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Leyendo a Juan Urrutia: La economía directa o el contraataque de los disidentes

Notas sobre un antiguo texto de Juan Urrutia en el que podemos encontrar la insinuación de un programa que liga por primera vez lo que hoy podemos hacer (economía directa) con un futuro deseado pero ensombrecido por la descomposición.

Dollar UrrutiaA veces las grandes ideas se hacen a fuego lento. Hace una década Juan Urrutia comenzó un paper que parecía iba a estar «en desarrollo» eternamente: «A la individuación por la pertenencia». Y ahí plantea una serie de ideas, aparentemente contradictorias con otros trabajos suyos, que ahora, a la luz de la Economía directa cobran un sentido nuevo y especialmente interesante.

Juan comenzó su investigación preguntándose por qué necesitan y demandan «reconocimiento» las identidades imaginadas, esas en las que un miembro no conoce a todos los demás sino que los imagina por una serie de propiedades comunes, como el nacionalismo o la raza.

La respuesta es sencilla y forma parte de la caja de herramientas de cualquier economista contemporáneo: cuanto más reconocida y respetada es una identidad, más alto es el coste de disidencia o en términos de Juan, el coste de «traicionarla». El compromiso de sus miembros se mantendrá por tanto más fácilmente sin necesidad de control y la confianza entre sus miembros se dará de forma espontánea con mucha mayor facilidad.

Si lo pensamos, en el límite, las grandes identidades imaginadas conseguirían una sociedad totalmente cohesionada a base de «homogeneizar» totalmente a sus miembros, pero

Mientras las decisiones de una persona estén dictadas en su mayoría por la identidad del grupo a que pertenece, menos auténtica es su individualidad. Para convertirse en un individuo genuino y autónomo, la persona debe despojarse de las señas de identidad del grupo a que pertenece (…) Tiene que irse liberando de aquellos rasgos que comparte con los demás miembros del grupo y pasar a compartir rasgos culturales alternativos que quizá identifican en parte a los miembros de otros grupos que pueden ser nuevos.

Por tanto individualizarse es «traicionar» expectativas identitarias del grupo de pertenencia (…) no basta con salirse de un grupo para pasar a un limbo desidentificado; sino que no hay más remedio que pasar de un grupo identitario a otro. (…) Esta traición se desarrolla en el tiempo pues el individuo que se lanza a enredarse en este proceso de individuación no llega a su meta a no ser que, una vez pasado a otro grupo, no abandone también éste a través del despojamiento de otro rasgo perteneciente a este tercer grupo. En el límite de este proceso (…) se ha convertido en un individuo genuino en el sentido de que ha conformado un vector de rasgos culturales que solo a él le definen. (…)El individuo se hace tal a través de la pertenencia a diferentes grupos a los que traiciona secuencialmente.

Dicho de otro modo: como individuos, nuestro propio proceso de desarrollo personal se hace a través de la disidencia, diferenciándonos de las comunidades imaginadas a las que pertenecemos y que se suponen nos definen en cada momento.

¿Y esto qué tiene que ver con la Economía?

En Teoría Económica hay dos bases para los modelos en los que el mercado puede hacer eficiente una economía: que esté compuesta por individuos que no dependen de otros para tomar sus decisiones o que los grupos cohesivos no puedan torcer los resultados competitivos mediante coaliciones que solo ellos prefieran, no por eficientes, sino porque les benefician. En economías grandes (en los modelos, infinitas), estos últimos no son relevantes porque a partir de ciertas escalas de mercado no podrían mantener sus coaliciones de forma estable.

Pero en el mundo real, la globalización lejos de romper esas coaliciones identitarias parece haberlas exacerbado como última esperanza para la obtención de rentas entre grandes grupos transversales o ideológicos (los «creadores» defensores del copyright, los supuestos «liberales» que defienden las rentas de las grandes corporaciones, etc).

Pero identidades fuertes, que hacen más costosa la disidencia, hacen más difícil que el mercado cumpla su función, pasando probablemente a consagrar rentas para los pertenecientes a las identidades coaligadas a costa de las personas que actúan como individuos, «leales» en sus elecciones tan solo a sus propios deseos y a los acuerdos que establecen con otros, pero sin tener en cuenta grandes imaginaciones identitarias.

¿Y entonces? ¿Los identitaristas progresarán a costa del resto?

En principio sí, pero Juan hace una salve, que por estar escrita originalmente hace casi una década, tiene aun más valor hoy:

Esta conclusión exige ser meditada y relacionada con iniciativas actuales a favor de un sistema de economía directa con menos intermediarios y una división del trabajo menos fina.
[enlazado propio]

Sí, lo que apunta es que el desarrollo de ámbitos de Economía directa generaría un espacio autónomo de resultados económicos en el mercado que estaría en buena parte a salvo del efecto nocivo de las rentas de esas coaliciones conseguidoras de privilegios.

Hasta ¿disolverlas? Quizás. Lo importante es que en este texto, leído ahora, encontramos la insinuación de un programa que liga por primera vez lo que hoy podemos hacer (economía directa) con la meta a la que querríamos llegar (modo de producción p2p) y que la descomposición pone en peligro.

«Leyendo a Juan Urrutia: La economía directa o el contraataque de los disidentes» recibió 3 desde que se publicó el lunes 18 de noviembre de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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