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Memorias de un europeo epicúreo

En su exilio, Stefan Zweig descubrió que su compromiso con la idea europea de progreso estaba en realidad basado en estadísticas: Niveles de confort, productividad, bienestar… y que esos valores no valen nada si pueden co-existir con el mal y la barbarie.

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Stefan ZweigAdemás de la llegada de la Navidad, el verano o el festival de Eurovisión, también espero con ansia la próxima película de Wes Anderson, con ese punto justo de dulzura, elegancia, sentido del humor y frikismo que tanto me gusta. Su estreno de este año, The Grand Budapest Hotel, viene con extras, pues intenta recrear la atmósfera de la obra de Stefan Zweig, y uno de sus personajes, el interpretado por Jude Law de joven y por Tom Wilkinson de mayor, está inspirado directamente en el escritor.

Aunque después de su muerte cayera incomprensiblemente en el olvido, Stefan Zweig fue un escritor muy famoso en su época, con montones de fans enloquecidos a su alrededor. Teniendo en cuenta que vivía en Salzburgo, el enloquecimiento tiene más mérito aún. Tradujo a Verlaine, Baudelaire y Verhaeren, escribió poesía, relatos, novelas, obras de teatro, ensayos políticos y una serie de biografías noveladas que se convirtieron en clásicos del género.

Y es que Zweig vivió una época muy hermosa y tuvo una vida muy interesante. Lo que no sabía, era que estaba viviendo los últimos estertores de esa maravilla que era la Europa de cambio de siglo, en la que todo aquello que valoraba se convertiría en un problema: la diversidad de lenguas, religiones, ideas y formas de vivir la convertían, según Zweig, en un paraíso terrenal de fraternidad, progreso y empatía. Cuando todo se descompuso y el paraíso empezó a caerse a pedazos, llegó un momento en el que no pudo soportarlo.

Stefan Zweig y Joseph RothEmpezó teniendo mucha suerte, pues al proceder de una familia muy acomodada, pudo dedicar su vida a estudiar y leer primero y a escribir y viajar después. Fue amigo de Thomas Mann, Sigmund Freud, Max Reinhardt, Romain Rolland, Albert Einstein, Máximo Gorki, Rainer Maria Rilke, Auguste Rodin, Arturo Toscanini o Joseph Roth. El editor de su obra ensayística fue nada menos que Theodor Herzl, aunque parece que ahí no hubo feeling pues a Zweig, a pesar de ser judío, no le interesaba el sionismo. La Tierra Prometida era Europa.

A pesar de su éxito, se encontró con problemas recurrentes para publicar en Alemania a partir del ascenso de Hitler. Cuando escribió el libreto para la ópera Die schweigsame Frau, las autoridades le pidieron a Richard Strauss, que era el compositor, que retirara el nombre de Zweig. Strauss se negó, así que Hitler no acudió al estreno y la obra fue prohibida poco después, fin del asunto. Eso fue un detalle menor para Zweig, el problema era que todo lo hermoso de Europa y no solo su obra, estaba siendo prohibido.

VienaSu biógrafo, George Prochnik, nos cuenta en El exilio imposible: Stefan Zweig en el Fin del Mundo, que el centro de la obra de Zweig (fuera ficción o no ficción) estuvo siempre en mostrar «la naturaleza caleidoscópica de la humanidad», en transmitir que «todas las formas de ser (humano) son igualmente merecedoras de atención».

Su nota de suicidio, «El mundo de mi propio lenguaje se hundió y se me perdió y mi hogar espiritual, Europa, se destruyó a sí misma», y lo mucho que le afectó el Anschluss podría catalogarle como un nacionalista acérrimo, pero no es el caso. Lo que Zweig no pudo suportar fue el cambio espiritual de su época, la caída en desgracia de Europa como cuna de la cultura universal, el progreso tecnológico y la unión de los pueblos. La cara de Zweig hubiera sido sin duda más apropiada que las 12 estrellas que adornan la bandera de la Unión Europea.

Viena en la época naziSus viajes, su conocimiento de lenguas y sus amigos le hicieron desde el principio amante de la libertad personal, la tolerancia y sobre todo de la diversidad. Su entorno geográfico, el del Imperio Austrohúngaro -Viena, Salzburgo, Praga…- eran antes de la primera guerra mundial, lugares de mezcla de culturas, opiniones, tradiciones y religiones, donde todo el mundo respetaba esa diversidad y la disfrutaba. Zweig pensaba además que incluso la existencia de opiniones extremas era estimulante y enriquecedora, mientras se mantuviera el respeto por la verdad (y la vida) del otro.

Con la Primera Guerra Mundial se quedó bastante tocado, pero siguió siendo optimista. Con la Segunda, la desilusión pudo con él. Cuenta Prochnik que en 1908 Zweig describe el avistamiento de un zépelin volando sobre Viena, cruzando fronteras nacionales como si nada, como símbolo de la fraternidad humana que estaba por venir. Después de la guerra, el descubrimiento del lado oscuro de la tecnología, la herramienta para la consecución del progreso fraternal, le dejó completamente destrozado.

Stefan ZweigEs curioso también que después de exiliarse en Brasil, en el prólogo de su libro Brazil: Land of the Future, reconoce abiertamente que llegó allí cargado de prejuicios y que estaba equivocado. Pero sobre todo se da cuenta de que su compromiso con la idea europea de progreso estaba en realidad basado en estadísticas: Niveles de confort, productividad, bienestar… y que esos valores no valen nada si pueden co-existir con el mal y la barbarie. Acaba concluyendo que Brasil está mucho más cerca del tipo de sociedad pacífica, tolerante y humanista que pensó llegaría a ser Europa y que en los años 30 fue «grotescamente traicionada».

Supongo que podría decirse que Zweig padeció en su juventud una especie de trastorno de ilusión extrema, que se dio la vuelta cuando su mundo no tomaba el rumbo que se le suponía. Cuando los grandes hombres se suicidan, es inevitable intentar buscarle una explicación. También es inevitable imaginar cuánto le hubiera gustado ver el nacimiento de la Unión Europea y el (a medio camino) de la globalización. Creo que lo hubiera disfrutado y también criticado. Esperemos que su fantasma no se vuelva a suicidar ante la involución que de nuevo se nos puede venir encima.

«Memorias de un europeo epicúreo» recibió 13 desde que se publicó el Viernes 9 de Mayo de 2014 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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