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Moros

La memoria de una palabra.

El gran visirEra la primera vez que me prohibían una palabra. Era un sábado, creo, e íbamos a Tetuán a cenar a casa de unos amigos de mis padres. Recuerdo que era una cena -algo raro en casa- porque me quedé dormido en el coche de vuelta.

Yo nunca se la había oído a mis padres, pero supongo que ellos temían que fuera de curso común en el colegio. Recuerdo que me puse colorado, me dió vergüenza que mis padres, pensaran que yo podría ser de esos. Esos eran los de los agustinos, el cole dónde había ido a parbulario. Yo era de las anejas del instituto, el cole público de Ceuta, al lado de las Puertas del Campo. La diferencia creo que me marcó toda la vida y para bien.

En mi memoria los agustinos es un sitio oscuro y estrecho con figuras incomprensibles y torturadas. Llueve en la puerta. El instituto es grande, soleado y con fascinantes vitrinas de museo. Los de los agustinos, con su equipo de balonmano, sus curas, sus jerseys azules y su patio carcelario bien podrían llamar moro a mi amigo Mustafá. Mustafá y mis primos Susana y Oscar eran como yo: siempre salen comiendo en las fotos de los cumples. En fin, evidentemente, éramos los buenos. ¿Cómo iba a llamar moro a nadie?

Sobre la casaLos romanos llamaban maurus a los habitantes del Sur del Mar del Alborán, más o menos la zona que hoy ocuparía norte del Magreb. Los bereberes de entonces eran una cultura que contaba con un alfabeto propio desde al menos el siglo V aec, que tenía en ciertas zonas una fuerte influencia fenicio-cartaginesa y que fue tanto romanizada como cristianizada después en una parte de su territorio original, el correspondiente a las provincias romanas.

CharlandoEs de imaginar que el gaditano de la época visigoda no tuviera una idea muy clara sobre dónde empezaban los mauros. ¿Se aplicaría a los tangerinos o a los ceutíes con los que compartía lengua y religión?. Es posible que en todo caso limitara el término a aquellos que conservaban la lengua bereber (amazig y tamazig).

Tras la invasión árabe y la islamización casi simultánea tanto del Magreb como de la mayor parte de la Península Ibérica, el moro aparece como distinto y ajeno. Ya no señala una denominación geográfica, sino al musulmán. Y no es inocente. En el cambio de significado late toda la ideología de Reconquista según la cual el no cristiano sería en realidad extranjero, invasor, independientemente de su origen o nacimiento.

Y moro al fin coaguló como sinómimo de musulman. ¿No lo apredimos así casi todos los niños españoles al menos desde el siglo XV?

Tres morillas me enamoran en Jaén:
Aisha, Fátima y Marién.

Tres morillas tan garridas
iban a coger olivas,
y hallábanlas cogidas en Jaén:
Aisha, Fátima y Marién.

Y hallábanlas cogidas
y tornaban desmaídas
y las colores perdidas en Jaén:
Aisha, Fátima y Marién.

Tres morillas tan lozanas
iban a coger manzanas
y hallábanlas tomadas en Jaén:
Aisha, Fátima y Marién.

Díjeles: ¿Quién sois, señoras,
de mi vida robadoras?
Cristianas que éramos moras en Jaén:
Aisha y Fátima y Marién.

En la puerta de la tiendaY la canción no deja de tener, como toda la literatura popular, su cosa. Porque en ella aparece lo distinto, lo musulmán como fuente de atracción. Claro que al fin, se presentan como cristianas, que eran moras en Jaen…

Suk el Jut el KadimLa sinonimia llegó a ser tan clara que cuando España fue asentando su dominio de Filipinas en el siglo XVI y los colonizadores se encontraron con una serie de grupos como los maranaos o los taosugs que habían sido islamizados, les llamaron Moros. Y hoy moro, en Mindanao, es el nombre común orgullosomente usado por todos los musulmanes originarios de la isla y muchas de sus organizaciones políticas.

Hasta aquí la historia casi puede reconstruirse siguiendo las definiciones del diccionario de la Real Academia Española, aunque tal vez habría que investigar como el término recuperó asociación con Africa con motivo de la campaña de invasión de Prim primero (de la que surgió el protectorado español en Marruecos) y la guerra de las cabilas después (algún día por cierto escribiré sobre Abdel Krim, el mayor genio militar a mi juicio con Sanmartín de la Historia española, más que nada por lo llamativo que es que nuestros genios militares lucharan siempre por la independencia :) ).

Volviendo a mi madre y a aquella escena de coche, creo recordar que me dijo algo así como, “se dice, marroquí o musulmán“… vale que yo tendría seis años, pero al fin la esquizofrenia del término sigue. Y su retintín despectivo también.

Hoy soy parte de un país distinto de aquel en el que me hablaba mi madre. Un país en el que viven y han nacido muchos que podrían ser bisnietos de aquellos moros que salen en las fotos de los años veinte que hacía mi tíoabuelo Bartolomé y con las que he ilustrado este post. Musulmanes españoles con familia marroquí o argelina que han ido en su mayoría a coles e institutos públicos españoles, que comparten las mismas identidades básicas que yo y la mayoría de la gente que conozco. Sus recuerdos, sus vivencias cotidianas, sus referencias, tienen tanto que ver con las de los que salen en estas fotos como los míos con los que pudo tener mi abuelo. Su mapa de referencias tanto que ver con el Marruecos del protectorado como el mío con la Castilla de El Quijote.

La vendedora de panVivo en un país, en un mundo, donde las referencias geográficas, religiosas y culturales se cruzan en cada vez más en cada uno de nosotros y cada vez menos en los puestos de aduanas. Identificarse o identificar a otro como moro debería dejar de sonar políticamente incorrecto para ser símplemente ridículo. ¿Quién es quién para dejar a nadie fuera de la casa común del bienestar y la libertad heredadas y construídas por todos? ¿Quién querría ser tan tonto de hacerlo? Porque a fin de cuentas, en nuestro mundo, y a diferencia del caballero trienamorado del romance, yo no quiero ni necesito que “mi mora” deje de serlo para enamorarme de ella. Y éso es lo que realmente merece la pena de este tiempo y, mientras eso dure, de este lugar.

«Moros» recibió 0 desde que se publicó el Miércoles 4 de Mayo de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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