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Lo más interesante del «experimento Tokio» de Sakamura es que inaugura un modelo de «ciudad inteligente» sustancialmente diferente al de la ciudad corporativa que se desarrollará en Europa durante los años siguientes.

dokosilEl protagonista de la «smart city» japonesa no será un acuerdo entre consorcios de grandes empresas y una administración pública, sino un laboratorio de investigación abierto dirigido por el propio Sakamura, el Ubiquitous Networking Laboratory (UNL). El UNL entendió pronto que para competir con ventaja contra un Google Maps, la clave está en agregar información pública -cartografía, imágenes, programaciones culturales- con información en directo sobre el terreno provista por sensores. Es decir, no le interesa solo predecir cuándo va a llegar un autobús, sino cuanta gente va en él, si el usuario va a poder sentarse, si puede entrar una silla de ruedas y qué enlaces necesita hacer con otros medios (incluido, trenes, aeropuertos, o la misma calzada de la calle) para llegar a su destino, esté donde esté. El enfoque de Sakamura es puro y simple “Open Data en el que las empresas -que etiquetan sus vehículos y emiten en directo sus retrasos- aparecen como proveedores de info a los ciudadanos, no al revés.

Esta aproximación a la movilidad se completa con un enfoque en el que la información emitida por el mobiliario urbano sirve para dar contextos al ciudadano hasta el punto de poder guiar una silla de ruedas por la ciudad y dentro de los edificios o crear mapas auditivos tridimensionales para ciegos. Una manera de acercarse a la «ciudad inteligente» que en un país sometido a terremotos como Japón iba a modificar también la forma en que funcionan los servicios de emergencia, etiquetando rápidamente a los siniestrados y compartiendo información en tiempo real entre el personal sanitario en el terreno, los hospitales de referencia y el centro original del paciente.

ordenador ubicuoLa pregunta evidente es qué ven las empresas japonesas que no parecen estar viendo las europeas para involucrarse y financiar un esfuerzo de este tipo en vez de cargárselo a las administraciones públicas buscando generar un cliente cautivo. La diferencia nace de que las empresas japonesas producen dispositivos de consumo. Ven en el mundo Tron y en la computación ubicua un estándar libre emergente que puede ser triunfador si es aceptado en el resto de Asia… y buscan aplicaciones para adaptar ya sus productos actuales a una ciudad y unos hogares donde todo conecta con todo.

Los QRs urbanos

realidad ampliadaEn todos los modelos de Sakamura llama la atención la ausencia de códigos QR. Los uCode del proyecto Tron, son etiquetas de radiofrecuencia como las RFID que protegen del robo los productos de la mayoría de las tiendas europeas. Las que vemos en las tiendas son etiquetas pasivas que responden a una señal, por eso pueden ser leídas para hacer la cuenta de lo que se va cobrar o por un arco que pita cuando cruzamos el umbral de la puerta y la etiqueta no ha sido extraída.

La mayoría de los uCodes de Sakamura son sin embargo activos, emiten información permitiendo a otros dispositivos -por ejemplo el teléfono móvil de un usuario o un router wifi- posicionarlos o recibir los mensajes que envía. Eso es lo que permite la continuidad entre el mapa dinámico e interactivo y la realidad ampliada. Y lo hace abierto además: cada edificio, cada tienda, cada restaurante, cada ciudadano, se convierte en un potencial emisor por sí mismo, sin tener que abrir una cuenta en ningún lado. Si nuestros objetos se integran en una microred de nuestras casas en el hogar o la oficina, los lugares etiquetados generan una verdadera web paralela residente en el territorio. Algo que queda muy lejos tanto de lo que se puede hacer con un QR -solicitar un eco informacional a una imagen- como del modelo de realidad ampliada dependiente de grandes servidores centralizadores que impulsan Google y otras compañías.

qr ayuntamiento teguiseMientras tanto, a partir de 2007 se dió el boom de los smartphones en Europa y EEUU. Lo que muchos pensaron que iba a ser el momento de generalización del QR, se convirtió en todo lo contrario. Ni iPhone ni Android incorporarán un lector de códigos en la aplicación por defecto de la página. Aunque su uso se extenderá en la cartelería y la publicidad estática, el QR no llegará a convertirse en un estándar de comunicación, apenas se usará en las tarjetas de visita y prácticamente nadie dejará QRs con mensajes cortos a los amigos.

El QR se usará fundamentalmente como elemento básico de la interacción publicitaria, un equivalente móvil a un «me gusta» o incluso, como harán algunas marcas literalmente un enlace al «me gusta» de facebook. Para las administraciones municipales servirá como una suerte de «expendedor virtual» de mapas urbanos, horarios de autobuses o folletos. Y para los ciudadanos y tiendas, en algunos casos, como un sistema de checking, como un «estuve aquí» que puede ser muy útil para eventos sociales de todo tipo.

Etiquetar la ciudad

Comparar los QRs de los spime con los uCodes japoneses y de nuevo estos con los QRs de la cartelería urbana europea no tiene sentido en sí mismo. La cuestión de fondo es para qué queremos etiquetar la ciudad. Y sobre todo, desde qué modelo, porque una arquitectura de información que quiera coser las costuras de la cohesión social va a pedir sistemas y lógicas de etiquetado muy diferentes del de la smart city recentralizada. (Continuará)

«No todas las etiquetas son iguales» recibió 3 desde que se publicó el miércoles 29 de abril de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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