LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Les llamaban perro (flautas)

En esos chicos que recorren Europa con sus perros y sus flautillas de viento pidiendo «una monedita», urgando en contendedores, meando contra las paredes y escandalizando a los bienpensantes por su poco amor a la higiene personal, viven los más maltratados de los viejos filósofos y sus ideas. Y mientras la furia reguladora de los ayuntamientos lo permita, cada ciudad tendrá su perro-flauta errante, un marginal, un costroso, pero también el último avatar del cinismo, ese contrapunto individualista, burlón y provocador sin el que eso que llamamos Europa no estaría completa.

Libros gratis de las Indias

Crates e Hiparquia
perroflautaEl otro día hablábamos de las tres corrientes que están en el origen de eso que llamamos Occidente. Muy de pasada nombramos a un cuarto grupo, los cínicos, y solo como eslabón entre Sócrates y nuestros admirados estoicos.

Pero los cínicos siguen hoy entre nosotros. Y no, no es esa gente sobradilla que mira por encima del hombro y lanza sarcasmos e ironías continuamente. Eso es un oscurito, un agujero negro, no un cínico. Si hoy la palabra “cínico” tiene también esa acepción despectiva es porque tuvieron enconados críticos y despertaron reacciones apasionadas. ¿Por qué? Por su radical y descarado rechazo a las convenciones sociales. Vistos hoy, ideológicamente se parecerían más a un Thoreau o a un ecologista radical que a un “cínico” como lo conebimos hoy en día, y en su modo de vida a esos a quienes llaman «perroflautas».

AntístenesEl fundador de esta corriente, Antístenes, había estudiado con los sofistas, los filósofos más conocidos de la época. Suponemos que dado que uno de los principios de los sofistas era cobrar por enseñar, su familia tendría una buena posición económica. Como tantos otros jóvenes brillantes de la Grecia de la época, encontró en Sócrates no solo un maestro, sino un ejemplo vital. Cuando le conoció mandó a los estudiantes que le seguían a escuchar al maestro, y como uno más, recorría cada día andando el camino hasta Atenas para hacerlo. Hasta que Sócrates murió, claro.

La muerte de Sócrates

El juicio y muerte de Sócrates fue uno de esos acontecimientos que marcan una ruptura generacional e ideológica.

Atenas estaba todavía bajo el trauma que siguió al fin de la ocupación espartana. Esta había tenido el apoyo del partido oligárquico que, con ayuda del ocupante, constituyó un gobierno autoritario (los «treinta tiranos»). La «liberación» trae tentaciones de revancha para los demócratas. Muchos recuerdan el injusto juicio de Fidias, el maravilloso escultor de la Acrópolis, seguramente muerto en la cárcel. Fidias era amigo y protegido de Pericles -el gran líder democrático fallecido antes de la ocupación- y su juicio había sido en realidad un juicio político alimentado por el partido aristocrático contra el intelectual estrella de los demócratas. Le acusaban de «impiedad» y malversación de fondos por retratarse a sí mismo junto a su amigo Pericles en el escudo de la gran Atenea que había tallado para la Acrópolis.

muertedesocratesSeguramente por eso fue precisamente Mileto, la pareja de Pericles, quien fue elegido para presentar la acusación contra Sócrates. El viudo doliente del héroe añorado siempre tiene un halo especial, una legitimidad extra. Los términos de la acusación parecen apuntar también hacia el recuerdo de Fidias, quien a las finales, había sido condenado por esculpir «impíamente». Sócrates era acusado de impiedad y de «pervertir a la juventud».

¿Pero por qué cobrarse venganza contra el partido oligárquico en Sócrates si el filósofo no sentía una especial pasión política? En parte precisamente por eso: los tibios, los apolíticos, están mal vistos tras las revoluciones. Y eso nos insinúan Jenofonte y Platón cuando nos presentan al maestro argumentando sobre su «negligencia» (abandono de los lazos ceremoniales y sociales que mantienen la convivencia). En parte por su enemistad con el intelectual demócrata más popular, el satírico Aristófanes, que casi treinta años antes ya le había dedicado una malévola comedia y que no perdía ocasión de denostarle. Y sobre todo porque dos de sus antiguos discípulos, Alcibíades, y sobre todo Critias -uno de los treinta tiranos- no solo se habían destacado entre los oligarcas, sino que según el nuevo relato imperante habían «traicionado» a la ciudad. Así que de poco le iba a servir a Sócrates movilizar a sus, por otro lado tibios, amigos en la nueva mayoría.

Resumiendo, Socrates sufrió una «tormenta perfecta»: el revanchismo de la liberación, las envidias de Aristófanes, el sectarismo de los demócratas… todo concurre para convertirle en víctima de la división política ateniense.

Los perros

Crates e Hipparchia en el fresco romano de Villa FarnesinaLa «ataraxia», la serenidad de Sócrates ante la injusticia de sus convecinos y la muerte, conmueve a sus discípulos. Todos ellos quedarán capturados por ese momento. Arístipo apostará por dar una respuesta vitalista y materialista a la que después daría forma Epicuro. Platón, como comentábamos en el post anterior, querrá transformar mundo y humanos para acercarlos al mundo «original» de las ideas perfectas que asociaba al maestro, y acabará convirtiéndose con su «República» en el teórico de un nuevo aristocratismo cuyas consecuencias llegan hasta hoy.

Antístenes no seguirá ni un camino ni otro. Con ironía socrática responderá a la teoría de las ideas de Platón con su famosa frase «Platón!, el caballo lo veo; pero la equinidad no». Marcado también por el trauma del ajusticiamiento de Sócrates, rechazará pura y simplemente la política, los fastos y el reconocimiento social, pero también el elitismo de platónicos y aristocráticos. Nos cuenta Diógenes Laercio que solo la virtud le interesa, virtud para la que considera igualmente dotados a hombres y a mujeres y que, pudiéndose alcanzar mediante el estudio

basta para la felicidad, no necesitando de nada más que de la fortaleza de Sócrates

Pero aunque en Arístenes esté todavía el amor por el conocimiento de su maestro Sócrates, su reacción básica es «antiintelectual»: la verdadera virtud (que para él es también la verdadera sabiduría y la verdadera belleza), el camino de la serenidad, reside en ser independiente de todas las cosas materiales. La misma divinidad, argumenta, es perfecta porque es absolutamente independiente de todas las cosas (no influye en el curso de la Historia ni en el devenir de la Naturaleza). Es el camino del ascetismo el que nos hace libres e incluso divinos.

Los primeros «perro(flautas)»

Antístenes empieza a vestir tan solo una sencilla capa y un báculo. Recuerda a sus seguidores que no deberían tener nada que no pudieran llevar consigo en un naufragio. Empieza a enseñar en un «gimnasio-santuario» público, el Cinosargo («perro veloz» o «perro blanco», según quién haga la etimología). Empiezan a llamarles «cínicos» («similares a perros») y al parecer el propio Antístenes adopta el mote, convirtiendo el perro en un símbolo de su absoluta independencia respecto a las convenciones sociales.

Diogenes por LapageAunque hoy se discute si realmente estudió con él o no, Diógenes, tradicionalmente considerado su principal discípulo, convirtió el ascetismo en una forma de provocación: vive en la calle, renuncia hasta a su jarra para el agua, tiene sexo en público, denuncia lo que considera hipocresía de unos y otros, azuza a todos con sus comentarios hirientes. Platón le llama un «Sócrates que se hubiera vuelto loco». Diógenes Laercio nos cuenta de él no pocas anécdotas:

Viniendo una vez a él Alejandro y diciéndole: «Yo soy Alejandro, aquel gran rey», le respondió: «Yo soy Diógenes, el perro»

Rechaza el estudio de las ciencias, la cultura… su vida pretende ser su enseñanza: tener lo menos posible para necesitar lo menos posible, dejar la sociedad y sus sofisticaciones incomprensibles (y necesariamente hipócritas) para «volver» a la Naturaleza no como comunidad sino como individuo, sin requerir siquiera de otros, pues Diógenes abandona la idea de fraternidad de virtuosos que Antístenes guardaba de Sócrates y su entorno.

Está solo. Es marginal. Es un Thoreau que en vez de ir a vivir como un eremita predica en los arrabales y se complace de andar cubierto de mugre como signo exterior de su propia independencia. Cuando, tras la conquista macedonia de Atenas, Alejandro Magno pregunta a su discípulo Crates si debe reconstruir la ciudad, este responde escuetamente «¿para qué?».

Cínicos, estoicos, monjes, anarcos y perroflautas

perroflautasSerá un discípulo de Crates, Zenón, el que harto de los para él incomprensibles excesos del maestro, haga la primera crítica «desde dentro»: nace el estoicismo. Pero siguió habiendo grupos cínicos abiertamente hasta la imposición casi total del cristianismo en el siglo V. Y aunque no tuvieron la relevancia social de los estoicos, su huella cultural es innegable desde el primer monastismo altomedieval, con su aproximación eremítica, individualista y sentimental a la divinidad.

A caballo entre el bufón y el santo popular, el espíritu del cínico es reivindicado todavía hoy por el anarquismo individualista y sin duda puede trazarse toda una continuidad de sus actitudes y discursos ascético-naturalistas no solo con Thoreau, sino con buena parte del ecologismo individualista radical.

Así que, aunque tal vez no lo sepan, desde luego en esos chicos que recorren Europa con sus perros y sus flautillas de viento pidiendo «una monedita», urgando en contendedores, meando contra las paredes y escandalizando a los bienpensantes por su poco amor a la higiene personal, viven los más maltratados de los viejos filósofos y sus ideas. Y mientras la furia reguladora de los ayuntamientos lo permita, cada ciudad tendrá su perro-flauta errante, un marginal, un costroso, pero también el último avatar del cinismo, ese contrapunto individualista, burlón y provocador sin el que eso que llamamos Europa no estaría completa.

«Les llamaban perro (flautas)» recibió 9 desde que se publicó el Martes 29 de Abril de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos nuestros blogs en la
página de registro de Matríz.