquello en lo que la élite española puede verse: ni acredita como bilbaino «de verdad» porque prefirió el Esperanto a la ikurriña, ni se envolvió en la rojigualda para que el gobierno le pagara pufos de una obra en el exterior, ni convirtió la simpatía por unas ideas en una feria de sectarismo… en fin…

  3. ¡Qué gran homenaje! resulta increíble que Torres Quevedo no sea el gran personaje, quiero decir, esta biografía debería enseñarse en la escuela!!!!

  4. Imagen de perfil de Juan Ruiz Juan Ruiz dice:

    Muchas gracias, María, por acercarnos esta biografía. En mi escuela había un pequeño museo dedicado a él. No sé qué ha sido de sus máquinas allí almacenadas sin mucho orden. Me suena que hay una exposición ahora dedicada a sus inventos. Un “héroe” del procomún!

  5. Imagen de perfil de Ester Ester dice:

    Qué bonita biografía María, me ha recordado a la historia de los personajes de la novela de Gibson y Sterling “La máquina diferencial” daría para una mejor aún con Torres Quevedo de protagonista!

  6. Gracias a vosotros!! Torres Quevedo es fascinante. En la Escuela de Ingenieros de Caminos tenían las máquinas en una exposición. No sé si seguirán. La facultad de arquitectura de Zaragoza tiene un edificio dedicado a él y algo hay en el museo de la aviación. Hay un instituto de secundaria en Santander y otro en Madrid con su nombre y poco más. Ni calles o plazas principales, universidades, aeropuertos, series de televisión…

  7. Y una calle con su nombre en uno de los polígonos industriales de Córdoba, cruzando con las dedicadas al ingeniero Torroja y Miret y al ingeniero Juan de la Cierva.

  8. Que bonito post Mary!!! Gracias por acercarnos a Torres Quevedo

  9. Bravo María, un texto muy bueno. Y seguro que hubo algunos “Torres Quevedos” más que cayeron en el olvido, porque no fueron tan deslumbrantes como él.

  10. Gracias chicos! Luchemos contra estos olvidos tan injustos 🙂

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