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Luces y sombras

Entre sueños recuerdo lo que me contaba sobre los años que pasó en la Ciudad Condal, relaciones, negocios, una casa, una chica; y me pregunto si Barna sería un buen lugar para desaparecer. La última vez que hablamos por teléfono más de 10 segundos y sin que cortara apresuradamente él estaba aquí. Me pregunto si aún en el Barrio Gótico las piedras repiten su nombre.

Continúan las mejores vacaciones que he tenido en años. Tenían razón los que me decían que las improvisadas son las mejores y que los cambios a plan B ya sea por instinto o por necesidad resultan estar
dirigidos por el destino.

En tres días, de los baños termales de Alhama de Aragón (que resultaron ser los que frecuentaba mi abuela Carmen) a Lisboa pasando por Sigüenza, Santa María de la Huerta, Oropesa, Trujillo, Évora, Cascais, Sintra y Cáceres, por autovías sin fin y carreteras secundarias de ensueño llenas de fotos, música, bosques y desiertos.

Hoy me despierto por tercer día en Barcelona, en la nueva casa del viejo amigo que siempre te recibe con los brazos abiertos, la nevera llena y la mejor terraza del mundo. No nos veíamos desde hacía justo un año, cuando subí a Barna para el puente de la Virgen de agosto, como este año. Puede convertirse en una bonita tradición.

LLovió mientras dormía. Al despertar, la terraza está fresca, la tumbona aún mojada, las velas y los restos de la velada nocturna se sacuden aún las gotas y el Sol se pelea con las nubes espesas que llenan todo de una luz espectacular.

Barcelona está tranquila, húmeda y preciosa. El Mediterráneo y yo, encantados de volver a vernos.
Todo es perfecto, todo en calma. Pero igual que las nubes vuelven una y otra vez a tapar el Sol, una idea me nubla también el pensamiento: Ramón, más de un mes ya, sin noticias.

Recuerdo las primeras semanas, cuando empezaba a enfadarme sin razón por el injustificado silencio de alguien a quien quieres que ha estado ahí a tiempo completo hasta que un día deja de llamar, de coger el teléfono y contestar los mensajes, dejando pistas contradictorias, confusas y dispersas, y cosas pendientes.
¿Dónde estás? y sobre todo ¿cómo estás?

Entre sueños recuerdo lo que me contaba sobre los años que pasó en la Ciudad Condal, relaciones, negocios, una casa, una chica; y me pregunto si Barna sería un buen lugar para desaparecer. La última vez que hablamos por teléfono más de 10 segundos y sin que cortara apresuradamente él estaba aquí. Me pregunto si aún en el Barrio Gótico las piedras repiten su nombre.

«Luces y sombras» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 17 de Agosto de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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