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Marx, Keynes, la robotización y la abundancia

La comparación de Marx y Keynes, los dos principales teóricos contemporáneos de la abundancia, descubre las consecuencias y las caras del paso hacia una sociedad de la abundancia. Y lo cerca que puede llegar a quedarnos…

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Las tendencias neo-malthusianas han extendido en España la costumbre de llamar a la sociedad estadounidense de los «años dorados» (1946-1973), «la sociedad de la abundancia». En realidad es una deformación de la caracterización que le diera John Kenneth Galbraith en un libro que fue, en la década que siguió a su publicación, el ensayo sobre Economía más vendido en medio mundo: «The affluent society». Galbraith, que fue ante todo un señor muy culto, tenía muy presente la idea de abundancia, así que el uso del adjetivo «affluent» -«acomodada» o, como se tituló su libro en las ediciones en español, «opulenta»- estaba marcado por una fuerte intención. Galbraith buscaba el contraste entre la naciente «opulencia» de las clases medias soviéticas y norteamerianas y la gran expectativa de los dos economistas cuyas doctrinas se consideraban en el origen de los dos sistemas que entonces dividían el mundo: Marx y Keynes.

keynes por eliot fryEn realidad, tanto Marx como Keynes tenían una idea similar sobre en qué consistiría el despliegue de una sociedad de la abundancia, solo diferían en los medios, en cómo sería el proceso histórico-político que abriría sus puertas. Marx, como es sabido, pensaba que la posibilidad material, tecnológica, de la abundancia, se daría en el marco de un «crescendo» de conflictos sociales que enfrentarían a un proletariado cada vez más masivo, defensor de criterios de necesidad cada vez más genéricos, y una burguesía que utilizaría el estado para generar artificialmente escasez aun a costa de producir exclusión y miseria. Keynes por el contrario, pensaba en un proceso gradual donde cada vez más bienes pasarían a ser abundantes, transformando poco a poco la estructura social entera. En su famoso ensayo «Las posibilidades económicas de nuestros nietos» se atrevía incluso a dar una fecha: 2030.

La abundancia desde la perspectiva de la producción

Robots en cadena de produccionEn lo que estaban de acuerdo Marx y Keynes era en el tipo de transformaciones tecno-económicas que nos llevarían hasta ahí y en sus consecuencias directas. Si Keynes lo desarrolló en un único ensayo, el camino hacia la abundancia cruza toda la obra de Marx, desde la «La Ideología Alemana», publicada en 1845 a la «Crítica del programa de Gotha» de 1875. Entre una y otra, el tema se desarrolla en sus «Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse)», escritos entre 1857-1858 y en su obra más conocida, «El Capital», de 1867.

robot agricola maizAmbos vaticinan un desarrollo de la productividad, es decir de la capacidad de producción por recurso empleado, que se produjo y produce efectivamente. Pero lo que es más interesante Marx pone el acento en lo que hoy llamaríamos «robotización». Imagina el desarrollo de las «máquinas» mucho más allá de lo que era evidente en su época. Piensa en su fusión con sistemas de información automatizados y el cambio que eso significa en la propia definición de máquina y se maravilla ante ese capitalismo por venir que es el nuestro:

Son órganos del cerebro humano creados por la mano humana; fuerza objetivada del conocimiento. El desarrollo del capital revela hasta qué punto el conocimiento social general se ha convertido en fuerza productiva inmediata, y, por lo tanto, hasta qué punto las condiciones del proceso de la vida social misma han entrado bajo los controles del intelecto general y remodeladas conforme al mismo. Hasta qué punto las fuerzas productivas sociales son producidas no sólo en la forma del conocimiento, sino como órganos inmediatos de la práctica social, del proceso vital real.

Pero un cambio tan profundo como el de la última revolución industrial no cambia solo a las máquinas. Al cambiar el sistema productivo cambia con él el papel del trabajo humano y su significado:

La riqueza efectiva se manifiesta más bien -y esto lo revela la gran industria- en la enorme desproporción entre el tiempo de trabajo empleado y su producto, así como en la desproporción cualitativa entre el trabajo, reducido a una pura abstracción, y el poderío del proceso de producción vigilado por aquél. El trabajo ya no aparece recluido en el proceso de producción, sino que más bien el hombre se comporta como supervisor y regulador con respecto al proceso de producción mismo. (Lo dicho sobre la maquinaria [apunta en los márgenes Marx] es válido también para la combinación de las actividades humanas y el desarrollo del comercio humano)

natalia las indias sabado descansoPara Marx la plena incorporación de las tecnologías de la información a la producción, la robotización y lo que hoy pretenciosamente se llama «Inteligencia Artificial», no representan solo un cambio cuantitativo, un aumento prodigioso de lo que puede producirse con una hora de trabajo y unos recursos naturales determinados, sino la posibilidad de un cambio en el concepto mismo de riqueza de una sociedad, esa sociedad que él llama socialista y que imagina como una bisagra entre un capitalismo hiperproductivo pero incapaz de gestionar sus desequilibrios y esa sociedad nueva en la que la escasez será definitivamente vencida y la experiencia humana se redefinirá de un modo completamente nuevo:

El tiempo de trabajo necesario se alineará por una parte con las necesidades del individuo social, mientras que por otro lado asistiremos a un crecimiento tal de las fuerzas productivas que el ocio aumentará para cada uno, mientras la producción será calculada en función de la riqueza de todos. Y por ser la verdadera riqueza, la plena potencia productiva de todos los individuos, el patrón de medida será entonces no el tiempo de trabajo sino el tiempo disponible.

En resumen, [el viejo mundo] cae en el sentido que el tiempo de trabajo inmediato no podrá estar siempre opuesto al tiempo libre. El tiempo libre -que es a la vez ocio y actividad superior- transformará naturalmente a su poseedor en un sujeto diferente, y en tanto que sujeto nuevo entrará en el proceso de la producción inmediata.

trabajando-invernadero-bruderhofResumiendo, la transición a una sociedad de la abundancia vendrá precedida de una forma particular de desarrollo tecnológico, básicamente la que estamos viviendo, que planteará una desproporción brutal entre el trabajo necesario para la producción y la riqueza producida, obligando a un «tiempo libre» que no es tal, pues es forzoso, a cada vez más personas y planteando la urgencia de una sociedad de transición en la que el objetivo sea precisamente maximizar ese tiempo libre bajo otras condiciones, unas condiciones bajo la que la satisfacción de las necesidades humanas directas pueda darse por garantizada para todos… a través de una sucesión de reducciones de la jornada de trabajo.

Pero ¿Cómo puede una sociedad dar por garantizados las medios para satisfacer las necesidades directas de cada uno y gestionar el trabajo social sin crear un aparato estatal carísimo, gigantesco e inevitablemente totalitario?

la ciencia construye el futuroTanto Marx como Keynes están pensando la abundancia como un estado donde el coste de producir una unidad más de cualquier producto es, a efectos prácticos, cero. Eso es lo que significa abundancia desde el punto de vista de la producción. Y ese coste marginal nulo o casi nulo hace que el precio de mercado de ese bien tienda a cero aunque el coste total esté lejos de desaparecer. Cuando pasa algo así, y lo hemos visto en los bienes digitales que se distribuyen a través de redes distribuidas como el software libre, los diseños de tantos objetos copyleft, los libros o la música libre, el bien en cuestión deja de ser mercancía, se desmercantiliza y por tanto deja de existir el mercado. En su lugar aparecen mecanismos de cooperación social «puros», como, ya ante nuestros ojos, ese gran «comunal digital de conocimiento» que hace posible la producción p2p.

Es decir, ese «estado de transición» en el que piensa Marx y que en la teoría marxista «se extingue» poco a poco por innecesario; y esa democracia intervencionista en la que cree fervorosamente Keynes, en lo fundamental no tienen que preocuparse por organizar la producción, del mismo modo que no hace falta ningún estado para asegurar que siga desarrollándose el software libre o la música libre. Tiene en cambio una tarea fundamental: distribuir el trabajo en una época en la que el significado de la experiencia humana va a sufrir una crisis inevitable.

La abundancia desde la perspectiva del consumo

futurismoPorque la gran crisis de la transición será una crisis existencial, el tremendo vacío de enfrentarnos a la vida sin que el «trabajo forzado por la necesidad» marque cada hora de nuestros días. Porque esa transición en realidad no consiste en otra cosa que en:

El desarrollo libre de las individualidades, y […] la reducción del trabajo necesario de la sociedad a un mínimo, al cual corresponde entonces la formación artística, científica, etc., de los individuos gracias al tiempo que se ha vuelto libre y a los medios creados para todos.

Pero si Marx es optimista, Keynes se da cuenta de que hay algo más, un mundo en el que trabajo colectivo pasará a ser poco menos que una necesidad terapeútica:

Por primera vez desde su creación, los humanos tendrán que enfrentarse a su problema real y permanente: cómo usar su libertad recién alcanzada frente a las preocupaciones económicas y ocupar el ocio que la ciencia y el interés compuesto habrán ganado para ellos, para vivir sabiamente, de forma agradable y buena.

Debemos empeñarnos en «cortar finitas las lonchas de pan para el bocadillo de ibérico» [«spread the bread thin on the butter» en el original] para que el trabajo impuesto por la escasez que todavía haya que hacer sea compartido por el mayor número de personas posible. Jornadas de tres horas en una semana laborable de quince quitarían de en medio el problema por una temporada. ¡Tres horas al día serían suficientes para dejar satisfecho al viejo Adán que hay en la mayoría de nosotros!

oficinaEl fondo es que una sociedad en la que no hay que batallar colectivamente contra la escasez todo el tiempo, solo puede ser una sociedad centrada en el desarrollo del conocimiento por el conocimiento. Ese amor por el conocimiento sería el motor de la «buena vida» que Keynes nos invitaba a abrazar ya hoy sin olvidar las todavía inevitables «actividades económicamente finalistas» para no caer después en una crisis vital.

Marx, como siempre, va aun más lejos y nos describe el «desarrollo multifacético de los individuos» cuya extensión a todos y cada uno sería el verdadero signo de una sociedad de la abundancia. Abundancia que por cierto, siguiendo a Cabet, llamaba «comunismo»:

La división del trabajo nos brinda ya el primer ejemplo de cómo, mientras los hombres viven en una sociedad primitiva, mientras se da una separación entre el interés particular y el interés común, mientras las actividades no aparecen divididas voluntariamente, sino por modo natural, los actos propios del hombre se erigen ante él en un poder ajeno y hostil, que lo sojuzga, en vez de ser él quien los domine. En efecto, a partir del momento en que comienza a dividirse el trabajo, cada cual se mueve en un determinado círculo exclusivo de actividades, que le es impuesto y del que no puede salirse; el hombre es cazador, pescador, pastor o crítico, y no tiene más remedio que seguir siéndolo, sino quiere verse privado de los medios de vida;

En abundancia en cambio,

cada individuo no tiene acotado un círculo exclusivo de actividades, sino que puede desarrollar sus aptitudes en la rama que mejor le parezca, la sociedad se encarga de regular la producción general, con lo que hace cabalmente posible que yo pueda dedicarme hoy a esto y mañana a aquello, que pueda por la mañana cazar, por la tarde pescar y por la noche apacentar el ganado, y después de comer, si me place, dedicarme a criticar, sin necesidad de ser exclusivamente cazador, pescador, pastor o crítico, según los casos.

Habrá desaparecido la avasalladora sujeción de los individuos a la división del trabajo, y con ella también la oposición entre el trabajo intelectual y el trabajo manual, el trabajo no será sólo medio de vida, sino incluso se habrá convertido en la primera necesidad vital, y con el desarrollo multifacético de los individuos habrán crecido también sus capacidades productivas y todos los manantiales de la riqueza colectiva fluirán con plenitud.

Producción - ConsumoEs llamativo que ninguno de los dos piense en la aparición de un consumo desenfrenado y compulsivo en ningún momento. A ninguno de los dos les era ajena la preocupación por el subconsumo que bajo la forma de pobreza y miseria acompañaron primero al primer desarrollo industrial y luego a las sucesivas crisis económicas. Ambos refutaron de formas convincentes y originales a Malthus, el primer padre del «decrecimiento». Ambos, desde muy pronto en sus carreras, criticaron y se burlaron del «consumo conspicuo» con el que las clases altas llenaban sus angustias existenciales y que ambos vieron como un reverso de las adicciones y el alcoholismo que descomponían la vida trabajadora. Y sin embargo, no se les ocurrió siquiera que la experiencia humana de la abundancia estuviera marcada por el «consumismo».

krasnaya_Zvezda bogdanov estrella rojaEste miedo ni siquiera aparece en las visiones críticas de los escritores que dibujarán, en distintas épocas, sociedades de abundancia en la ciencia ficción. Desde «Estrella Roja» de Bogdanov (1918) a «Viaje desde el ayer» (1982) de Hogan el «consumismo» es un problema inexistente. Incluso en la celebrada «Los desposeidos» de Ursula K. LeGuin (1974), que confronta una sociedad que vive marcada por la escasez pero se organiza con instituciones propias de abundancia con un trasunto de la sociedad americana de los setenta, el consumismo aparece solo como una excrecencia cultural propia de la neurosis que atraviesa a una sociedad belicista y fracturada socialmente. Es ajena a los personajes lunares cuyos móviles tienen que ver con la libertad intelectual y la crítica del carácter inherentemente conservador de los sistemas consensuales.

comunidades eeuuLa pregunta obvia es por qué. Por qué los «abundantistas» nunca se sintieron concernidos por un consumismo que sin embargo atraviesa los miedos morales del progresismo de todas las épocas. Podríamos hacer una historia crítica del anticonsumismo, pero en realidad ni siquiera hace falta. Tanto Keynes como Marx como todo el abundantismo desde los primeros icarianos, entendieron este tipo de comportamientos como producto de una ética inducida por la lógica de un sistema económico, el capitalismo, para el que la idea misma de acumulación era funcional. La idea cruza todo el pensamiento social y alcanza quizá su fruto más reconocido en «La ética protestante y el espíritu del capitalismo» de Weber (1904). Menos conocida fuera de los amantes de la Economía es la sarcástica «Teoría de la clase ociosa» de Veblen (1924), que diseccionará en lenguaje técnico el consumo guiado no por la necesidad sino por la angustia y el ansia de reconocimiento de las clases dirigentes norteamericanas. Es imposible leer a Veblen y no entender el «consumo conspicuo» como una deformación moral producto de un sistema social monstruoso y absurdo. No sabemos si Keynes tenía presente este libro cuando escribió solo seis años después su previsión sobre el cambio de moralidad y el vitalismo que acompañaría al despliegue de la abundancia en la sociedad, lo que es cierto es que no veía a los componentes de la clase financiera británica con más misericordia que Veblen:

Cuando la acumulación de riqueza ya no tenga gran importancia social, vendrán grandes cambios en los códigos morales. Debemos ser capaces de liberarnos de muchos de los principios pseudo-morales que nos han asfixiado durante doscientos años exaltando algunas de las cualidades humanas más desagradables hasta la posición de altas virtudes. Deberemos ser capaces de atrevernos a dar al lucro su verdadero valor. El amor al dinero como una posesión -distinta del amor al dinero como medio para el disfrute de los placeres y materialidades de la vida- será reconocido como lo que es: una desagradable morbidez, una de esas tendencias casi criminales, casi patológicas que uno confiesa con un escalofrío a los especialistas en enfermedades mentales. Deberemos liberarnos y al final descartar toda clase de costumbres y prácticas económicas que afectan a los premios y los castigos sociales en la distribución de la riqueza y que ahora mantenemos a toda costa simplemente porque son tremendamente útiles para promover la acumulación del capital, aunque en sí mismas nos parezcan desagradables e injustas.

La abundancia desde la perspectiva del último en llegar

yonahan simon kibutzTanto Marx como Keynes eran dos decididos anti-nacionalistas. De Marx baste recordar su eslogan en el Manifiesto de 1848: «los trabajadores no tienen patria», una frase que los traductores chinos y soviéticos intentaron acotar con traducciones realmente imaginativas, cuando no añadidos de su propia cosecha, de las líneas siguientes, pero que a las finales, revela exactamente el sentimiento que frente al nacionalismo albergó toda su vida. Para Marx el nacionalismo no era sino la expresión de una burguesía que intentaba crear un mercado nacional. Cuando eso significaba luchar contra regímenes feudales para implantar el capitalismo, lo apoyaba por progresista, cuando era una mera herramienta de la lucha entre potencias o amenazaba romper el mercado global, lo tachaba de reaccionario. A Marx se le puede acusar de muchas cosas pero difícilmente de ser incoherente por interés personal o político. Y como todo antinacionalista verdadero golpeó a «su» nacionalismo con el doble de saña. En primer lugar al alemán pero, seguramente con mayor crueldad, a la «Haskalah», la entonces naciente identidad laica judía de la que surgirían después los partidos socialistas judíos centroeuropeos.

keynesKeynes, un «liberal intervencionista» como le llamó un colega, escandalizó a la clase dirigente británica que pasó a encasillarle en «la izquierda», con su ensayo «Las consecuencias económicas de la paz» (1919). Un análisis de las negociaciones de Versalles, en las que participó representando al Tesoro británico. Keynes argüía en su libro que centrar el tratado en la seguridad de las fronteras y el reconocimiento estatal de las «nacionalidades» europeas sin renunciar a las reparaciones de guerra, crear un programa internacional de créditos y asegurar la recuperación económica de Alemania y sus aliados, tendría a la larga consecuencias desastrosas. El ascenso de Hitler corroboró para la izquierda y el laborismo la idea del economista, mientras que desde los conservadores se acusaba al libro de haber dado argumento ideológico a la politica de «apaciguamiento» que permitió al dirigente alemán invadir Chequia y anexionarse Austria sin enfrentar oposición de las potencias democráticas, llevando Europa a una guerra que, según ellos, podría haberse evitado de haber mostrado Gran Bretaña mayor firmeza.

keynes-breton-woodsEn cualquier caso, al final de la Segunda Guerra Mundial el consenso sobre las lecciones de Versalles era casi total. Keynes había ganado. Por eso se le requirió para crear el nuevo sistema financiero global que se refrendaría en Breton-Woods. El plan de Keynes nunca fue aprobado y el propio Keynes se desmarcó de la alternativa impuesta por los norteamericanos: el FMI. Sin embargo, el prestigio de Keynes era tan abrumador que a las generaciones siguientes se les educó en la idea de que el sistema financiero surgido en 1944 era producto del genio de Cambridge. Solo unos pocos ideólogos conservadores, como el historiador Paul Johnson (véase «Tiempos Modernos» publicado en 1984) y sobre todo Milton Friedman, mantendrán la espada en alto hasta lograr que la figura de Keynes pasara de ser unánimemente considerada el inspirador de la prosperidad capitalista a ser retratado como un «antisistema» opuesto al propio Friedman y, más recientemente, a su vecino en Cambridge, Friedridh Hayek. Porque si en 1958, como hemos visto con Galbraith, la oposición entre capitalismo y socialismo se simbolizaba entre Keynes y Marx, el activismo reaganiano, reconvertido después en partidismo en la web, ha transformado la oposición de sistemas en Hayek vs Keynes, con Keynes representando lo opuesto a lo que solía representar. El mundo parece haber olvidado que todavía en 1973 Nixon pronunció el famoso «ahora todos somos keynesianos», pero los ultraconservadores no han perdonado el dudoso nacionalismo y la liberalidad de Keynes en el tablero internacional.

vera sazulichEl desapego identitario de Keynes y el antinacionalismo de Marx están profundamente permeados por su visión de la transición hacia una sociedad de la abundancia. Tanto uno como otro la veían como un proceso global donde, en el peor de los casos, la sincronización tomaría todo lo más, un par de décadas. Eso se desprende al menos de la correspondencia de Marx con una joven populista rusa, Vera Zassoulich, a partir de 1881. Fue una correspondencia discreta y escueta, pero trascendente. Zassoulich (como escribía ella, o Zasulich, según la transliteración inglesa) acabó convirtiéndose en una de las principales teóricas del marxismo en Rusia hasta la revolución de 1917. Marx incorporó las tierras comunales a sus análisis sobre la transición sistémica. El tema puede parecer menor y de hecho se lo pareció a muchos teóricos y activistas de la época, pero sin embargo tendría mucho más recorrido del que entonces podía parecer. Marx aceptó la idea de Zassoulich y otros populistas rusos según la cual las tierras comunales -en lo fundamental desmercantilizadas pero misérrimas- podrían dar el salto directo hacia una sociedad desmercantilizada a fuer de abundante «sin pasar por el capitalismo» en un marco donde el capitalismo ruso no llegaba nunca a ser lo suficientemente potentente como para privatizar el campo, pero las economías industriales europeas llegaban a la posibilidad de la abundancia y sufrían una revolución. Marx imaginaba entonces una rápida expansión de los nuevos modos productivos y las tecnologías que los hubieran hecho posibles que hiciera la abundancia asequible incluso para la lejana y atrasada Rusia. Esa idea será sostenida después por Rosa Luxemburgo en el «Panfleto Junius» (1915) y por Bujarin en «El imperialismo y la economía mundial» (1916) sirviéndoles de argumento contra el apoyo a los movimientos de liberación nacional incluso en aquellos lugares, como Asia o Africa, donde el mercado capitalista todavía no estaba consolidado. En el auge revolucionario que siguió a la Primera Guerra Mundial la revolución en los países centrales y la rápida reorganización de la sociedad y el aparato industrial hacia una sociedad de abundancia parecían inminentes. Se creía que tal transición en Alemania, Francia e Inglaterra generaría recursos suficientes como para absorber y revertir en corto tiempo el atraso ruso y del Este europeo y con el tiempo, del mundo colonial. Cuando después de 1921 se hizo evidente que la oleada revolucionaria había fracasado, la posición de la mayoría de los marxistas europeos fue entender el gobierno soviético que resistía a la guerra civil en Rusia como una isla que a largo plazo sería inviable. Tan acendrada estaba esta posición que la declaración en 1928 del «socialismo en un solo país» por Stalin fue vista por algunos de los fundadores de la Internacional Comunista (incluso los más «leninistas» como Trotski en Rusia o Bordiga en Italia) como una baladronada o una locura anarquizante. Socialismo todavía quería decir, para los formados en las teorías de Marx, transición rápida hacia una economía de la abundancia. Pero si temían una «abundancia pobre» como la que se podía argüir a partir de algunos textos de Kropotkin, la realidad aun debía sorprenderles. Lo que vino no fue un socialismo a lo Malatesta ni una sociedad como la de «Los desposeidos» de LeGuin. El «socialismo en un solo país» de Stalin no conoció una reducción constante de las jornadas de trabajo ni una progresiva desmercantilización de la sociedad. Por no hablar de las libertades individuales y comunitarias que la generación de la revolución había soñado. La URSS a duras penas alcanzó las capacidades productivas de un mercado capitalista maduro no demasiado desarrollado y fue el primer totalitarismo basado en un capitalismo de estado continental. El salto a la abundancia, al «reino de la libertad» opuesto al de la necesidad, no resultaba viable para una economía que partía de tamaño atraso y menos por esos medios.

refugiados_recorriendo_europaEn 1930, cuando Keynes escribe «Las posibilidades económicas de nuestros nietos», su análisis no se mueve en parámetros demasiado diferentes de los del globalismo marxista. Piensa, y en esa lógica hará años después su propuesta para un sistema financiero internacional, que el marco institucional puede armonizar con cierto éxito el desarrollo de la productividad en los distintos países si los mercados se vuelven a abrir lo suficiente para dar fluidez a las transferencias tecnológicas y al capital productivo. En su cuadro, las potencias europeas y americanas llegan poco a poco a la abundancia… pero en un marco de «convergencia» global de la productividad impulsado por el desarrollo tecnológico. Ni siquiera discute la posibilidad de la «abundancia en un solo país». En su cabeza abundancia es abundancia, coste marginal cero, posibilidad de fabricar y distribuir cualquier nueva unidad a un coste cero o tan cercano a cero que resulta insignificante.

El gran beneficiario de la abundancia es el último en llegar.

«Marx, Keynes, la robotización y la abundancia» recibió 10 desde que se publicó el domingo 4 de diciembre de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Me ha gustado mucho este artículo sobre la abundancia. McDonalds anda amenazando con automatizar todos sus restaurantes como respuesta al aumento de salario mínimo aquí en USA. Será interesante ver cómo se desarrolla este periodo de transición. ¿Se verán los trabajadores obligados a tomar los medios de producción? ¿O será una transición pacífica? ¿Desde arriba?

    Otras dos cosas David. La foto de perfil no es mía. Supongo que WP(?) la toma de internet, o Gravatar, pero ese no soy yo. Es otro Olaf DOminguez… De hecho, esto causa un problema, porque este tipo da para modelo, y como que ahora no da ganas de subir una fotografía…

    ¿Están usando Buddypress? Si es así, ¿cómo resuelven el problema de la verificación por correo electrónico? Estoy teniendo problema con un sitio en el que lo instalé, y una vez uno se registra, el correo nunca llega… ¿Será que son correos @yahoo.com?

    Gracias.

    • Gracias!!
      Creo que va a haber de todo: conflicto y evolución. Siempre son así los cambios sociales de fondo. Ahora, cambio de verdad, de la base económica de la sociedad no puede haber si en paralelo no aparece un tejido productivo autónomo con nuevas reglas y comprometido con el desarrollo del nuevo comunal, que es el que en un momento puede y debe empezar a producir cosas a precio cero para su entorno directo (de hecho ya lo hace y no son cosas menores, piensa en el software libre). La «revolución», consistirá en derogar las leyes que, dictadas por las macroempresas y el capital sobreescalado, limitan y ese desarrollo económico comunitario (propiedad intelectual, rentas para las macrocorporaciones, etc.). Mi esperanza es que el cooperativismo de trabajo, especialmente el ligado a los sectores de mayor productividad (tecnología, servicios virtuales, etc.) protagonice ese movimiento que es al tiempo económico (productivo) y social (de desarrollo comunitario).

      Cambiando de tema: te cambié la foto a la de otro Olaf, un poco menos espectacular, que encontré con DuckDuckGo. Estamos usando un plugin para BP que se llama «BP Registration Options» y por cierto, sí, vetamos las direcciones yahoo.com y con eso redujimos muchísimo el número de usuarios spam que algún (o algunos) robot crea cada día.

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  1. […] La resistencia a esta ola que de momento parece tan robusta, dependerá sobre todo de la capacidad para elaborar desde el progresismo un discurso postlaborista que partiendo de la centralidad del trabajo sea capaz de recuperar un verdadero sentido emancipador, un verdadero horizonte no solo para los trabajadores sin…. […]

  2. […] libre y en general el comunal digital representan algo completamente nuevo, pero no por ello menos esperado, en la Historia de nuestra especie. Algo que, además, no queda recluido en sus aplicaciones […]

  3. […] Pero al final ¿La crisis era solo una cuestión de política monetaria y fiscal? No, claro que no, hay elementos de fondo que van mucho más allá y que apuntan la necesidad de una política laboral e industrial de nuevo cuño alrededor de la reducción de la jornada de trabajo. Pero la TMM nos da una nueva mirada sobre la política monetaria (y fiscal) que deberían acompañar una transición «suave» hacia un nuevo modelo económico capaz de retomar el camino hacia la abundancia que el desarrollo tecnológico y la robotización hacen posible, como ya …. […]

  4. […] acabara creando maquetas sociales que hicieran un retrato de la sociedad de la abundancia que los teóricos de un lado y otro del espectro progresista […]

  5. […] El trabajo en una sociedad así cambia de naturaleza: pasa a ser fundamentalmente intelectual, colectivo y humanizador porque son las máquinas, los robots, los que llevan a cabo fisicamente la mayor parte de la producción. […]

  6. […] Lenin entiende el cooperativismo como un proceso educativo, como la base material de un cambio cultural. Por un lado el cambio cultural en el campesinado que va a hacer posible una relación medianamente armoniosa entre trabajadores y pequeños propietarios agrícolas en el marco del capitalismo de estado que están creando. Pero por otro, seguramente más importante en una mirada global, el cambio que permite el paso de los trabajadores de movimiento político que llega a tomar el estado, a verdadero poder social capaz de cabalgar el capitalismo y domeñarlo por sí mismo, directamente, para conducirlo hacia la abundancia a través de un desarrollo tecnológico acelerado. […]

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