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Mientras Madrid duerma

Llega el revival de los 80. Un punto de tristeza: Madrid ya no es el centro permeable, la puerta de Europa y América en España. De la movida al inmovilismo, sólo la inmigración comienza a cambiar un poco las cosas… aunque ya no irradia tendencias y aires nuevos al resto del país. ¿Por qué Madrid es una plaza tan inmune al cambio? ¿Por qué hasta su alcalde descubre con sorpresa y demasiado tarde que su partido se radicaliza y le condena a la soledad? El análisis de la red social de la clase media madrileña puede darnos algunas pistas de por qué la capital parece a veces tan distinta del resto del país.

Hoy los ochenta son vistos, con razón, como los años prodigiosos: cambio social, cultural, despegue económico… Los años de la integración en Europa y el diseño. Pero para Madrid no fueron sólo los años gloriosos del pop, los Spectrums y Ouka Lele. También fue el el tiempo del chalet adosado y la ley Boyer, pistoletazo de salida de la especulación. El comienzo del éxodo de los jóvenes y las clases medias al extrarradio.

La clase media madrileña, protagonista de la movida y el cambio cultural comenzó entonces su aislamiento. Al principio como un sueño glamouroso representado los domingos por aquel inefable “País Estilo” y materializado en la pasarela Cibeles permanente de la calle Almirante. Tres Cantos, con su parque tecnológico, representaba la modernidad del exilio más allá de la M30.

Una cotidianidad atomizada

Para el nuevo ciudadano del extrarradio madrileño la vida se convirtió y sigue siendo un paseo continuo entre los dos extremos de un segmento marcado por sendas plazas de garage: el de la oficina y el del adosado. Las consecuencias del consiguiente cambio en la estructura de la información están en la base de muchas cosas sorprendentes del Madrid de hoy.

En primer lugar el tiempo y el espacio social se redimensionan. La plaza, el bar, los puntos y oportunidades de promiscuidad social, de contacto y formación de redes, se reducen a la oficina y la comida familiar del fin de semana. La radio en el coche se convierte casi en el único puente de entrada de información social. Información al fin sobre el espectáculo, sobre toda esa vida colectiva que para él, ya, separada del diálogo en red, sólo existe como representación, sin casi relación con su cotidianidad. Porque la esencia del “descontento” es que la cotidianidad y lo colectivo, el yo y el mundo, pasan a ser percibidos como planos mútuamente ajenos. Nuestros actos no conforman el mundo, no trascienden colectivamente y la Historia colectiva (desde la caída del muro a la Guerra de Iraq) pasa a no significar gran cosa en la vida diaria, siendo sólo abordable como un problema ético abstracto. Para el ciudadano extrarradial hacer algo en relación con esa esfera, lo político, es tan absurdo como sospechoso. Y en realidad lleva razón pues, desprovista casi de red social su palabra tiene corto vuelo, su frustración ante lo oído a través de la radio matutina, largo alcance. No tardará entonces en surgir un discurso radiofónico basado en la indignación permanente.

Recuperando la palabra, rehaciendo la red sobre nuevas bases

Claro que el párrafo anterior no describe la totalidad de la realidad social madrileña. Toda una generación de “universitarios inmigrantes” de todas las puntas de España repoblará el centro en caros y pequeños pisos de alquiler. Los vermús en la Latina, las terrazas, los cafés o los conciertos mantendrán las bases para la formación de redes sociales offline. Además la lenta eclosión de las redes online también juega su parte y se proyecta desde estas “células madre” de redes sociales. No es casualidad que el 13M fuera protagonizado por la generación Spectrum y se irradiara desde núcleos de amigos con base -y piso alquilado- en Malasaña y Lavapiés.

Conclusiones muy preliminares

De un modo muy somero nos hemos acercado a los orígenes de algunas peculiaridades madrileñas que se proyectan sobre el país: desde el discurso radicalizado de la indignación permanente de ciertos medios al desencanto respecto a lo político (lo político real, que va mucho más allá del desencanto respecto a los partidos). Para al final encontrarnos con un esperanza y un cruce de caminos: el 13M, el momento en que las nuevas redes sociales emergen. Nuevas porque implican a una nueva generación y nuevos medios y contextos: desde Internet al móvil, desde la transversalidad geográfica a la organización espontánea pluriárquica. Pero el 13M es a día de hoy, mientras Madrid duerma desesctructurada, sólo un camino posible. Toca construir.

«Mientras Madrid duerma» recibió 0 desde que se publicó el lunes 18 de octubre de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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