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Los caminos de la fraternidad

Cómo la elección entre aristotélicos y epicúreos atraviesa los orígenes de la Modernidad y sigue definiendo nuestra época, desde los valores republicanos hasta la concepción de la Economía Colaborativa

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fraternitasDe los tres elementos de la triada revolucionaria -Libertad, Igualdad, Fraternidad- el tercero parece el más vago y el más difícil de definir. Seguramente sea así porque habitualmente se fundamenta de dos maneras opuestas que se nos presentan retóricamente como equivalentes. Pero no lo son.

La fraternidad aristotélica

Las dos religiones mayoritarias de Occidente, Cristianismo e Islam, nos hablan de los «primeros cristianos» y de las tres primeras generaciones de musulmanes, la «salaf», y tratan de extrapolar la fraternidad que al parecer unía a aquellas pequeñas comunidades para definir el «deber ser» de sus dos grandes constructos: la Cristiandad y la Umma. Pero equivaler los sentimientos en una pequeña comunidad cuyos miembros comparten un propósito y una vivencia, con una comunidad imaginada de millones de personas desconocidas entre sí, no es evidente. Es un salto conceptual problemático que se construyó durante la Edad Media, en pleno auge del aristotelismo.

Antes, la fraternidad tenía un sentido mucho más concreto. Para los epicúreos, que la valoraban especialmente, era una forma de amistad, el producto de una experiencia compartida y por tanto una relación interpersonal que solo podía vivir en comunidades reales.

aristótelesPero Aristóteles tomó el camino opuesto. Fundó la fraternidad desde su Metafísica: siguiendo a Platón, la fraternidad se fundamentaría en las relaciones de equivalencia entre las ideas abstractas que informan las cosas. Es decir, la fraternidad se fundamentaría en aquellas características que tenemos en común con otros y viviría de forma natural en comunidades imaginadas, aquellas donde los pretendidos miembros no pueden conocerse todos entre sí, pero sí reconocerse por tener rasgos en común. Compartir un pasaporte o un origen cultural nos haría connacionales, compartir sexo nos haría congéneres, compartir un cierto rango de edad nos haría parte de «la juventud», «los adultos» o «la tercera edad», etc. Y lo que es más importante, la idea de la nación a la que perteneceríamos, la de virilidad o femineidad, la de juventud o la de ancianidad, definirían nuestros intereses, nuestra forma de ser e incluso nuestros afectos.

Uno podría decir, siguiendo a Antístenes el cínico, que una cosa es el caballo concreto, real, y otra la idea abstracta de «equinidad», y que, del mismo modo, una cosa es la fraternidad en el seno de una comunidad real y concreta de cristianos, de musulmanes o de jubilados, y otra muy diferente que la Cristiandad -la comunidad imaginada formada por todos los Cristianos- la Umma o la «Tercera Edad» vayan o deban producir relaciones fraternas entre gente que no se conoce por el simple hecho de compartir una característica determinada.

mercaderesEste es el salto mortal entre la fraternidad de estoicos y epicúreos -el gusto por estar y aprender juntos en comunidad- y la fraternidad aristotélica a la que, nos dicen, deberíamos aspirar en el seno de los grandes imaginarios políticos y sociales, supuestamente más elevados que la modesta realidad de nuestras familias, amigos y redes realmente existentes.

¿Pero no es acaso este el gran mito occidental? No. El origen de la fraternidad como mito político, la fraternidad de las las primeras democracias urbanas medievales, estaba basada en la comunidad real de vida, trabajo y celebración que era el Arte medieval. Y nada quedaba más lejos de su espíritu que pretender ser o representar a un colectivo abstracto y universal.

foucaultSi la fraternidad aristotélica entró en política no fue a través de las comunas medievales y las primeras democracias, sino del desarrollo de las monarquías absolutas. Nos cuenta Foucault cómo el estado empieza entonces a experimentar una nueva forma de poder. En vez de limitarse a establecer normas y castigos, pretende condicionar y orientar estadísticamente el comportamiento de sus súbditos, a los que conceptualiza como el «cuerpo político del rey» (que luego se convertirá en la nación). Para ello comienza a dividir esa primera comunidad imaginada en sujetos delegados (las clases sociales, las razas, etc.), ligados entre sí por supuestos intereses colectivos y lazos fraternos que servirán desde entonces a los estados para hacer constantes invocaciones al sacrificio por el bien común.

Pero no olvidemos que, como nos cuenta Popper, ese monstruo que es el «bien común» platónico y su correspondiente concepción aristotélica de la fraternidad nos llevan necesariamente al totalitarismo, las guerras nacionales y la barbarie, del mismo modo que en el Medioevo la fraternidad de la Cristiandad y la Umma sirvieron de banderín de enganche para las Cruzadas y la Yijad.

Conclusión

meshSegún cómo fundemos la fraternidad, así serán la formas que tome la cooperación social: como el resultado de relaciones entre pares o como el producto de la mediación -y por tanto centralización- de instituciones externas.

Para los descendientes de Aristóteles, desde el rey Sol a Lenin, pasando por Hegel y el nacionalismo, la comunidad será un espíritu que no tomará cuerpo sin reyes, partidos dirigentes, estados o superestructuras externas más o menos coactivas y más o menos «participativas».

Para los descendientes del comunitarismo epicúreo y estoico, la comunidad será el espacio natural para la cooperación directa entre pares sin que ningún mediador sea necesario.

Esa dicotomía ha recorrido la Historia de Europa y la encontramos en casi cada cruce de caminos histórico. Hasta en la economía colaborativa de estos últimos años reaparece el dilema entre los servicios centralizados que pretenden representar y agrupar a comunidades abstractas de personas definidas por sus consumos y la lógica distribuida del P2P.

Y es que, desde los orígenes de Europa y el pensamiento Occidental, la fraternidad es un concepto básico con dos lecturas posibles… que marchan por caminos opuestos.

«Los caminos de la fraternidad» recibió 7 desde que se publicó el Martes 3 de Junio de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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