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Mondragón: Crecer desde la tierra

En Historia de una experiencia1, un libro electrónico publicado por Mondragón Corporación Cooperativa contando su propia evolución, llama la atención descubrir como desde 1956 a 1970 hubo decenas de cooperativas, pero no realmente un grupo industrial articulado.

En 1970, 14 años después de arrancar, eran ya 40 cooperativas que en conjunto empleaban a 8.743 personas y facturaban 7.059 millones de pesetas de la época. Se habla ya sin embargo de Mondragón y el Alto Deba como un modelo social y económico propio, impulsado desde la División Empresarial de Caja Laboral, fundada a sugerencia de Arizmendarrieta en1959. Esta división estaba dedicada impulsar y financiar nuevas cooperativas, muchas de ellas encabezadas por alumnos de la escuela politécnica fundada en 1943 como Escuela profesional.

A esta urdimbre primitiva se había sumado, también en 1959, Lagun-Aro, el fondo de pensiones -de hecho todo un sistema de Seguridad Social alternativo- con el que los cooperativistas responden a la negativa del estado a reconocerles la cobertura reservada a los trabajadores por cuenta ajena.

En conjunto, el sistema creado por Arizmendarrieta estaba formado por una serie de nodos independientes coordinados por una estructura formativa común y un sistema financiero propio que captaba recursos del ahorro no sólo de los cooperativistas sino de la propia zona. Esta relación con el territorio determinara la forma misma de crecimiento de la estructura.

Merece la pena destacar la proliferación de grupos de personas preocupados por el desarrollo de su pueblo o comarca que se acercan a la organización con objeto de estudiar la búsqueda de productos que, tras el correspondiente estudio de viabilidad, concluyen en la constitución de una cooperativa.

En los términos que hemos definido en los capítulos anteriores estaríamos ante una comunidad definida o al menos limitada territorialmente, con distintos demos cooperativos que compartían referencias comunes y sobre todo un itinerario de formación común. El demos y la comunidad están tan definidos en términos territoriales, que las primeras formas de intercooperación serán los grupos comarcales, demostrando una tendencia al crecimiento y la intercooperación espontánea basada en la proximidad física.

En los primeros 20 años de Mondragón, la cooperativa representaba casi exactamente lo que el demos en la democracia griega: una comunidad real de iguales a la hora de decidir, ligada a un territorio físico a través de la coordinación con los otros pequeños demos que lo ocupaban y a cuyos miembros se conocía de toda la vida pues eran también vecinos, cuando no familiares más o menos cercanos.

Esta forma de crecimiento resultaba tremendamente cohesiva, con formas informales de coordinación rápidas y efectivas. Así, aunque invisible institucionalmente, el tejido impulsado por Arizmendarrieta sería capaz de reaccionar con tanta decisión como capacidad innovadora a los estragos de la crisis de principios de los ochenta, convirtiendo el conjunto de nodos independientes en una gran confederación que tomará por primera vez una forma institucional global en 1984.

Pero este movimiento resultará contradictorio, pues la racionalización corporativa no podía acabar sino imponiendo su propia lógica. Cuando en los 90 se encare la corporativización del grupo, organizándolo sectorial en vez de comarcalmente, las resistencias serán extremadamente duras:

La lógica de la organización sectorial encontró fuertes resistencias, porque la propuesta implicaba una evidente dureza al modificar relaciones personales y societarias fuertemente arraigadas a lo largo de los años. La peor de las consecuencias fue la separación de algunas cooperativas que consideraron insatisfactorio el nuevo modelo organizativo.

En el Encuentro sobre Democracia Económica que mantuvimos en Madrid en marzo de 2009, Julen Iturbe, un conocido consultor y tecnólogo ex-socio de Mondragón nos sorprendió a todos con la frase

La clave es aprender a no crecer

Expresaba seguramente con ella buena parte de la insatisfacción que generó históricamente la pérdida del criterio de proximidad y la angustia de compartir un demos más amplio con gente a la que no se conocía y que de hecho estaba cada vez más lejos físicamente, cuando no culturalmente.

La salida de la corporación en 2008 de Ampo e Irizar, la segunda empresa europea del sector de autocares, ha sido entendida por muchos como una pérdida de solidaridad o cuando menos como producto de la erosión de la fraternidad dentro del grupo2. Pero en realidad, si se escucha a los protagonistas3 lo que se percibe es más profundo: ausencia de comunidad. La organización sectorializada no ha conseguido suplir la cercanía de los orígenes comarcales y los modelos de gestión y de vida se han separado. Comentaba un cooperativista de Irizar:

A mí me ha costado mucho porque hace años, cuando la crisis, me llevaron a trabajar a una cooperativa de Mondragón. Pero ahora su forma de funcionamiento es muy diferente a la nuestra, muy piramidal, y nosotros necesitamos ser rápidos.

Aunque MCC había creado una división específica para lrizar, Ampo y Ugola -las tres cooperativas que seguían el modelo de liderazgo compartido– la ruptura de la comunidad y por tanto de la identidad que sostiene la intercooperación tenía que acabar como partitogénesis empresarial. En palabras del gestor actual de Irizar:

Nosotros lo que hacemos es desarrollar las ideas de abajo a arriba, desde las personas hacia los que tenemos que liderar, y no imponernos. Este modelo hace que seamos más rápidos y flexibles. Siempre que estamos fuera de nuestro modelo, nos sentimos incómodos

El conjunto de cooperativas de Mondragón, dentro o fuera de MCC, ha sido el primero en enfrentarse a muchos nuevos problemas derivados del crecimiento: desde la superación del modelo de identidad territorial a la formación de culturas organizativas -esto es, identidades- diferentes en el seno de la actual corporación.

Al fin, la clave de la intercooperación y del desarrollo de tejidos societarios de soporte mutuo es gestionar el crecimiento comunitario y la multiplicidad de demos sin que la interacción se degrade. Si la interacción intra e intercomunitaria se desgasta, la identidad se desvanezcerá o la comunidad se romperá.


1. http://www.mcc.es/esp/quienessomos/historiaMCC_esp.pdf
2. All in this together: How is the co-operative model coping with the recession?, The Economist 26 de marzo de 2009. Disponible en http://www.economist.com/business/displaystory.cfm?story_id=13381546
3. Irizar decide desligarse del Grupo Mondragón con el 75% de los votos, Diario Vasco, 30.05.08

«Mondragón: Crecer desde la tierra» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 9 de Abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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