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Móviles, casas y coches

El coche, símbolo de la autonomía personal, ha comenzado la cuesta abajo de su ciclo de producto. El móvil ya no es solo un teléfono ni Internet solo una ventana al mundo, sino una herramienta de cohesión básica para vidas urbanas a las que la descomposición amenaza continuamente con el desgarro. Hay un nuevo marco, una cultura material completamente nueva para pensar y pensarnos.

share-or-dieA finales de los noventa y hasta 2003 las operadoras de telefonía hicieron suyo un mantra de las escuelas de negocio: «los países mediterráneos prefieren el móvil a Internet». Había una base de verdad: la penetración de Internet, explosiva en los países anglosajones, Centroeuropa y Escandinavia, se ralentizaba en España, Italia, Portugal e incluso Francia, donde, sin embargo, el teléfono móvil era ya el rey. A partir de ahí los tópicos nacionalistas sobre los «países católicos» se generalizaban y se sacaban consecuencias erróneas para América Latina y Africa. A cuenta de eso seguimos teniendo titulares sobre la siempre esperada, nunca concretada, explosión de Internet en Africa… aunque al final se esté produciendo a través del móvil.

Ya en aquella época nos parecía tonto oponer el móvil a Internet. Veíamos el futuro en la fusión. Pero sobre todo leíamos de forma distinta los mapas y lo que veíamos en los gráficos de penetración de Internet y la telefonía celular era muy distinto: antes de que se hicieran accesibles los portátiles donde había problemas graves de acceso a vivienda por los jóvenes Internet se retrasaba y los móviles se convertían en la base de la comunicación.

Mientras Internet fue un espacio social al que accedías desde un ordenador de sobremesa, una vivienda inaccesible relegaba Internet a la oficina y, en el mejor de los casos, a un ratito de conexión por las noches, fuera en China o en Japón, en Italia o en Singapur. No era una cuestión de estados ni de culturas, sino de posición social: todavía hoy, en EEUU, los sectores sociales con más problemas para encontrar una vivienda acceden mayoritariamente por primera vez a Internet desde el celular.

El coche y el móvil son los espacios de intimidad de una generación sin casa. Las grandes esperanzas del sector de automoción -y de los bancos que les acompañan– están donde falta de una casa, los jóvenes urbanos se endeudan para comprar coches… ¡porque no tienen otro espacio de intimidad accesible!

Movilidad, no coches, Internet, no escritorios

Por eso, de entre todos los patrones culturales que están cambiando con esta crisis en EEUU, nos interesan tanto el uso de Internet móvil como el uso de automóviles. Cuando «The Atlantic» se preguntaba si el menor uso de coches seguiría como tendencia después de la recesión, aguzamos el oído. Y hoy (gracias Fernando por el enlace), lo que vemos en EEUU es que, una vez pasada la recesión, desinflada la burbuja y corregidos los datos a la población, el uso del coche disminuye a niveles de los años noventa:

peak-coche

La extensión del «car-sharing» es apuntada por casi todos los analistas como una de las causas, pero cabría preguntarse si no es más que un nuevo síntoma del cambio cultural de fondo que venimos intuyendo: al volver a ser más accesibles las viviendas, el espacio-coche deja de tener el valor añadido de ser un espacio de intimidad y lo que empieza a valorarse es el transporte, no su medio.

En Europa, mientras tanto, los datos nos dicen que 2013 ha sido el peor año en venta de coches del siglo, pero por aquí la crisis sigue teniendo recorrido por delante y las viviendas siguen lejos de ser accesibles para todos a pesar del fin de la burbuja inmobiliaria. Lo que vemos en EEUU dibuja una posible tendencia post-crisis.

Y todo esto ¿cómo afecta a lo que hacemos?

La crisis está educando al conjunto de una nueva generación en un «comparte o muere» similar al que vivimos una parte de los jóvenes de los noventa, veinteañeros precarizados que se pagaban la carrera haciendo de teleoperadores y cuyo patrón de vida y consumo cultural no podía reflejarse en la pijería inaccesible del diseño y «El País Estilo», pero que a través del primer P2P, los potlachs en pisos compartidos y las filmotecas públicas soñábamos una vida interesante, asumiendo que tal vez nunca iba a ser demasiado confortable. Una generación, (en realidad un sector de aquella generación) que, como vivía a salto de mata, fue la primera cuyo primer número de teléfono fue un celular. Es la generación SMS. Cabe de hecho pensar la crisis de los noventa y los cambios culturales que se fueron abriendo camino a partir de ella como modelos analógicos avant la lettre: el mundo de una minoría social de los noventa -el entorno del que salimos los indianos- es ahora el mundo de la mayor parte de la generación que aun no llegó a la treintena.

dispositivo-lasindiasEl gráfico de la derecha muestra desde dónde se leyó el Correo de las Indias durante el último mes. La cantidad de lecturas desde dispositivos móviles es impresionante. Especialmente si asumimos que leer desde el móvil sigue siendo incómodo y que la mayoría de los lectores viven en grandes ciudades de la península Ibérica y América del Sur.

Los lugares y las franjas de edad cuyas movilizaciones nos hablan de nuevas claves globales, tienen sus espacios de intimidad y comunicación en autobuses y transportes públicos frente a un dispositivo móvil. Basta subirse a un autobús o al metro en Sao Paulo, Buenos Aires, DF, Bilbao, Madrid o Nápoles para darse cuenta.

Se trata de una generación que se mueve como fonambulista entre un mercado de trabajo cada vez más difuso y excluyente y una autonomía y libertad que la tecnología dibuja como horizonte posible, entre un discurso naive y optimista y la impotencia de una cotidianidad alienante.

¿Hacia dónde reflexionar?

Añadamos a este cuadro en el que el móvil con Internet es, más que una ventana al mundo la principal herramienta de cohesión comunitaria, la nueva generación de dispositivos y sistemas operativos y la perspectiva de la ubicuidad.

¿Qué demandas podemos intuir más allá de los libros de caras y la comunicación superficial? Todas las herramientas capaces de apoyar el desarrollo de la autonomía personal, de mantener intercambiando una comunidad cotidianamente nómada, todas las formas de aprender, todo lo que nos ayude a construir vidas interesantes. Aprender, entender, disfrutar de la supervivencia urbana como un juego apasionante y empoderador.

Conclusiones

El coche, símbolo de la autonomía personal, ha comenzado la cuesta abajo de su ciclo de producto. El móvil ya no es solo un teléfono ni Internet solo una ventana al mundo, sino una herramienta de cohesión básica para vidas urbanas a las que la descomposición amenaza continuamente con el desgarro. Hay un nuevo marco, está emergiendo una cultura material completamente nueva para pensar y pensarnos. Qué hacer y qué producir pueden ser pensados, cada vez más, desde nuestro cómo vivir.

«Móviles, casas y coches» recibió 0 desde que se publicó el martes 18 de junio de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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