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Lo que aporta y lo que falta en «Postcapitalismo» de Paul Mason

El libro de Mason tiene grandes aciertos e intuiciones, pero también dos carencias en su análisis de la economía capitalista que lastran sus consecuencias políticas.

poscapitalismoGracias a Querolus que nos regaló un ejemplar y a Juan que nos insistió en leerlo cuanto antes, hemos leído en estos días «Postcapitalismo». El libro ha conseguido ya abrir una buena cantidad de debates en el mundo anglosajón que, en general, ha recibido con sorpresa la actualización de la idea de abundancia que el libro propone desde ideas y fundamentos bastante similares a los que llevamos argumentando desde hace casi década y media los indianos. Sin embargo, y a pesar de extraordinarios aportes, el armazón argumental de Mason tiene dos carencias fundamentales que lastran su posible desarrollo social y político.

1. Abundancia o no, depende de la arquitectura de red

En la práctica existe abundancia cuando el coste de servir una unidad más es inapreciable y dado un cálculo sensato de la demanda potencial, puedo hacerlo indefinidamente. Por ejemplo, el coste de servir una página web o un libro electrónico a un usuario más en nuestro propio servidor es a todos los efectos, cero. Por esto, Mason nos dice que los bienes digitales son abundantes «per se».

Pero este ejemplo solo sería cierto dentro de un rango asumible de peticiones, si el número de personas que quieren leer nuestro libro pasara cierto punto crítico, tendríamos que incrementar el ancho de banda de nuestro servidor y por tanto, en realidad, si lo viéramos a largo plazo, esos aumentos de costes deberían imputarse a las distintas unidades. El coste marginal, el coste asociado a la última copia servida, no sería cero. La abundancia, en ese caso, habría sido solo una ilusión, un destello, algo parecido al coste de llevar alguien más desde casa a la oficina en nuestro coche: es prácticamente nulo… hasta que se acaban los asientos. Una vez ocupadas todas las plazas necesitamos otro coche o al menos un billete de autobús por cada persona más que quisiéramos transportar. El coste marginal sería positivo y fácilmente perceptible.

Topologías de redPero en nuestro ejemplo, un bien informacional, esta crítica sería cierta si se distribuyera desde un único servidor. Si lo compartimos en una red distribuida con otros usuarios que al descargarlo lo dejan a su vez a disposición de los demás, cada nueva descarga, cada nuevo usuario, significaría un lugar posible de descarga más para el siguiente. Cuantas más personas lo descargaran, más menor sería la probablidad de que, por rápido y voluminoso que fuera un incremento de la demanda, ninguno de ellos tuviera que incrementar sus costes para que alguien pudiera descargar una nueva copia.

Esto es sin duda lo más importante que nos ha enseñado Internet y el mayor aporte teórico de las Indias en los últimos doce años: el mismo producto que es abundante en una red distribuida, a ciencia cierta no lo sería en una red centralizada o descentralizada.

Consecuencias políticas

hilado para las redes en Twin OaksEste error de concepto básico transforma toda su concepción de lo que sería o podría ser el «Postcapitalismo». En vez de fundamentar el modo de producción P2P como algo basado en procomún y redes distribuidas, lo que le llevaría de cabeza al software libre como modelo productivo, se conforma con la Wikipedia, primer paso de la recentralización de la web y versión moderna del ideal socialista de Bebel.

En consecuencia el estado, el organismo centralizador por excelencia, se puede convertir para Mason, en un agente central en la transición a la abundancia. De la tarea hercúlea de conquista del trabajo y crear redes de comunidades desmercatilizadas «hacia dentro» y al mismo tiempo «competitivas» en el mercado, pasaríamos a grandes programas estatales tipo «Flok Society» en los que la autonomía comunitaria se supliría con ayudas públicas y rentas regulatorias. No es que las políticas públicas no puedan ser un aporte, es que difícilmente pueden suplir la transformación del aparato productivo por si mismas.

2. Las escalas son fundamentales

Crisis de las escalasMason, en su historia de las teorías de la crisis, critica la obsesión marxiana y luxemburguista por «nuevos mercados». Comete un error frecuente: pensar que por «nuevo mercado» podían entender la mera mercantilización de un área más de la vida. Pero Marx y Luxemburg eran ricardianos en realidad, entendían que el centro del problema económico bajo el capitalismo era, como Keynes subrayó, la demanda efectiva. Para Luxemburg y Bujarin da igual abrir nuevas ramas de negocio dentro de una economía mercantilizada: si la demanda efectiva que puede comprar los productos no varía, todo lo más producirá una redistribución entre el consumo de los sectores y una «huída hacia el crédito» que permitirá, por un tiempo, «vivir como» si la nueva tecnología hubiera venido acompañada de nuevos compradores en tanto su impacto en la productividad permita recuperar una parte -nunca todo- de la masa de créditos del boom. En la mirada marxista las burbujas son parte del desarrollo capitalista y marcan el ritmo de su expansión colonial, no una demostración de su colapso.

Bajo esta mirada hay una intución importante pero que permaneció invisible a los marxistas. En el modelo marxista, la escala productiva crecía a cada ciclo de crisis, polarizando la estructura social en dos únicas clases que a partir de cierto punto -cuando todos los mercados fueran capitalistas- serían también clases anacionales, globales. La teoría de la escala creciente entre ciclos es la base de la idea marxista de la revolución.

En lo que Luxemburg y Bujarin llevaban razón es que lo valioso para los capitalismos nacionales del XIX era «conquistar» nuevos mercados porque se hacían así con un volumen de demanda efectiva -y además cautiva- extra. ¿Por qué? Porque el incremento de mercados, de demanda efectiva para la industria nacional, es una fuerza que tiende hacia el aumento de la escala óptima de producción, justifica empresas más capitalizadas y con más empleados. En cambio el desarrollo de la productividad que está en el motor de todo, reduce a cada ciclo largo la dimensión óptima de las unidades productivas.

Mientras el efecto de la conquista y absorción de nuevos mercados fuera mayor que el del desarrollo tecnológico, el volumen global de capital empleado podía seguir creciendo y la previsión marxista funcionando en lo fundamental: divisiones de clase cada vez más claras, concentraciones obreras cada vez mayores y capital cada vez más concentrado en grandes consorcios y grupos. Pero cuando eso cambió, simplemente porque el capitalismo se extendió globalmente, empezará necesariamente una paulatina crisis de las escalas que es la que ha conformado el mundo desde la posguerra.

Consecuencias políticas

Sistema de producción p2pLo primero que no entiende Mason es que las guerras mundiales son mundiales por algo. Marcarían el punto en el que ya no quedan grandes grupos humanos que convertir en consumidores y por tanto en demanda efectiva para las economías centrales. A partir de ahí, la única esperanza es quitarle los consumidores a otro. Algo que por cierto, permitiría ver el Plan Marshall a una luz muy distinta de la que parece ponerle Mason.

Pero a nuestros efectos, que no son los debates internos del marxismo a las que nos refiere Mason una y otra vez, lo que importa es que la reducción de escalas óptima es la que explica la crisis actual, empezando por el sistema financiero. Basicamente la escala del capital es demasiado grande para «colocarse» donde se desarrolla la productividad hoy sin crear previamente un marco de «capturas» regulatorias y de mercado que asegure rentas para las empresas sobre-escaladas en las que puede invertir. Resultado: un capitalismo cada vez más especulativo, feroz defensor de rentas y monopolios artificiales como la propiedad intelectual que en su captura de las dos principales instituciones sociales del capitalismo -mercados y estado- al final no puede producir sino la descomposición del sistema entero.

paul masonAl permanecerle invisible la centralidad de la reducción de escalas óptimas de producción, vuelve a alejarse de la perspectiva de las redes distribuidas pero sobre todo también de la idea de «competencia entre sistemas» por aumentar la productividad y asegurar cohesión social que le llevaría de cabeza al modo de producción p2p en vez de a modelos centralizadores e improductivos.

Los aciertos de Mason

El libro de Mason tiene muchísimos puntos brillantes y observaciones geniales. Su crítica de la mirada marxista sobre lo que fue la clase obrera hasta el fin del ciclo de guerras mundiales, no tiene precio. Pero sobre todo, su reivindicación de la centralidad del trabajo frente a las miradas (anti)consumistas es clarísima y fundamental para pensar ningún tipo de alternativa sistémica.

En resumen, un buen aporte al debate en el anglomundo que hubiera podido evitar unas conclusiones decepcionantes y hubiera ganado mucho si hubiera consultado algunas fuentes y discusiones en otros idiomas y esferas lingüísticas durante los últimos veinte años.

«Lo que aporta y lo que falta en «Postcapitalismo» de Paul Mason» recibió 13 desde que se publicó el sábado 2 de abril de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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