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Los espacios del camino o lo que nos dejaron los romanos

El arte prerrománico asturiano es en realidad arte romano, que en Asturias no había desaparecido, así como la religión romana resistió al cristianismo en la Cornisa Cantábrica hasta muchos siglos después de su imposición como religión oficial.

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Castro asturCuando uno lee sobre historia antigua y medieval en la Península Ibérica encuentra cosas de lo más divertidas. Por ejemplo, los estudios de textos de la época y los restos arqueológicos indican que todas las tribus que habitaban la cornisa cantábrica, desde los galaicos hasta los gascones, eran muy similares, básicamente celtas, con más influencia romana en unos casos que en otros pero sin diferencias muy significativas.

Sin embargo, lugones y pésicos afirmaban no tener nada que ver con astures -no digamos galaicos y vascones- y marcaban las diferencias y las fronteras todo lo que les permitía la tecnología de la época. Eso cambió, sin embargo, con la llegada de las invasiones bárbaras, ante las cuales las tribus se unieron en defensa de una cultura y un territorio comunes. En realidad se unieron en honor a la eficiencia, porque separados eran pocos y los bárbaros eran muy brutos, pero ya que el Reino de Asturias acabaría siendo el embrión de la futura España, queda más bonito lo primero.

CovadongaLa discusión identitaria terminó con el dominio visigodo que, como ya sabemos, tuvo a posteriori muy buena fama por eso de que venían del norte. Pero sustrato tenían poco, y en realidad se aprovecharon de las estructuras y organizaciones romanas para que aquello funcionara medio bien. Cuando el Califato Omeya, militar y culturalmente muy superior, se hizo con el control de la Península, un caudillo de la comarca del Sueve, el famoso Pelayo, consigue vencer a las tropas bereberes de Munuza en Covadonga, dando lugar al mejor story-telling de la historia de España.

Lo que es indudable es que Pelayo se hace muy popular. La llegada de los romanos no gustó, pero al final había que reconocer que la calidad de vida había aumentado mucho desde su llegada. Lo de los visigodos fue un desastre, pero en el norte tampoco habían modificado las cosas demasiado. La llegada de un tercero que iba usted a saber por donde salía, no apetecía a nadie, a pesar de que eran más guapos y sofisticados que los anteriores.

El oso de FavilaAsí, Pelayo fue elegido princeps y comienza lo que se conoce como la monarquía asturiana, que hasta Ordoño I fue electiva, aunque casi siempre era elegido el hijo -o heredero alternativo- del difunto rey, como sucedió en el caso de Favila -hijo de Pelayo-, que duró poco porque un oso de esos tan bonitos que salen en los anuncios del Principado se lo comió mientras echaba la siesta.

Desde entonces se da una época de paz con el sur bereber y guerra interna entre familias, con los pueblos galaicos y vascones ayudando a uno u otro bando según les convenía. Esto termina con el segundo reinado de Alfonso II el Casto (791-842), el gran creador de relatos, a partir del cual no habría más paz con el sur al mismo tiempo que empezaba el verdadero desarrollo cultural y territorial de Asturias.

En estrecha relación con el marketing del Camino y la reconquista peninsular están las obras arquitectónicas que se empezaron a construir más o menos a partir de la llegada del Alfonso II, que sin duda respondían a la nueva importancia de los espacios dentro de la estrategia general de posicionamiento global. Hoy estas obras se denominan arte asturiano o prerrománico asturiano, pero en realidad de prerrománico no tienen nada.

santullanopinturasAl igual que en el caso del arte bizantino, el arte prerrománico asturiano es en realidad arte romano, que en Asturias no había desaparecido, así como la religión romana resistió al cristianismo en la Cornisa Cantábrica hasta muchos siglos después de su imposición como religión oficial. Su definición como continuadora del arte visigodo forma parte del relato, así como su similitud con el arte carolingio. Los cambios más significativos vienen dados más por el cambio de rito que se realizaba en su interior que por la introducción de elementos nuevos.

El mismo arte visigodo también era arte romano, y el apelativo «visigodo» deriva de la tribu que tuvo el poder en el periodo entre la Hispania romana y los reyes castellanos, pero no a un estilo propio de representar las cosas y construir edificios. Cuando el románico llegó de Europa, a través del Camino de Alfonso, se mezcló con lo que ya había -que era romano- y se fue modificando poco a poco.

NarancoLa iglesia de San Julián de los Prados, construida por Alfonso II, es la mejor prueba de la continuidad del arte romano por su similitud con lo encontrado en el yacimiento arqueológico de Veranes.

Pero sin duda el edificio más original y más significativo de esa época es Santa María del Naranco. Aunque se le llama «iglesia» y como tal funcionó posteriormente, el sucesor de Alfonso, Ramiro I, mandó a construir el edificio como una segunda residencia, que por su distribución funcionaba básicamente como sala de fiestas. También nos contaron que la gran sala no era más que un salón del trono, pero el espacio para este no existe. El que conozca el lugar lo verá claro, es el mejor entorno para hacer fiestuquis: la capital ya estaba en Oviedo y la sala principal es perfecta para poner unas mesas con los canapés y que los camareros puedan servir el vino con tranquilidad entre lo más cool del siglo IX.

Naranco desde el interiorEste mismo Ramiro fue el responsable de continuar con la campaña de su predecesor Alfonso II con la leyenda de la batalla de Clavijo, en la que a los soldados de Ramiro se les apareció el Apóstol Santiago a lomos de un caballo blanco para ayudarles en la batalla. Esta victoria puso fin al tributo de las 100 doncellas anuales que los astures tenían que pagar a Córdoba y Ramiro, agradecido, instauró a partir de entonces el voto a Santiago, por el cual una gran cantidad de rentas (un diezmo extra de cosechas y vendimias) irían a parar a la iglesia del Apóstol, así como una parte del botín de cada batalla ganada al reino del sur.

Aparte de generar la desagradable representación de Santiago como matamoros, fue una inteligente manera de enviar fondos hacia lo que debía ser el plato fuerte de la estrategia espacial. El final del Camino de Santiago no podía decepcionar a nadie. Había muchos forasteros que casar con locales, desde Navarra y La Rioja hasta la costa atlántica. No se podía reparar en gastos, y qué mejor que un crowdfunding medieval para que no faltara de nada.

«Los espacios del camino o lo que nos dejaron los romanos» recibió 7 desde que se publicó el Jueves 3 de Julio de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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