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Ni aldea ni ciudad

Una introducción breve a la arquitectura y el urbanismo del comunitarismo

Una comunidad igualitaria es un conjunto de relaciones sociales, no un territorio ni un lugar. Sin embargo, la ordenación del espacio de la comunidad es al tiempo una expresión de sus necesidades, un registro de su historia y un condicionante de su desarrollo. En este post vamos a hacer una primera inmersión en los espacios realmente construidos por comunidades igualitarias a lo largo de la Historia. Hay por supuesto mil utopías y mil aportes teóricos desde Owen a Engels, desde Bebel a los constructivistas y desurbanistas de la revolución rusa. Pero no nos interesan en este primer momento de la conversación en el que lo que corresponde es un catálogo de ideas y prácticas.

El antecedente fourierista

El fourierismo fue el primer movimiento en emprender materialmente la creación de espacios comunitarios «integrados». La obra de Fourier es clara, precisa, sobre la organización espacial de unos «palacios» pensados como base de una nueva nueva forma de socialización. El espacio y su ordenación tenían que servir a los objetivos principales de la propuesta fourierista: integración de vida y trabajo, fin de la división del trabajo, higiene y habitación saludable, comunitarización de la educación y la toma de decisiones…

Fourier tiene claro que no se acaba con la división del trabajo y el embrutecimiento que produce sin acabar al mismo tiempo con la división entre campo y ciudad. Los palacios fourieristas se diseñan como núcleos de 1600 habitantes dispersos por el campo y se espera que sus habitantes trabajen tanto en la agricultura como en la industria. Los primeros intentos sin embargo serán mucho más modestos: casas adosadas al estilo de las tradicionales «salchichas» porteñas para comunidades mucho más pequeñas que practicarán la artesanía, la agricultura de regadío y harán sus incursiones en la manufactura.

El gran experimento fourierista será el familisterio de Guisa. La división del trabajo quedaba lejos de verse abolida, pero fue revolucionario en muchos sentidos: integración de vida y trabajo, instalaciones educativas, higiénicas, sociales…

El cambio de escala produce ya una división espacial entre los palacios, la fábrica (convertida después en cooperativa de trabajo), el lavadero de ropa, la escuela y los jardines (con su pequeño kiosko de música). El gran patio interior del «Palacio Social» sirve de salón de actos y centro cultural y asambleario, aunque pronto se construye un teatro. El agua corriente llega a cada apartamento desde el primer día pero la cocina y la calefacción es individual (a fin de cuentas lo que fabrican son las famosas «estufas Godin»). Se ven ya intuiciones para la «industrialización» de los trabajos domésticos más allá del cuidado de la infancia, seguramente influencia de Owen. Una idea que luego desarrollará August Bebel en lo que hoy parece una primera teoría del co-housing.

Los icarianos

Y esa comunidad desarrollará la inteligencia humana hasta sus límites últimos; abrazará las artes y los disfrutes de la civilización sin otros límites que los de la razón y la igualdad; admitirá un infinito número de máquinas y se propondrá que su meta sea reducir el trabajo humano al trabajo de la inteligencia, el trabajo de un creador y director de máquinas.

La verdad es que la visión de Cabet en el «Almanaque Icariano» de 1843 tuvo muy difícil hacerse realidad en las condiciones de la colonia americana, lastrada desde el principio por la pérdida del capital original y la búsqueda de soluciones -y tierras- sobre el terreno. La descapitalización crónica originada en el desastre inicial imposibilitó una suficiente industrialización de la comunidad, incluso para los estándares de la época. Lejos del destino original, que resultó ser una estafa del gobierno de Texas, los icarianos tuvieron que subir el Mississippi e intalarse en una ciudad ya existente recientemente abandonada por los mormones: Nauvoo. Con todo, los diferentes intentos de asentamiento (Nauvoo, Cheltenham, Corning) compartirán elementos urbanísticos: los talleres en fila, separados de los dormitorios comunes que rodean a su vez a edificios comunitarios dedicados a la escuela y el salón comedor.

El kibutz

El kibutz es sin duda la gran experiencia comunitaria del siglo XX. Aunque no se puede hablar de planificación en los primeros años, a partir de 1920 los nuevos asentamientos contarán con la ayuda de arquitectos que además reordenarán las primeras «kvutzot». Richard Kaufmann, un arquitecto recien llegado de Alemania, será el primer responsable de planificación. Con su ayudante, Lotte Kohn, creará las primeras «casas comunales para niños», los edificios de dormitorios y edificios-comedor.

Pero el arquitecto icónico del kibutz será Leopold Krakauer. Su trabajo y su marco son básicamente románticos, tanto en la planificación como en los bocetos que hace para sí, pero casará las demandas de los comuneros y la escasez de presupuesto con un funcionalismo en el que las notas futuristas y la integración en el paisaje compensarán la falta de financiación para los adornos.

Entre los tres definirán la estructura básica del kibutz a partir de la emergencia espontánea de la división entre el espacio de compartir y el espacio de trabajar.

El kibutz tendría como estructuras básicas una serie de espacios comunes de socialización y administración (1) donde tienen lugar las asambles y discusiones, se come y se celebra juntos. Los edificios de dormitorios o bungalows (2) rodean este espacio común y las infraestructuras para niños y estudio, lo que luego será el «club cultural» y la biblioteca (3). En la perifería de la zona residencial se sitúa una zona de deportes -que más tarde incluirá piscinas- (4). Todo este conjunto comunitario está claramente separado de la zona de trabajo (5) por una serie infraestructuras comunes (almacenes, potabilizadora, depósito de agua) y jardines para paseo (6). Esta disposición básica no cambiará hasta la colonización del desierto, cuando las placas solares y el área de trabajo se separarán aun más y no siempre guardando una continuidad, del conjunto del kibutz. Pinchad sobre las siguientes miniaturas de imágenes aéreas de kibutz actuales:

Durante los años 30 y 40 aparecerán también las formas y distribuciones básicas de los edificios (pinchad en las miniaturas)

Formas y objetivos

La kvutza y posteriormente el kibutz se pensaron como estructuras urbanas de un nuevo tipo de sociedad. Se trataba de construir lugares en los que «conquistar el trabajo» desarrollando un nuevo tipo de agricultura e industria sobre relaciones igualitarias, pero también para proveer una una vida cultural «urbana» a los comuneros. Esa mezcla aparentemente imposible produjo lo que en palabras de Tabenkin no era, ni quería ser, «aldea ni ciudad». Una expresión que muestra seguramente muy bien los límites mismos del comunitarismo: construir aquí y ahora una realidad productiva, una cultura y una forma de vida que sigue definiéndose en términos negativos frente a un mundo circundante que no acaba de asomarse al cambio que sus contradicciones reclaman.

«Ni aldea ni ciudad» recibió 3 desde que se publicó el jueves 10 de agosto de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Suena a inspiración Arrsiana este post, seguro que el encuentro dio mucho de sí. Como sugerencia, un plugin de galería de imágenes haría mucho más rápida la navegación en este tipo de post 🙂

  2. Ester dice:

    Qué post más bonito! Llego tarde a comentar porque lo tenía reservado para cuando terminara el TFM (que ya está!!). Realmente es un tema del que no sabemos demasiado en arrsa!, sólo el familisterio de Fourier y otros intentos de comunalizar tareas domésticas me eran familiares por el trabajo que hice sobre las tareas domésticas. Pero los ejemplos de los primeros intentos no los conocía, y son preciosos! Quizá más incluso que cuando aumenta la escala. También ha sido una sorpresa que se dedicaran a hacer estufas. Es bonito pensar que hay una relación entre la tipología y el trabajo realizado… De hecho, eso es lo que estamos intentando desarrollar en a!. Más allá de entender los entornos construidos como una expresión de la forma de vida comunitaria, entender que la construcción de entornos hace comunidad también. Estos ejemplos parecen mostrar que así ha sido… como por ejemplo, en el desierto y el goteo. Ahí está el reto, que la relación con el entorno se entienda tan productiva y creativa como cualquiera de las actividades productivas que hace la comunidad. Hablando de las ciudades de ocio, Lefebvre decía, que el disfrute, el gozo, no podía ser un efecto de la arquitectura o el urbanismo, que se disfrutaba haciéndolos, construyendo el entorno. Como cuando jugabas a los playmobil y lo más divertido era montar todo ese mundo, y se iba montando y cambiando conforme jugabas… Yo creo que eso se ve en estos ejemplos, porque las relaciones sociales las tenemos también con cosas y lugares, están entretejidas con las que tenemos entre personas. Es muy chulo como terminas diciendo que los kibutz inventaron una forma distinta a la aldea y la ciudad, otra relación productiva con el territorio, y también con los equipamientos culturales. Ahora estoy leyendo un libro interesante de cómo funcionaban las empresas y profesionales que construyeron el París de Hausmann, me guardo estos para seguir después porque me ha dado mucha curiosidad cómo imaginaban, diseñaban y construían esos lugares, quizá podamos aprender algo de ellos para las consultas y el planeamiento.

    Muchas gracias David por introducirnos al tema!

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