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Tras Niza: por qué podemos perder la batalla social frente a los jihadistas

Nunca hicieron tanto daño ni fueron tan peligrosas las «moralinas» pseudoreligiosas de derechas etnicistas e izquierdas «tercermundistas».

atentado niza supervivientes

  1. atentado niza cacheosDesde hace varias semanas la policía francesa alertaba del peligro de atentados en la costa francesa. Los que seguimos el sistema de alarmas tanto en Francia como en España creo que coincidiremos en que el nivel de eficacia del estado en la prevención y desmantelamiento de grupos con intenciones terroristas roza lo milagroso. Sobre todo porque no se ha conseguido a costa de la pérdida o reducción de las libertades civiles y políticas. Debajo hay un invisible y profundo trabajo de inteligencia y el desarrollo de un compromiso y unas capacidades que no se pueden poner en cuestión tras cada atentado.
  2. Pero si la batalla policial demuestra que las instituciones de los estados europeos son más sólidas de lo que solemos pensar, el otro frente a la hora de contener y derrotar el terrorismo, el social, parece casi abandonado. Resulta simplemente patético ver las tendencias twitteras: #prayforNice #NoAlTerrorismo, etc. Y el «debate» por debajo es aun peor, realmente dañino, una ayuda involuntaria y perversa para la bestia jihadista: unos claman contra la supuesta «islamización» de Europa, otros culpan a la «hipocresia Occidental», reproduciendo no «las dos Españas» o «las dos Francias», sino la estulticia de las peleas entre curas trabucaires y curitas progres.
  3. atentado nizaEn primer lugar, lo que persiguen atentados como el de Niza es lo mismo que la obsesión asesina anti-shií que convirtió al Estado Islámico en un agente regionalmente relevante: que la mayoría de la población asuma que existe una divisoria étnico-religiosa y que «los otros» -musulmanes, descendientes de magrebíes, senegaleses, etc.- son un peligro. Si lo consiguen, y eso es lo que azuzan los discursos contra la «islamización», el reclutamiento se multiplicará.
  4. En segundo lugar, el discurso sobre la «culpa y la hipocresía de Occidente» no solo refuerza esa lógica de comunidad imaginada que persigue el Estado Islámico, legitima directamente el relato que hace posible el reclutamiento y convierte al Islam jihadista en una alternativa generadora de sentido para muchos jóvenes. Por supuesto es ruido de fondo, no canto de sirena, pero los cantos de sirena de los reclutadores lo tendrían mucho más difícil sin un ruido legitimador de fondo que relativizara el horror con tal de poder soltarnos la moralina.
  5. atentado niza cadáveresLa batalla social contra el jihadismo se libra en la superación de la lectura étnico-religiosa de la sociedad europea. Los que oponen la presunta fundamentación de Europa en el «humanismo cristiano» a la «islamización» son tan culpables de alimentar a la bestia como los que nos dicen que en realidad somos unos hipócritas porque nos sentimos más cercanos a los habitantes de Orlando, París, Bruselas o Niza que a los de lugares en Africa o Asia donde también hay atentados horrorosos. No solo es perfectamente normal que los ciudadanos «entiendan» mejor algo en el contexto de ciudades culturalmente cercanas, es que para un ciudadano medio entender qué significa políticamente el jihadismo en Irak o Bangladesh implica un esfuerzo previo de conocimiento histórico y social que le lleva a recibir las noticias de aquellos países desde la incomprensión y la ajenidad. Y no hay ningún pecado en ello. El pecado es relatar nuestra sociedad desde una especie de imperialismo inverso en el que los ciudadanos europeos u «occidentales» serían universal y moralmente responsables de cuanto ocurriera en el mundo. Entre otras cosas porque ese es el mismo discurso falso del Estado Islámico («Islam jihadista vs Occidente») pero sobre todo porque define a nuestras sociedades por lo contrario de lo que son y queremos que sean: si entendemos el mundo como un conflicto entre «Occidente vs los demás», acabaremos entendiendo que hay dos clases de europeos, los culpables «autóctonos» y los «inocentes» provenientes o identificados con países «oprimidos»

vacaciones 5 anochecerNunca hicieron tanto daño ni fueron tan peligrosas las «moralinas» pseudoreligiosas de derechas etnicistas e izquierdas «tercermundistas». Tenemos que dejarlas de lado de una vez. Europa y lo que significa como espacio de libertad e igualdad no se fundamentan en religión o en discurso religioso, moralizante o étnico alguno, sino en su superación desde Epicuro y los estoicos hasta hoy.

Ahora más que nunca hay que afirmar que Europa no es un espacio de convivencia y conflicto entre etnias ni religiones, sino un espacio de ciudadanía basado en la igualdad de derechos individuales. Es decir, en el «frente social» más que nunca, hay que poner el acento en la celebración y reivindicación de la igualdad y en lo que significa: el valor de las responsabilidad individual y la capacidad de construcción colectiva. Y empezar a traducirlo en conocimiento, experiencia y práctica accesible para las nuevas generaciones del precariado.

«Tras Niza: por qué podemos perder la batalla social frente a los jihadistas» recibió 6 desde que se publicó el Viernes 15 de Julio de 2016 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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