LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Los oficios de la comunidad

Aprendiendo de los gremios medievales para detectar cuándo y por qué el cooperativismo moderno empezó a cuajar la crisis de identidad que arrastra desde los ochenta…

Los viejos gremios medievales tenían en su forma más básica, el taller, una doble estructura: la de trabajo y la comunitaria. Si la primera se fundamentaba en la relación tiempo/conocimiento, la segunda, restringida a oficiales y maestros, e incluso tan sólo a estos, expresaba la relación de cuidado comunitario nacida de la fraternidad que sirvió de punto de partida de las cofradías.

Es muy interesante comprobar cómo ese doble eje que distingue entre la comunidad y la empresa, que tan familiar nos resulta desde la mirada de la filé, estaba ya claramente establecido en el taller artesano. Tan claro estaba que permaneción al menos hasta el siglo XVIII y de hecho pasó a la masonería especulativa como podemos descubrir en «Los oficios en logia» de Daniel Beresniak, seguramente el mejor teórico de ese movimiento en el siglo XX. Leído desde una mirada indiana no puede dejar de reflexionarse sobre todo lo que francmasonería ilustrada perdió al abandonar el «trabajo operativo», es decir, la relación directa con la producción.

Pero lo interesante es la permanencia de este doble eje de tareas: Por un lado las derivadas de trabajar juntos, que no se organizan por habilidades específicas (oficios), sino por grados de integración en función del principio de indiferencia, grados que son al tiempo un reflejo del empoderamiento en forma de experiencia/conocimiento ganados en el trabajo en común. Por otro, las derivadas del cuidado de la comunidad, reservadas precisamente a aquellos entre los que aplica el principio de indiferencia y que se centran en facilitar su propio proceso de empoderamiento a los miembros más recientes. Es la diferencia entre ser aprendiz, oficial o maestro por un lado y, dentro de estos, ser por ejemplo vigilante (es decir estar especialmente dedicado a la formación de itienerantes o aprendices) u hospitalario (que ayuda a los miembros en el soporte material a su entorno real).

Y esto es algo que aparecerá después una vez más no sólo en la estilización especulativa masónica, sino en el movimiento cooperativo en Europa, en el primer movimiento laborista-cooperativista británico e incluso en movimientos protosindicales norteamericanos como los Knights of Labour.

Lo que tienen en común los gremios medievales y las cooperativas de la era industrial hasta la segunda guerra mundial, es que eran conscientes de ser al tiempo comunidades reales y empresas y reflejaban esa doble naturaleza en su organización en la misma definición de roles de los maestros.

El cooperativismo de postguerra sin embargo fue perdiendo esta sensibilidad. Y es importante señalar que no fue porque desarrollaran sistemas colectivos de aseguramiento o porque estos sean de alguna manera una superación de aquella responsabilidad personal sobre el cuidado de los demás en la comunidad -a fin de cuentas ya los talleres medievales se agrupaban para formar cofradías- sino porque el periodo 1930-1970 representó en el cooperativismo el momento en el que definitivamente se subsumió en las ideologías universalistas del siglo XX.

Fue la asunción de los grandes imaginarios de la época la que colocó la responsabilidad en instituciones -incluso instituciones cooperativas- que supuestamente representaban a los sujetos de aquellos relatos, minando las bases mismas de la fraternidad y convirtiendo la cooperativa en una fábrica o granja más que enfilaba hacia un lugar en que lo único que le diferenciaría de otra empresa sería la propiedad formal de los activos.

Es decir, asumirse parte de sujetos imaginados colectivos mayores llevó a pensar la fraternidad concreta basada en la responsabilidad personal como una versión pobre en escala, superable y sustituible por instituciones de previsión; lo que a su vez llevó a tomar una estructura exclusivamente empresarial/funcional a la cooperativa e hizo que el desarrollo necesario de las competencias en lo productivo destruyera la base comunitaria que daba sentido a todo.

Cuando hoy la vieja generación kibbutzim o cooperativista nos cuenta que el «gran problema» está en la dificultad para conectar en valores con las jóvenes generaciones de cooperativistas, cabría preguntarles si para esas generaciones la cooperativa fue alguna vez comunidad o si sólo fue empresa. Y sobre todo, cuando nos preguntemos por el futuro en los encuentros sobre democracia económica habría que apuntar más bien que las cooperativas sólo tienen sentido si los que la hacen no sólo son comunidad real, sino que no la supeditan a otros imaginarios.

«Los oficios de la comunidad» recibió 0 desde que se publicó el sábado 1 de enero de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.

Grupo de Cooperativas de las Indias.
Visita el blog de las Indias. Sabemos que últimamente no publicamos demasiado pero seguimos alojando a la red de blogs y a otros blogs e iniciativas de amigos de nuestras cooperativas.