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Lo que no se ve

Incluso en las producciones más interesantes hay ausencias asimiladas y cosas invisibles por la fuerza de la costumbre: un fenómeno derivado de la llamada «cultura dominante».

Family-Watching-TVCada vez más gente se rinde a la evidencia de que el cine está en estado crítico. No se sabe si por una crisis identitaria general, porque todos los buenos profesionales del sector se han ido a hacer series o por ambas cosas. No parece haber más de cinco o seis cintas al año que se dejen ver. Ya ni siquiera pedimos que nos revuelvan la cabeza o nos hagan pensar, solo que nos diviertan un rato, que al menos no nos enfaden ni nos depriman.

Veremos qué pasa con Interstellar, una de las últimas apuestas del año que, aunque con un tema un poco manido, tiene al frente a Christopher Nolan, que al menos aprobó todos los cursos de dirección en la escuela. En el mundo de la comedia romántica, que pasa por uno de sus peores momentos, parece que la fórmula clásica del héroe que va superando obstáculos y frustraciones a base de valor y esfuerzo para conseguir el amor de la chica es la única que funciona, siempre que se sostenga el ritmo y los actores sepan hacer su trabajo. Véase Cuban Fury o Chef.

Pero los adictos a lo audiovisual no tenemos por qué lamentarnos. La calidad y la variedad de las producciones para televisión se han mantenido constantes desde que la HBO revolucionara la pequeña pantalla a principios de siglo. La diversidad y la webTV facilitan que ahora veamos más series que nunca, series que serán mejores o peores, nos ayudarán a pensar o a desconectar y nos engancharán más o menos, pero que al menos están bien hechas.

Pero en todas ellas, independientemente de su calidad, hay ausencias asimiladas, errores incomprensibles, cosas invisibles por la fuerza de la costumbre: un fenómeno derivado de la llamada cultura dominante.

el-principeLa superioridad numérica de producciones estadounidenses e inglesas sobre las españolas, francesas, alemanas, etc., es obvia. Pero en este caso nos topamos con un problema serio y de difícil solución: las producciones españolas son, salvo contadas excepciones, terriblemente malas. Están mal dirigidas, mal producidas, mal interpretadas y los guiones, aunque a menudo es lo único que se salva, también claman al cielo. Por eso es normal que veamos más series en inglés. Si decidiéramos boicotear la «anglo-invasión audiovisual» la única opción sería dejar de ver la tele, pues no hay estómago que aguante tanto bodrio, y la solución, como estamos viendo, no es «proteger» el producto nacional.

Pero incluso en las apuestas interesantes producidas en España se producen esos extraños efectos invisibilizadores de los que hablo. En primer lugar, las series se ruedan y transcurren por defecto en Madrid, a no ser que se trate de la producción de una cadena autonómica. Cuando rompemos con esa centralidad por exigencias del guión, como en Caso Wanninkhof, o recientemente El Príncipe, nos encontramos con que los personajes principales hablan con un marcado acento vallisoletano (que es como habla la gente bien de Madrid) a pesar de ser locales de Mijas, Castillejos o Ceuta.

crematorioLas series amables y conservadoras, que aspiraron a representar a la familia media española – Farmacia de guardia, Médico de familia o Los Serrano– transcurrían en Madrid con personajes de Madrid, salvo estas significativas excepciones: en Médico de familia la asistenta es andaluza; en el caso de Los Serrano -la historia de un matrimonio en segundas nupcias con hijos del matrimonio anterior que pasan a convivir- el andaluz es el camarero y la mujer y sus hijas son de Barcelona.

Cuando una serie -para variar bastante buena- transcurre en Valencia, es porque la trama trata la corrupción inmobiliaria. Cuando transcurre en Asturias, es porque se quiere hacer una versión nacional de Doctor en Alaska: un sitio (Alaska) frío, extraño, lejano y tremendamente aislado.

Y que los anglos hagan series de buena calidad no quiere decir que no hagan lo mismo. Tyrant se me hace difícil de ver, a pesar de su interés, por lo artificial que resulta que la corte dictatorial de un imaginario país de Oriente Próximo se comunique íntegramente en inglés, eso sí, con un perfecto acento sirio-libanés. Lo mismo ocurre en Homeland, donde hasta el último informante pakistaní o iraní habla inglés como si acabara de salir de Oxford. Es cierto que se complica mucho hacer una serie para público angloparlante en otro idioma, haciendo necesarios los subtítulos, pero si Mel Gibson lo hizo, ¿por qué no la Fox?

Aunque ya vimos que las localizaciones van ganando variedad, el número de ellas que transcurren en Nueva York o Los Ángeles sigue siendo muy superior, seguidas muy de cerca por Washington y alrededores. Cuando se sale de la costa este o California es para contar historias sórdidas, en escenarios como mínimo inquietantes: True Detective, Breaking Bad, The Walking Dead o Fargo. Se diría que aunque la serie sea una obra maestra, buscan que a nadie se le pase por la cabeza parar por esos lugares y mucho menos ir de vacaciones o mudarse allí. La gente pensará, como seguramente ya lo hace, que Luisiana es un lugar peligroso y violento con muchas sectas y gente rara.true-detective-field

Por supuesto que en Nueva York también hay asesinos en serie, pero van acompañados de Carrie Bradshaw luciendo tacones, Rachel y Ross pensando si se casan o no, Patty Hewes intimidando al tribunal o Don Draper tomando un dry martini. Nueva York, como Madrid o Barcelona, fagocitan a la periferia invisibilizándola si no es para mostrar las anomalías de los demás.

Como se demostró con la salsa de espagueti, no hay (o no debería haber) una cultura correcta. No hay que olvidar que el valor casi nace en la periferia, que el centro fagocita y homogeneiza, por lo que la innovación y la diversidad necesaria para seguir viviendo arrebatados por el cambio no suelen estar acompañados del acento «correcto», la lengua «correcta», ni el origen «correcto».
Nueva York

«Lo que no se ve» recibió 10 desde que se publicó el jueves 6 de noviembre de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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