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Mujeres, piedras y palacios de papel

Ser mujer significó durante siglos luchar por ganar reconocimiento, territorios y libertades en la vida… y en los tableros

Lise MeitnerLitse Meitner es uno de los grandes nombres del nacimiento de la Física atómica. La «Madam Curie alemana» como le llamó Einstein, es recordada hoy entre otras cosas porque fueron sus compañeros varones y no ella los que se llevaron el premio Nobel de Física de 1944 por sus descubrimientos sobre la fisión nuclear, un término, por cierto, creado por ella. Pero Einstein se equivocaba: si algo no fue nunca Meitner en sentido estricto es «alemana». Nacida en Viena, era directora del famoso «Instituto de Química» de Berlín cuando Hitler llega al poder, y si se salva de las primeras persecuciones es por su pasaporte austriaco. A pesar de todo, se vería obligada al exilio en 1938 en Holanda primero, Suecia después y finalmente, ante los avances del ejército alemán, en Cambridge y EEUU, donde obtendría el premio Fermi tras la guerra.

Einstein y MasayoshiCon una carrera científica que le coloca entre los padres de la Física y una vida tan intensa, son pocos los que añaden a su biografía su pasión por todo tipo de retos intelectuales. Así que son aun menos los que recuerdan que fue, seguramente, la primera jugadora de Go europea y quien enseñó el juego a Max Planck y Albert Einstein. No lo debió de hacer mal y no debieron ser malas sus partidas en el Instituto Kaiser Guillermo en los años de la primera guerra mundial, pues Einstein, ya mayor y en Princeton, acabaría recibiendo su primer dan de Fukuda Masayoshi (6p), un discípulo de Honimbo Shusai, el protagonista de la famosa novela de Kabawata.

En la misma época Kitani Miharu, esposa de nuestro ya conocido Kitani Minoru -rival en la misma novela de Honimbo Shusai- organizaba el famoso Dojo Kitani, que daría forma contemporánea al tradicional sistema de maestría gremial del Go. Una casa/escuela de la que saldrían algunos de los jugadores más importantes del siglo, incluida su propia hija, Reiko, e indirectamente su nieta Izumi, una de las mejores jugadoras de la primera década del siglo XXI.

Historia de Genji

Genji monogatari capítulo 44Y es que el Go ofreció durante siglos a las mujeres un espacio de desarrollo intelectual relativamente a salvo del violento machismo dominante.

En 2014 «Genji Monogatari» (la historia o el cuento de Genji), la primera gran novela japonesa, cumplirá 1.009 años. Es una obra realmente sorprendente, especialmente desde lo que el siglo XI nos evoca en Occidente. Y no solo por la definición psicológica de los personajes o sus escenas eróticas, sino porque fue

escrita por una mujer, Murasaki Shikibu (紫式部像), extremadamente crítica con el sistema social y su posición de género, pero que se tornó sumamente popular gracias a su novela, ganando por ello una posición notable en la corte imperial: dama de compañía de la emperatriz. Es más, hoy conocemos su vida detalladamente porque publicó también su diario. Murasaki Shikibu fue una «protoblogger»

Genji ve a Utsusemi jugar al go con su hermanaY aunque su influencia llega hasta la cultura popular de hoy, por ejemplo a través del personaje de Honimbo Sai en Hikaru no Go, Genji Monogatari es mucho más que un Downton Abbey del siglo XI. No solo ha influido la pintura japonesa conviertiéndose en un tópico habitual, sino que la riqueza de su descripción del contexto dá para basar museos temáticos… en los que no faltan salas dedicadas al papel del Go en la vida de la época. Y es que el juego tiene un significado especial en la obra y de hecho, de las cuatro escenas de Go que aparecen en el libro, dos son momentos clave de la historia.

Palacios de papel, piedras de concha y pizarra

El primero, una escena tan importante en la historia de la literatura como el encuentro de Quijote con los molinos, muestra a dos damas jugando mientras, en secreto, el príncipe Genji las mira sin ser visto pegado a una rendija mínima en la puerta corredera de la sala. Los grabados que suelen ilustrar a esta escena nos dicen mucho de la vida que vivían las mujeres nobles de la época, enclaustradas en palacios con decenas de pequeñas habitaciones de paredes de papel y persianas de bambú. No era común que pudieran ver a personas que no fueran parientes directos en su casa. Y tampoco tenían ninguna privacidad. El papel no absorbe casi sonido.

Genji espía a Utsusemi capitulo 3Es esa mezcla de espacios pequeños y ausencia de intimidad la que seguramente llevó a los artistas japoneses a desarrollar el fukinuki yatai, el estilo de «techos volados» que nos permite colocarnos nosotros mismos en la posición de fisgones. A veces el techo es sustituido por unas nubes (utsogomo) que acentúan más la sensación esquiva de las figuras, muchas veces cortadas por cortinas o mamparas.

Genji, al ver a las damas jugar, se siente turbado y cada momento más atraído. Hay que imaginar la escena en un día caluroso de verano, con ambas mujeres vestidas formalmente, en un silencio denso roto por el roce de la piel contra la seda de los trajes y la cadencia del golpe seco de las piedras de concha y pizarra contra el tablero de madera. Genji a penas entrevé los dedos que mueven las piezas pero no puede dejar de mirar y escuchar furtivamente. Un erotismo pausado, insinuado en los movimientos del juego, envuelve toda la escena.

Finalmente la partida acaba y Genji se decanta finalmente por la dueña de la casa, Utsusemi, esposa de un gobernador provincial. Ella, cuyo nombre evoca la fugacidad de la vida -literalmente significa «cigarra»- será la verdadera protagonista de la historia.

El juego terminaba y estaba en el momento en el que se juega el yose. La dama del ala Oeste parecía inteligente y claramente quería acelerar las cosas, mientras la señora de la casa estaba muy callada y dijo tranquila:
– ¿Puedes esperar, por favor? Esto parece ser un seki y hay un ko por aquí.
– ¡Oh querida! ¡He perdido esta vez!! ¡Todas las esquinas, querida, oh querida! -dijo la otra.
Su manera de contar -diez, veinte, treinta, cuarenta- doblando los dedos contra la palma, como si estuviera contando las tinas del balneario de Iyo, carecía de gracia.

Murasaki Shikibu¿Yose? ¿Seki? ¿Contando los «ko»? Llama la atención escuchar el lenguaje técnico del juego usado con tanta soltura. Y es que tanto el personaje, como la autora, y en general las mujeres de esa posición en la época, realmente jugaban con un gran nivel. El Go era el único espacio en el que podían desarrollarse intelectualmente con libertad.

El libro de la almohada

Comic libro de la almohadaPero Murasaki Shikibu no era la única mujer que aspiraba a una vida interesante en el Japón de aquel momento. Otra dama, aunque de una posición social un tanto más elevada, Sei Shonagon, triunfaría también en aquellos años con un libro que es en realidad muy parecido al estilo de un blog personal actual, con poemas sueltos y pequeños artículos desconexos en los que comenta la actualidad política y hace reflexiones personales de todo tipo. Cómo no, dedica un buen espacio al Go declarando que su preciso lenguaje es el que mejor expresa las relaciones entre sexos. John Fairbarn comenta:

Es tentador pensar que se Sie Shonagon se comparaba con Murasaki Shikibu. Probablemente había leído la «Historia de Genji». Mientras Murasaki muestra inteligentemente que está familiarizada con el Go avanzado, Sei Shonagon muestra no solo eso sino que ella es más fuerte [en el juego] que los hombres y puede además usar sus términos técnicos como un lenguaje secreto con el que lanzar indirectas. Esto, como mínimo, encajaría con su carácter mordaz.

El «remake» de clase media


Utsusemi y su hermana
La última época de la Era Edo (1603-1868) augura ya cambios que se desatarán con la industrialización, la apertura al mercado mundial y el imperialismo. Durante siglos la clase media -basicamente los pequeños rentistas-guerreros conocidos como samurai- no había pasado del 6% de la población total. En 1860 casi el 40% de los varones y el 10% de las mujeres están alfabetizados. En Edo (actual Tokio) esa cifra llegaba ya al 80%. El desarrollo del comercio interno y la traducción cada vez más frecuente de libros -en su mayoría técnicos- occidentales, estaba haciendo nacer una nueva clase media que exponía cada vez más abiertamente nuevos valores.

La progresiva alfabetización de las mujeres de la baja nobleza y la clase comercial y el aumento de objetos en el mercado van a producir una suerte de «Arts and Crafts» a la japonesa. La cada vez más numerosa clase media va a imitar e intentar reflejar en sus pequeñas ceremonias cotidianas la gracia y el espíritu de los tiempos clásicos.

Mitsuuji el Genji ruralPero a las mujeres solo se les permitía aprender hiragana, el alfabeto silábico en el que están escritos hoy los mangas para niños, lo que les excluía de la gran literatura y del debate político -escrito en kanji.

En este marco, en 1825 Ryutei Tanehiko comenzó a publicar una novela por entregas: «Nise Murasaki Inaka Genji» («Una pseudo-Murasaki y un Genji rústico»). Colocaba la historia original de Genji en el siglo XIII, sacándola de palacio y localizándola en la casa-cuartel de un pequeño señor feudal. La serie inmediatamente se convirtió en un éxito y fue ilustrada por grandes artistas como Kunisada Utagawa (1786-1864) con imágenes como la de la derecha en la que se reproduce la famosa escena de Genji espiando la partida de Utsusemi con su hermana.

Damas juegan al GoRyutei Tanehiko había tocado en el nervio sensible de las aspiraciones de ascenso social que fermentaban en el seno de la sociedad más estática que ha conocido la Era Moderna. Es más, había encontrado en las mujeres un nuevo público hasta entonces descuidado que, aunque recluido en el hogar, empezaba a enunciar demandas de desarrollo personal. Y todo sin salir de la caja de un riguroso conservadurismo que, sin embargo, tenía que empezar a reconocer el potencial intelectual de las mujeres.

Una vez más el Go aparecía como símbolo de un espacio de desarrollo intelectual igualitario, sofisticado e íntimo a la vez. El tablero y las piedras, presentes en toda casa samurai, que los hombres exhibían junto a armaduras y espadas, fue en el XIX el primer territorio ganado por las mujeres japonesas. Nunca habían dejado de jugar y por tanto de aprender a ganar espacios y libertades, que a fin de cuentas, es de lo que trata el juego.

«Mujeres, piedras y palacios de papel» recibió 14 desde que se publicó el viernes 20 de diciembre de 2013 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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