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Despuntan ya los primeros movimientos políticos genuinos de nuestro tiempo. Producto, protagonistas y vindicadores de las redes. No meros supervivientes del siglo veinte con herramientas o adornos reticulares. ¿Cómo reconocerlos?. ¿Cómo analizarlos?. Bruce Sterling nos da unas cuantas claves y de paso nos descubre algunas pistas para entender la pobreza intelectual del debate tecno-político español.

¿Quienes son los nuevos movimientos políticos? ¿En qué ejes se definen? De entrada parecería que las definiciones políticas se producen siempre sobre el discurso, sobre enfoques alternativos a los mismos problemas. Pero precisamente la novedad está en que los problemas y por tanto los ejes son genuinamente de nuestro tiempo. Las diferencias, no sólo con lo socialmente existente, sino entre ellos, son dramáticas. Pero como veremos cuando cartografiemos el caso español, cuando llegan a la práctica tienen un enemigo común, por eso sus discursos suenan similares, aunque para el lego cabría decir que igualmente estrafalarios.

Problemas y discurso

Hay más o menos una docena de características que definirían un nuevo movimiento político del siglo XXI, escribe Sterling, antes que nada este movimiento necesitaría una ideología genuinamente nueva (…) que no necesita parecer política en el sentido tradicional, podría parecer tan tonta y excentrica como al principio parecía el feminismo. Podría llevarnos algún tiempo darnos cuenta de que los padres del movimiento no son seres estrafalarios, que incluso, han pensado profundamente sus temas y son serios sobre sus cuestiones. Con el paso del tiempo podrían verse ganando importantes argumentos y atrayendo adherentes intelectualmente serios. Este movimiento debería ser proglobalizador y multilateralista. No le gustaría localizarse en un solo estado nacional, dado que los gobiernos nacionales están severamente limitados y que los llamamientos al patriotismo local son auto limitativos. Necesitaría cierto sostén físico y algunas políticas de referencia. Los estados nacionales no parecen muy prometedores al respecto. Al menos no al principio. Un candidato plausible son las grandes ciudades. Los gobiernos de las ciudades pueden ser ganados por pequeños grupos de entusiastas y los mejores candidatos entre ellas parecerían las ciudades multiétnicas, altamente envueltas en el comercio global y pobladas por diásporas (…). La clave del éxito de tales ciudades debería ser poner en práctica las nuevas doctrinas y mostrar como la gente fluye hacia allí por preferencia. Su aproximación conceptual serían nuevas políticas gubernamentales que llevaran a una mayor prosperidad y mejoraran la calidad de vida. Si van ganando los cimientos de su movimiento se percibirían ampliamente como más civilizados, más sofisticados y más divertidos que las zonas de retaguardia. El mundo votaría con los pies, a su favor..

Sterling está pensando, y así lo dice, en dos ejemplos: su propio movimiento (que es el nuestro) y Al Qda. Y no deja de señalar que tales movimientos, a diferencia de los del siglo XX no serían tanto por el control del estado nacional como contra el estado nacional, uniendo a los más ricos y a los más pobres, pero no necesariamente en un sentido populista, ya no hace falta ser pobre para ser radical, como demostrarían Soros o Bin Laden. Y un último rasgo ligado a la lucha por la influencia local: la pasión por el voto. Pero en el naciende Nuevo Desorden Mundial hay muchos más candidatos, e incluso en la periférica y atrasada España empiezan a manifestarse.

Mapeando España

¿Qué nuevos movimientos políticos han surgido en los últimos años en España?. ¿Cuales se ajustan a éste marco que parece tan evidente como novedoso?. Vayamos uno a uno y contrastémoslos punto a punto con la visión de Sterling. A simple vista cuatro se nos ocurren como candidatos españoles:

  Autónomos
(Sindominio)
Islamistas Radicales
(Juventudes Liberales)
Ciberpunks
(Ciberpunk.org)
Origen no político    
No caben en eje dcha/izq  
Pro-Globalización   Umah universal
Organización reticular
Organización internacional
Lucha electoral por poder local   Apoyo candidatos ajenos
Pasión por el voto  
Interclasismo  

Autónomos y radicales son los únicos nacidos como movimiento antes de 1989. Por supuesto sus manifestaciones en el cibermundo son posteriores y el ciberespacio ha modulado profundamente ambos discursos. Los autónomos, por sus fuertes raices en la tradición de la extrema izquierda negriniana y la autonomia operaia de los setenta -que les ha llevado a desarrollar simpatías con movimientos nacionalistas desde el País Vasco o Cataluña a Palestina- son los menos contemporáneos de los cuatro… y seguramente por ello, de momento, los más numerosos.

El primer hecho llamativo es que en lo único en que coinciden todos es en la forma de organización: reticular e internacional. Todos estos grupos, especialmente radicales y ciberpunks, a poco que los analizamos, aparecen ante nosotros como manifestaciones políticas prácticas de la netocracia. Desde la aplicación continua de técnicas de netweaving como fundamento de la acción política a la abundancia de marqueteadores, artistas y profesionales independientes, todo nos remite a esa incipiente clase de la emergente sociedad red.

En este primer mapa, los autónomos representarían el punto de contacto entre los grupos de la netocracia y los antiglobis, mientras los radicales representan el punto de unión con la tradición del libertarismo pro-mercado de Panella y Bonino e islámicos y ciberpunks representarían dos lecturas opuestas del Nuevo Desorden Mundial nacido de la caída del Muro de Berlín.

Redes como oxígeno

Pero no hay nada más político que la forma de organización de un grupo. Todo este mapa tiene otro elemento en común: son redes y necesitan las redes para existir, desarrollarse y expandir la influencia de su visión social. De ahí el desprecio al que somenten a los grandes media y que sus principales retos sean lanzados contra los oligopolios mediáticos antes que contra los partidos. Por supuesto que la naturaleza de las redes que persiguen son diferentes, si no opuestas, pero las redes son su oxígeno y el espacio para ellas les da un frente común.

Pero si como dice Sterling las redes son media, ¿por qué enfrentarse con los grupos mediáticos? ¿Por qué no ignorarlos y desarrollarse como alternativa?. La respuesta es específica de los países latinos: por que en el mundo latino europeo no hay grandes redes sociales.

Redes contra cuadrillas

Y aquí entra en la explicación una reflexión que originalmente planteó Jorge Otero y cuyas conclusiones se han venido desarrollando durante los últimos meses hasta convertirse en parte del corpus ciberpunk.

El planteamiento inicial de Otero surgía de las dificultades de las pequeñas discográficas independientes para dar a conocer sus productos mediante el marketing viral. Básicamente el éxito de una campaña de marketing se basa en el número de impactos recibidos por el público potencial. De cualquier campaña y tipo de marketing. En estructuras reticulares densas (con muchos contactos entre los nodos), ajustando la emisión a unos cuantos nodos se puede alcanzar un tipping point con relativos pocos impactos generados directamente por el emisor, que lo extienda exitosamente a toda la red o a una subred identitaria. En el primer caso estaríamos hablando de un cambio cultural global, en el segundo del nacimiento de una comunidad o de la adopción de unas pautas nuevas por una comunidad ya existente.

¿Por qué no pasa así en España?, se planteaban Otero y los ciberpunks. Para responder tenían que preguntarse primero qué es lo que cuaja una red española, qué temas las unen. La respuesta no deja de ser descorazonadora: En general afinidades biogeográficas (haber coincidido parte del proceso educativo en el mismo centro, trabajar en la misma empresa) y poco más… y como la causa de unión de la red no es una identidad ideológica (gustos, estética, valores), cuando alguien oye un disco o va a un concierto que le gusta y sorprende, asegura Otero, no manda un mail contándoselo a sus colegas. Lo que une el grupo no es participar de una identidad, sino simplemente “ser” o “haber sido” en un tiempo y un espacio (instituto, universidad o empleo).

La forma dominante de articulación social en España sigue siendo la cuadrilla, una pequeña tribu (normalmente de entre de cinco y quince personas) que a pesar de su poder represivo sobre los miembros del grupo, no tiene una identidad colectiva real: por un lado no tiene una ideología, unos gustos o unas referencias culturales o estéticas distintas de otros miles de grupos idénticos y por otro, es internamente tan heterogénea que no genera medio. Una forma primitiva de red que es incapaz de ofrecer una mínima resistencia a la comunicación de masas. Pero que por otro lado tampoco sirve ni como medio de transmisión de nuevas ideas ni como caldo de cultivo de la innovación social. En una palabra mientras España se organice en cuadrillas, el poder de los oligopolios mediáticos y el caciquismo político estará asegurado. Leídos en esta clave, los programas del nacionalismo y el regionalismo, los planteamientos de los oligopolios mediáticos, la tecnofobia latente, las reacciones contra los incipientes medios de red, no serían sino apología del cuadrillismo, distintas caras de la defensa de los poderes fácticos establecidos.

De la cuadrilla a la sociedad red

Así que ahora podemos entender por qué aún opuestos, los grupos de nuestro mapa pertenecen colectivamente a un mismo universo y por qué todos sienten los media como enemigo. En el mundo anglosajón, como comentaba Sterling, la red es media, es decir, Internet y las redes virtuales tienden a comerse a la televisión, la prensa de papel y en general a los medios basados en diferenciar emisores (pocos y poderosos) y receptores (muchos y débiles). Es decir, en el mundo abierto la red es el medio, por eso no hay enfrentamiento entre netócratas y grupos mediáticos, porque el proceso de virtualización y desarrollo de las redes sociales allana el camino de la netocracia y sus ideas. En los países latinos en general y en España en particular, los grupos de poder establecidos basan su exclusividad en mantener el país desvertebrado, principal garantía de que su mensaje será el único capaz de hacerse oir y formar opinión. El monopolio de los medios, la ausencia de grandes redes sociales de todo tipo, deviene en monopolio de las ideas, la representación y el cambio social.

Del más reaccionario islamismo al libertarismo irreverente, los primeros grupos políticos de la netocracia española representan al fin salidas diferentes al aislamiento y una esperanza de sociedad red.

«Netpolítica» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 26 de Enero de 2004 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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