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MuñeKa

¿A quién le importa realmente la batalla ideológica o de divisas, cuando el poder de prohibir, imponer y repartir rentas es mucho más interesante?

La semana pasada, Argentina suspendió las importaciones de la firma estadounidense Mattel, conocida en el mundo entero por los Power Rangers, los muñecos Fisher Price (con su casita y su granja) y sobre todo por la muñeca Barbie, la inmortal rubia de medidas imposibles que cuenta desde hace años con casa, coche deportivo, marido, hija, ropa de grandes diseñadores y más zapatos que Imelda Marcos.

Argentina es además, el único país de Iberoamérica que cuenta con dos Barbie Stores, grandes establecimientos dedicados a la muñeca, con coche decorado en la puerta incluido, y donde las fans pueden celebrar sus cumpleaños, ir a la peluquería, pasar la tarde en su cafetería o simplemente comprar ropa y accesorios para ellas y sus muñecas.

La razón de la suspensión de las importaciones es que Mattel cometió irregularidades aduaneras. Todos nos alegramos cuando las rigideces burocráticas de la frontera se aplican a los grandes y no solo a los pequeños pero en este caso, la razón se encuentra de nuevo dentro del conjunto de medidas para cuidar el superávit comercial y proteger a la industria local.

Clarín publicaba el 28 de febrero cómo 3.000 coches de lujo se encontraban desde principios de mes bloqueados en la aduana

Esta prohibición no escrita fue admitida por fuentes oficiales como presión del Ministerio de Industria para que las importadoras generen de alguna manera las divisas que el país gasta para importar estas costosas unidades. Desde el Gobierno pretenden que este año importen un 20% menos que en 2010 y que, además, exporten el mismo equivalente en dólares de lo que importan.

Así, parece que no se trata de razones ideológicas como en Venezuela, donde la Barbie es considerada un asqueroso objeto imperialista, sino más bien de una nueva medida algo chocante del gobierno argentino por impulsar la industria local.

Cuando Chavez ataca a la Barbie diciendo que no representa a Venezuela, en cierto sentido tiene toda la razón. Pero es que esa muñeca, rubia, de ojos azules y cintura de avispa, no representa ni siquiera a los estadounidenses sino a su élite de origen centroeuropeo y nórdico, minoritaria ya hasta en Nueva York.

Pero aunque sea verdad que aceptar un ideal de belleza ajeno no es bueno para ninguna comunidad real o imaginada, prohibir la Barbie no es ninguna solución.

Es lo mismo que las cuotas del cine español. Si quieres que tus ciudadanos no vean cine yanki ni jueguen con Power Rangers tendrás que ofrecerles un producto «nacional» que sea mejor que el americano. Para ofrecerles un producto mejor, las empresas (que son las que diseñan, fabrican y ponen los productos en el mercado) tendrán que innovar y currarselo para conseguirlo. Si el Estado «les ayuda» poniendo trabas a la importación o imponiendo cuotas, no tendrán incentivos para hacer un producto mejor. Si compran lo que tú quieres por imposición, habrás perdido igualmente la batalla ideológica y seguramente más a la larga, también la batalla de divisas.

Pero claro, ¿a quién le importa realmente la batalla ideológica o de divisas, cuando el poder de prohibir, imponer y repartir rentas es mucho más interesante?

El paso siguiente serán las Barbies de contrabando. Conseguirás que que el ideal rubio, con tetas de silicona sea aún más deseado… como todo lo prohibido.

«MuñeKa» recibió 2 desde que se publicó el Domingo 13 de Marzo de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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