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Los tres retos de trabajar en comunidad

Trabajar en comunidad no es distribuir funciones, es cambiar la cultura del trabajo-castigo del asalariado y la cultura del trabajo-angustia del autónomo por la cultura del trabajo-escucha del creador y el trabajo-orgullo del artesano.

  1. cenas anĉovoligo en gijónEl reto principal de una comunidad es, sin duda, aprender a escuchar. Lo primero que llama la atención en una comunidad que funciona es que nunca hay dos personas hablando a la vez en un mismo espacio. No hacen falta moderadores ni repartos de palabra. No podría haberlos en la mesa de trabajo o en las comidas juntos. Cada uno lo tiene por objetivo y cuando habla, sabe cómo dar paso a los demás.

    Generalmente lo más difícil es aprender a interrumpir y a dejarse interrumpir. Es un pequeño arte que puede llevar un tiempo en aprender. Pero una vez que se consigue, lo cierto es que cuaja pronto porque realmente hace que cada uno se sienta mejor. Se trata para el que interrumpe, de escuchar activamente para saber cuándo acabó el otro su argumento y enlazar desde ahí. Para el interrumpido se trata se dar el pase lo más elegantemente posible y entender que si quiere hacer un nuevo argumento, tendrá más impacto si lo hace como un aporte a otra intervención. La conversación entonces pasa a cuidarse como si fuera la jugada de un deporte de equipo, algo que se hace entre todos y donde se disfrutan y valoran los buenos «pases» tanto como se considera feo acaparar el balón o quitarle la pelota a un compañero.

    Y claro, tampoco es el objetivo que todo el peso del juego lo lleven solo unos pocos. Aprender a escuchar también significa preguntar a los demás con sentido, incorporarlos a la conversación con naturalidad. Muchas personas carecen de la suficiente confianza en sus propias fortalezas y capacidades. Devalúan sus propias opiniones y prefieren callar. Preguntarles en medio de la conversación, sobre aspectos en los que sabemos que pueden aportar, les ayudará, con el tiempo a cambiar el sentido de las expectativas que tienen sobre sus propios aportes. Y lo que es más importante, con el tiempo veremos como esta nueva confianza en ellos mismos empezará a trascender otros ámbitos.

  2. desayuno ancovoligoEl segundo gran reto de toda comunidad es desterrar la culpa. No hay persona o equipo infalible. Pero normalmente cuanto más responsable sea un equipo y sus miembros menos sentimientos de culpa tendrán y mostrarán cuando se produzca uno. La causa: la cultura de la culpa es enemiga de la responsabilidad. Así que en las comunidades que funcionan la culpa no es tema. Nadie quiere culpar a nadie ni siente otra cosa que incomodidad si alguien se culpa a si mismo por un error.

    Para poder desarrollarnos en libertad necesitamos confiar en los otros, saber que nadie va a desautorizar a nadie frente a terceros ni hacerle un reproche o soltarte un sarcasmo cuando menos se lo espera para «cobrarse» un fallo anterior. Cada uno sabe que no tiene que excusarse ni exponer atenuantes. Cuando esta cultura está instalada, se consigue que cada cual comparta la mejor información, lo más claramente posible, sin edulcorar ni dramatizar. A partir del ahí, corregir los resultados negativos es una tarea común. Aprender para la próxima, la responsabilidad de cada uno.

    Acabar con la cultura de la culpa hace mucho más fácil a cada uno superar el miedo al fracaso personal. El miedo al fracaso es gran enemigo de todo proyecto colectivo por dos causas: la primera tiende a generar profecías autocumplidas, autosabotajes y zancadillas a uno mismo; la segunda, anula la autonomía personal y es capaz de vaciar de significado el sistema de organización más democrático.

    Y es que llevamos el miedo en nuestro ADN cultural, es un resto de miles de años de organización social autoritaria. El autoritarismo necesita de nuestro miedo, de nuestro miedo a los dioses, de nuestro miedo a la Naturaleza, a la ciencia y sobre todo de nuestro miedo a los demás. El miedo hace más aceptable la dependencia, hace parecer la renuncia a nuestras responsabilidades vitales una liberación. El miedo es el camino del sometimiento, del fatalismo, de la fé ciega en los líderes, lo opuesto a la autonomía personal. El miedo nos lleva a pedirle al fuerte que nos cuide, que nos proteja, a aceptar la desinformación y hacernos irresponsables. El miedo nos retrata como seres desvalidos y comunidades impotentes en un mundo catastrófico necesitado de poderes fuertes. El miedo es el principal enemigo a batir.

  3. AnĉovoligoY por eso el tercer gran reto es saber disfrutar del trabajo honesto y bien hecho como un éxito en si mismo. Los comuneros tenemos mucha suerte: nuestro trabajo expresa nuestros valores y sirve por si mismo para construir la vida que queremos. Esto no se debe solo a que nos provea de dinero. Sentirnos responsables y orgullosos de nuestro trabajo es nuestro éxito principal y tenemos que conservarlo tanto como disfrutarlo.

    Agobiarse es contraproducente, puede desencadenar fácilmente un bloqueo en los resultados. ¿Quién no ha vivido o conocido equipos agobiados que pasan la vida reuniéndose y debatiendo sin tener un minuto libre para poder ejecutar ninguno de los proyectos que llevan en cartera? Lo cierto es que nadie puede garantizar el éxito continuo, igual que nadie puede evitar con seguridad el fracaso. Pero más importante que el éxito o el fracaso -en las ventas, en los resultados o en la rececepción por el público- es asumir que con la angustia perdemos la alegría, el disfrute de vivir y el placer de hacer cosas con sentido… que es lo que nos une como comunidad.

    Por eso debemos aceptar la imperfección. No todo será perfecto al primer intento. En cambio debemos asegurarnos de que nuestro trabajo sea honesto, es decir, que no pretenda ser lo que no es ni solucionar lo que no puede solventar. Si nuestro trabajo es honesto y sentimos que lo hacemos bien, que el resultado es consistente con lo que pretendíamos, cada razón que encontremos para mejorarlo nos llevará a aprender algo nuevo. Y disfrutaremos con cada mejora.

    Por eso tener el coraje de ser imperfectos y la fuerza para hacer un trabajo honesto, permitirá a un equipo volver una y otra vez sobre algo hasta verlo de un modo nuevo y obtener el mejor resultado a su alcance. Sólo desde la aceptación de la imperfección podemos aspirar a vencer la angustia. Seguiremos creyendo que el próximo intento, la próxima propuesta, será mejor. Pero sobre todo, nos sentiremos orgullosos de cada uno de las cosas que construimos para llegar hasta donde estamos y sabremos que no hay mejor razón para la serenidad.

«Los tres retos de trabajar en comunidad» recibió 4 desde que se publicó el miércoles 18 de marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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