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Mata Hari en Montevideo

Ayer me contaba Bianka que estaba leyendo sobre el músico y escritor Felisberto Hernández y nos reíamos al descubrir que una de sus cuatro o seis esposas (discrepan autores) fue una espía soviética nacida en Ceuta de la que se divorció sin nunca descubrir que le había seducido siguiendo órdenes del Partido. Al parecer, el plan de la espía era instalarse en Montevideo para montar una red de espionaje por toda América. Siempre dijimos que el Uruguay es perfecto como país-base. Los rusos ya entonces se dieron cuenta.

Felisberto fue elegido por la espía, África de las Heras -alias Patria-, por ser un gran defensor del individualismo. Nadie podría imaginar que una comunista estuviera casada con el enemigo. En la capital oriental, era una modista de alta costura que escondía un equipo de transmisión en la Singer y una antena entre las sogas de colgar la ropa, según cuenta Alicia Dujovne en su libro La muñeca rusa. Poco antes había protagonizado uno de los intentos para asesinar a Trotsky en México.

Sobrina de un militar caído y educada en un colegio de monjas madrileño, África lucha junto a los mineros asturianos en 1934, antes de viajar a Barcelona, donde fue fichada por los asesinos de Andreu Nin y reclutada por Caridad Mercader. Su primera misión sería infiltrarse en casa de Trotsky.

Por lo visto, África se hizo amiga del todo Montevideo de la época, que no sólo la adoraba sino que además la compadecía por estar casada con un excéntrico como Felisberto. Era dulce, generosa, le encantaban los niños y nunca hablaba de política, «no me interesa», decía siempre. Después de dos años ya no necesitó más al pobre Felisberto y se divorció, casándose después con un espía italiano que casualmente murió, el mismo año que Felisberto (1964), en extrañas circunstancias.

África en cambio vivió mucho tiempo más (hasta 1988) , recibió dos Estrellas Rojas, fue condecorada con la Orden de la Guerra Patria de II Grado, con la Medalla Guerrillero de la Guerra Patria de I Grado y dos veces con la Medalla Por la Valentía. Aunque no vivió lo suficiente para ver la caída del Muro, que le quitó el sentido de un plumazo a su brillante carrera como instructora de espías en Moscú, en medio de la nieve sucia, añorando con patriótica resignación el Sol del Río de la Plata.

«Mata Hari en Montevideo» recibió 0 desde que se publicó el Martes 12 de Abril de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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