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Los orígenes de la abundancia

¿Existe algo realmente esencial que compartamos todos los humanos y solo nosotros? ¿Son las «identidades» sociales y nacionales un mero producto más de la Historia? Solo si podemos responder a estas preguntas positivamente podremos fundar la lucha por la abundancia en las capacidades y características de nuestra especie.

fiesta en los treinta eeuu

Qué hay de diferente e irreductible en nuestra especie, cual es su «esencia», su «ontología», es una de las preguntas centrales de todo pensamiento filosófico desde la Antigüedad. La Ilustración responderá con la idea de una razón humana universal en la que asentará entre otras cosas la defensa de unos derechos humanos vindicables por cada miembro de la especie.

friedrich paisajeEn respuesta, el Romanticismo negará una ontología única: la nación o la raza determinarían tan profundamente a cada uno de los individuos a través de la Naturaleza y la Historia que aquello que es común a todos los humanos sería insuficiente para construir cualquier conjunto de tendencias, normas o incluso saberes realmente universal. Sus herederos contemporáneos, desde los nacionalismos a las teorías de género y la «identity politics», siguen defendiendo la «especificidad», la irreductibilidad de determinadas «identidades» aunque acepten que esas identidades sean productos sociales que mutan con el tiempo y se expresan culturalmente de una forma cambiante.

marxHerederos de la Ilustración con una vuelta materialista y vocación científica, el marxismo y el evolucionismo, encontrarán la respuesta en la lucha de nuestra especie por la supervivencia. Aquello que nos haría «diferentes de los demás animales», aquello que habría dado lugar al desarrollo de todo lo humano, desde el lenguaje a la inteligencia y la sexualidad y de las habilidades instrumentales y tecnológicas a las estructuras sociales, no habría sido otra cosa que la respuesta evolutiva a un medio cambiante. Por eso, nos dirá el estructuralismo del siglo XX, los patrones de pensamiento de todos los humanos, de todas las razas, en todas las culturas, son en lo fundamental idénticos. Y por eso, dirá el pragmatismo de Dewey y después de Harendt, podemos hablar de una «experiencia humana» como tal. Lo único esencial de la especie humana es ser parte de una misma respuesta al reto de la supervivencia, respuesta que en sí, llevaba ya las potencialidades de todo lo específicamente humano.

Chimpances GodallPero si todo lo esencialmente humano es la consecuencia de esa particular «estrategia evolutiva»: ¿qué es lo realmente diferente de esa estrategia? A Marx le va a llamar la atención un hecho formidable: como el resto de las especies la humana busca, en su relación con la Naturaleza, satisfacer sus necesidades directas de supervivencia -comer, protegerse del calor o el frío, no sentir dolor, etc.; pero a diferencia de ellas, no se queda ahí. Incluso aunque otros animales utilicen herramientas y algunos de ellos puedan transmitir «culturalmente» conocimiento instrumental, estas herramientas siguen teniendo por objetivo cumplir de forma directa tareas concretas: capturar pequeños animales, romper semillas, construir cobijos. Tienen una relación directa con la necesidad.

morris-felicidadNo es así en el caso de la especie humana. El evolucionismo y la Sociobiología han insistido en las últimas décadas en que los incentivos genéticos que impulsan la «evolución cultural» no persiguen tanto la satisfacción directa de la necesidad, sino la mejora de las condiciones en que esas necesidades pueden verse satisfechas. Estos incentivos darían forma a nuestras sensaciones y sentimientos más característicos así como a todo tipo de incentivos sociales espontáneos. Desmond Morris definía por ejemplo «la naturaleza de la felicidad» como «el súbito trance de placer que se siente cuando algo mejora de forma permanente».

neoliticoEs idea de la «mejora permanente» se hace evidente en la Revolución Neolítica. Lo que el paso a la ganadería y la agricultura nos muestra es que la especie humana modifica colectiva y deliberadamente el medio para aumentar las posibilidades de satisfacción de sus necesidades a partir de unos recursos dados, es decir, persigue reducir la escasez. El que la Revolución Neolítica se diera, como hoy sabemos, de forma autónoma en el creciente fértil y en América, demostraría que es consecuencia del desarrollo práctico de las características evolutivas de la especie y no un mero accidente, un suceso feliz, que difundió una determinada forma de relación con la Naturaleza.

estudia y ama la cienciaA partir de la preponderancia de la lucha contra la escasez lo «humano» empieza a cobrar forma y ser comprensible. Esa transformación deliberada del medio, que no se limita en términos sociales a la satisfacción de las necesidades directas, es lo que llamamos «trabajo». Y el trabajo, en tanto que transformación de la Naturaleza, genera conocimiento. Pero conocimiento no es solo información, es una forma de relato estructurado sobre la naturaleza y causas de las cosas, que sirve para… transformar la realidad de manera permanente. Se establece así un ciclo donde la experiencia genera conocimiento y este un nuevo tipo de experiencia en la que lo que significa ser humano evoluciona continuamente. Es más, ese conocimiento de la Naturaleza es también autoconocimiento de la especie y de sus formas de organización, porque cada materialización de un nuevo conocimiento sobre la Naturaleza -eso que llamamos tecnología- limitará o ampliará de manera diferente las posibles formas de organizar y distribuir el trabajo de una sociedad y por tanto la experiencia particular de cada comunidad e individuo en ella, por no hablar de su participación en el producto social.

mani-feminista-chicagoEse, por cierto, sería el origen de las «identidades». No serían en realidad «esenciales» sino resultados parciales, formas de autoconsciencia fruto del sentimiento de ajenidad («alienación») que las sociedades, al hacerse complejas, transmitirían a sus miembros, alimentando imágenes rotas, interpretaciones limitadas de la sociedad que les da sentido irremediablemente mediadas por su posición en relación al trabajo social. Por eso se modificarían continuamente en ese ciclo de experiencia, conocimiento y transformación permanente de la Naturaleza, de la sociedad y del significado de nuestra propia humanidad que, a las finales, es lo que llamamos Historia.

ramat yohanan kibutz fiesta cosechaPero si lo único realmente «esencial» de nuestra especie es la lucha contra la escasez y la narración de su evolución y vicisitudes -la Historia- muestra una tendencia indudable a la evolución, estamos aceptando implícitamente la posibilidad de un «fin de la Historia», o como apuntó el mismo Marx del «verdadero comienzo de la Historia humana». Ese triunfo definitivo y global, la abundancia, sería algo más que un mero negativo, que una imagen invertida de la escasez y todo aquello a lo que la asociamos. Tanto Marx como Keynes, seguramente los dos «abundantistas» más relevantes del pensamiento europeo contemporáneo, la definen como un estado social en el que desaparecería el «trabajo esclavo de la necesidad».

keynesLa abundancia abriría una nueva fase de la evolución de las sociedades humanas no porque las personas, o algunas personas, pudieran consumir más -la abundancia no puede confundirse con la opulencia- sino porque la sociedad dejaría de estar centrada en la organización del trabajo necesario para satisfacer las necesidades humanas. El fundamento de la abundancia no sería tanto un qué ni un cuánto, sino un cómo.

Y sobre eso merece la pena detenerse.

«Los orígenes de la abundancia» recibió 1 desde que se publicó el sábado 3 de diciembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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