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Música libre: primer asalto

De la defensiva a la ofensiva, de discutir el caduco sistema de propiedad intelectual a desarrollar valor sobre uno completamente nuevo. Del cracking y la batalla por compartir a competir desde la propiedad libre contra los monopolios. Asi fue con Linux. Asi empieza a ser con la música. Y no, no hablamos de itunes.

Era septiembre de 2003 y la presión de las discográficas y la industria empezaba a ser asfixiante. En España, la SGAE se desataba en una de sus campañas de criminalización del P2P que acabaría con la imposición del canon del CD. Y en esta bitácora publicábamos “Musica Libre: plan de batalla“:

Cuando un sistema de propiedad no funciona porque los incentivos que ofrece no concuerdan con la sociedad en que se desenvuelve, la tensión se traslada hacia la distribución. Aparece lo que la propaganda de los monopolios llama piratería y que no es en realidad sino la forma que toma la cooperación social cuando la forma en que está definido el sistema de propiedad se torna una traba. Desde el nacimiento de la criptografía asimétrica hasta ahora, el desarrollo de la sociedad de la información ha ido repitiendo el modelo sector por sector. La música es el último en que eso está pasando, y no será el último.

(…)[Por eso]la libre distribución de contenidos no traerá ninguna solución por si misma si no va acompañada del nacimiento de un sector potente y con catálogo de música libre

Un Linux de la música

La propuesta entonces era clara: El sector audiovisual está pidiendo a gritos el nacimiento de un “Linux de la música”, un catálogo de música libre capaz de competir con la música “protegida” por los viejos modelos de propiedad intelectual. El plan de batalla, paradójicamente, no es muy diferente del que dió nacimiento a la SGAE hace más de cien años: constituir un repertorio, sacarlo de la SGAE y su “protección” y ofrecer al público una alternativa libre y atractiva.

¿Eso quiere decir que la pelota está exclusivamente en el tejado de los autores? Realmente no: Es necesaria una reforma legal que devuelva a los autores el poder sobre sus obras, secuestrado por las entidades de gestión. Porque hoy por hoy, con los contratos de adhesión de la SGAE, los creadores no pueden dar licencias diferenciadas a distintas obras. Por eso, cuando Ciberpunk.org presentó sus “Diez propuestas urgentes para asegurar las libertades civiles en la Sociedad de la Información”, la libertad para dar licencias libres a las propias creaciones ocupaba un lugar central, exigiendo el:

Reconocimiento legal de las licencias libres tanto para software como para traducciones, ediciones, creaciones científicas, literarias, periodísticas y artísticas de todo tipo e imposibilidad legal de las entidades de gestión colectiva de percibir ingresos por ellas. Reforma paralela de la LPI para que la SGAE y otras entidades de gestión sólo puedan percibir derechos por aquellas obras cuya gestión de derechos les haya sido cedida explícitamente por sus autores. Los autores deben poder elegir cuales de sus obras son privativas y cuales libres.

La respuesta oficial es que, con la legislación actual en la mano, los autores podrían constituir una SGAE alternativa si quisieran, con contratos de gestión diferenciados. Pero la verdad es que, como bien pronto descubrieron los cineastas que abandonaron la entidad para crear DAMA, la SGAE práctica la restricción a la libre elección de Entidad de Gestión por los autores, ya que los que han pertenecido a SGAE no pueden causar baja voluntaria cuando lo estimen pertinente. De hecho actualmente existen más de 15 procesos judiciales de importantes cineastas como Montxo Armendáriz, Agustín Díaz Yanes, Fernando León de Aranoa, Gracia Querejeta y Manuel Matji, contra SGAE para conseguir que se les reconozca su baja voluntaria en la Sociedad General de Autores y Editores.

Por eso, en España, cualquiera de las dos posibilidades abiertas, crear una nueva SGAE que devuelva el poder de sus obras a los autores u obtener la “devolución” mediante reforma legal, obliga a una larga batalla política y posiblemente judicial. El viejo sistema, que reparte pingües beneficios a unos pocos a costa de la desposesión de la mayoría de los autores de los derechos totales de sus creaciones, se resiste a la apertura y la reforma atrincherándose en un discurso miope e histérico, a veces con tintes racistas, contra “la manta” y la “piratería”.

Y en eso llegó Wired

Pero el mundo no espera. Y lo que hace un año y pico parecía una perspectiva tan sólo a largo plazo, es hoy una realidad. En su número de este mes, Wired regala un CD histórico: 16 artistas de primera fila como los Beasty Boys, Gilberto Gil o David Byrne licencias con Creative Commons sus canciones, permitiendo su libre distribución y reproducción. Es el primer paso hacia ese gran repertorio libre que será el motor real del cambio en la industria musical.

Debajo hay un modelo de desarrollo y una alternativa más profunda: la enredadera. Un modelo que, desde la periferia, algunos empiezan a entender como alternativa de país, diciendo bien claro que el camino viene marcado por el software y la música libres pero no acaba ahí. La reforma de la propiedad intelectual mira ya, bajo la presión del SIDA, cara a cara incluso a los gigantes farmaceúticos.

Art vs enterteinment, Kazaa vs i-Tunes

Mientras tanto en España i-Tunes /iPod se publicitan masivamente introduciendo un nuevo vector de cambio. ¿Cómo se relaciona la música libre con el modelo que está transformando al que era un fabricante de ordenadores en una emrpresa de nuevo tipo?

En realidad, la música siempre ha sido un mercado dual: uno artístico y otro de entretenimiento. La unificación bajo una misma industria, dependiendo siempre del embudo de los grandes medios para llegar al público, ha asfixiado al mercado-arte frente al mercado-entretenimiento. Es este último el que teme a la “piratería” y el P2P, el que se beneficia de la SGAE y el que ahora se agarra como un clavo ardiendo a iTunes como gran jukebox universal. Porque ese modelo es su futuro y no otro. Las Britney Spears del futuro vivirán de descargas más que de discos e incluso conciertos.

Pero, ¿vale ese modelo para Cohen, los Grateful Dead, los Ramones, los Pixies o nuestro querido Rosendo? ¿Vale para todos esos autores “de culto” que intentan vivir de los conciertos y romper como pueden el bloqueo de los media?. El modelo del mercado de entretenimiento, del oligopolio de la industria musical es del tipo “Winner takes all”, como mostraba el profesor Gustavo Buquet en un estudio encargado en su tiempo por la misma SGAE. Es decir, necesariamente, la venta de discos y el reparto de derechos al estilo SGAE sólo es rentable para un reducidísimo grupo de creadores. Por eso los productos por los que apuestan las multinacionales son de “entretenimiento”, de riesgo mínimo y apuntando a un público cada vez más joven (el 40% del público de los 40 principales tiene menos de 12 años según aseguraba El País Semanal). Y por eso, la música libre y no iTunes, es la única alternativa para los músicos que son, realmente, artistas y desarrollan una obra, músicos que ya hoy, viven de los conciertos y necesitan de la libre distribución para poder llegar. No es novedad: en los 70 Grateful Dead creció gracias a haber generado la primera red P2P musical (sobre cinta, revistas y paquete postal).

La música-entretenimiento tiene su camino abierto con iTunes, ahora es la hora de la música-arte. Rosendo, te esperamos.

«Música libre: primer asalto» recibió 0 desde que se publicó el Jueves 11 de Noviembre de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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