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Mónaco

Bienvenido a la Ciudad-Estado de la familia Grimaldi. Fabricando titulares desde 1297.

MónacoSi hay un ejemplo de cómo sacarle partido a ser pequeño, ese es Mónaco, el segundo país más pequeño del mundo (el Vaticano es más pequeño todavía) con sus preciosos 2 kilómetros cuadrados, eso sí, en la Costa Azul, con los Alpes detrás y compartiendo frontera con Francia. Lo que se dice «un buen barrio» con vistas al mar y un clima excelente. Teniendo todo esto en cuenta, solo cabe pensar que han tenido suerte, ya que aunque desde la Antigüedad fue ocupado por todo el que tuvo la oportunidad, su historia ha sido relativamente tranquila sin dejar de ser de lo más interesante.

Escudo de Armas de MónacoDespués de los fenicios, griegos, romanos y bárbaros, los habituales de la zona, lo divertido empieza a finales del siglo XII, cuando en mitad del conflicto entre güelfos y gibelinos, el Sacro emperador Romano-Germánico Enrique VI le da la roca de Mónaco a la ciudad de Génova (bando gibelino) que construye una fortaleza y ofrece tierras y exención de impuestos a quien se quede por allí. Sin embargo un brillante güelfo llamado Francesco Grimaldi que había quedado en el bando perdedor en la batalla por Génova, se disfraza de monje franciscano para colarse en Mónaco y abrirle la puerta a su ejército en una escena propia de Juego de Tronos.

A los tres años los güelfos-Grimaldi fueron expulsados otra vez, lo que no quita genialidad a lo del disfraz. Francesco se desanimó, pero un primo suyo, Raniero (I), dijo que nunca se había reído tanto y que lo de Mónaco había que repetirlo. Así que se puso al servicio de la monarquía francesa con la idea de tener a Francia de respaldo cuando recuperara la roca. Fue su hijo Carlos (I) el que ocupó Mónaco en 1331, autoproclamándose Señor de Mónaco y quedándose de paso con el Señorío del Menton y el de Roquebrune.

MentonLos Grimaldi se sucedieron perdiendo Mónaco en una ocasión y recuperándolo de nuevo, hasta que Lambert Grimaldi d’Antibes, casado con Claudina Grimaldi (tataranieta de Carlos I) consiguió por fin la independencia del rey de Francia en 1489 tras años de fiel servicio matando holandeses. Con el rey Francisco I, Francia dejó de proteger a Mónaco, por lo que se convirtió en protectorado español durante más de un siglo (pues Génova seguía ahí, acechando, rencorosa), hasta que llegó Richelieu a poner orden y los Grimaldi echaron a los españoles a gorrazos.

Con el comienzo de la época revolucionaria no les fue muy bien. Francia los ocupó, los asoció a San Remo, los soltó, y acabaron de protectorado de Cerdeña. Lo bueno, eso sí, es que conocían a mucha gente nueva. No olvidemos que en esta época Menton y Roquebrune pertenecían a Mónaco, que por tanto tenía nada menos que 24 km cuadrados y hasta tierra cultivable. Pero en 1848, Menton y Roquebrune (que no son, insisto, un dúo musical) se declararon independientes bajo protección sarda y acabaron siendo cedidas a Francia junto con Niza, en agradecimiento al apoyo de Napoleón III a la unificación italiana. Un lío.

Rally de MontecarloEl caso es que a la vez que esa situación se formalizaba también se ratificaba la plena soberanía de Mónaco (1861), sin protectorados ni mesas de diálogo ni nada. La siguiente crisis no llegaría hasta 1918, pero antes de eso entraría en escena el verdadero creador del Mónaco de hoy, un genio visionario llamado Carlos III Grimaldi que construyó el Casino, eliminó el impuesto sobre la renta y los bienes muebles, y le cambió el nombre al barrio de Spélugues por uno en su honor que daría nombre a todo: Montecarlo. También fundó el servicio de Correos, con la llegada de los primeros sellos propios, y consiguió un obispado. Su hijo Alberto I impulsó el Rally de Montecarlo. Todo esto unido a la finalización de la línea ferroviaria Niza-Ventimiglia (pagada por Francia) le dió a Mónaco el empujón para convertirse en un polo turístico y empresarial con el PIB per cápita más alto del mundo.

Grace y RainieroAdemás del juego, las carreras de coches, el turismo, el glamour y los bajos impuestos, los Grimaldi fueron geniales a la hora de convertirse ellos mismos en producto de consumo. En 1918, los franceses, en guerra con Alemania, se dan cuenta de que el príncipe Luis II (hijo de Alberto I) ya es madurito y no tiene mujer ni hijos, por lo que a su muerte heredaría un primo alemán. Los franceses consiguen (no sé como) que Mónaco firme el segundo tratado franco-monegasco, que les obliga a la anexión automática a Francia si hay peligro de que herede un primo indeseable.

Grace familyCuando los monegascos se dan cuenta de que vuelven a perder la soberanía por falta de herederos propios, encuentran a una hija bastarda de Luis II, al parecer nacida de un affaire de este con una modelo de fotos eróticas. Así, el fruto de esa noche loca, Charlotte, una chica de clase baja criada en Argelia, acaba siendo duquesa de Valentinois (aportación de los franceses) y princesa de Mónaco.

Ella es la madre de Raniero III, otro genio que se alista en el ejército francés en la II Guerra Mundial para acallar los rumores que acusaban a los Grimaldi de filonazis y sobre todo, que se casa con Grace Kelly, actriz de moda, sex-symbol de la época y madre de la generación actual de Grimaldis, sin la que las revistas del corazón no serían lo que son y que nos trajo risas, llantos, domadores de circo, tenistas horteras, guardaespaldas corredores de rallies, accidentes mortales, novias que salen huyendo entre llantos antes de la boda, y todo tipo de rumores maliciosos sobre la orientación sexual del heredero que estuvo a punto de tener que buscarse otra hija ilegítima. Desde luego, los Grimaldi le van cogiendo el truco a la gestión de crisis.

«Mónaco» recibió 18 desde que se publicó el miércoles 23 de abril de 2014 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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