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NoMos y Panks: no quiero ser mamá

Por alguna razón, algunos padres y madres se sienten amenazados por aquellos que defienden la normalidad de no desear reproducirse. Pero ese deseo no es contagioso ni mayoritario, como tampoco significa que las «no mothers» odien a los niños de los demás.

legionTal como pasó con el divorcio, las relaciones homosexuales o las parejas que no se casan, la decisión meditada de no tener hijos por parte de las mujeres se está convirtiendo en algo cada vez más normal. Este estilo de vida ya cuenta en su defensa con libros, artículos en prensa y hasta con dos nombres: «Panks» (Proffesional Aunts No Kids) y NoMo (No Mothers).

Mirando a nuestro alrededor, cada vez encontramos a más parejas sin hijos que no tienen problemas para concebir, simplemente no desean tenerlos, y sobre todo, se nota en el ambiente que la presión social sobre ellos va decreciendo. No en vano una de cada cinco mujeres en Inglaterra, Irlanda, Canadá y Australia está llegando a los 40 sin hijos. En Estados Unidos, el 36% de las mujeres entre 15 y 44 no son madres, según datos del censo de 2010, con un aumento del 35% desde 1976. En las estadísticas, por supuesto, están también las mujeres que no pueden concebir, pero teniendo en cuenta lo extendidas que están las adopciones y maternidades subrogadas, el número es realmente significativo.

Hay quien puede objetar que no se puede comparar la decisión de no tener hijos con el divorcio, la homosexualidad o la vida «en pecado», pues la no reproducción nunca estuvo legalmente penada. Pero todos sabemos que eso no es cierto, lo que supone meterse en el tema espinoso por antonomasia. Lamentablemente, la legislación sobre la maternidad ha llegado a ser realmente retorcida y aterradora, justamente cuando se une a la planificación estatal.

La Rumanía de Ceaușescu

Orfanato rumanoNicolae Ceaușescu fue presidente de Rumanía desde 1967 a 1989, veintidós largos años en los que se dedicó a destruir sistemáticamente la vida de los habitantes del país, de sus contemporáneos y también de aquellos a los que no llegaría a conocer. Para sus planes de desarrollo, los números le decían que necesitaba aumentar la población, así que le pareció lo más natural «planificar» el crecimiento demográfico imponiendo un impuesto extra del 30% (en una economía casi de supervivencia) para las parejas entre 25 y 40 años que no tuvieran ya al menos cuatro hijos. Por supuesto, los anticonceptivos y las interrupciones del embarazo estaban totalmente prohibidos. En 1985, el número mínimo de niños subió a cinco y la edad de aplicación de la ley a los 45.

La ley funcionó (en solo un año se duplicó el número de nacimientos) pero a costa de que la tasa de abandono subiera por las nubes por la imposibilidad real para muchísimas parejas de hacerse cargo de tantos hijos. El resultado fueron los llamados leagăne u orfanatos estatales rumanos donde la falta de medios y el exceso de niños derivó en un ratio de 20 niños por cuidador. Esta situación permitía apenas que los niños fueran alimentados y mínimamente aseados, lo que en ningún caso permitía era que recibieran atención o contacto físico alguno.

Orfanato rumano 2A estas alturas, hay estudios de sobra acerca de la importancia del contacto físico en los primeros años de vida. Se habla mucho de los niños que solo ven a sus padres un rato por las noches y de como afecta a su psique, pero esos niños son el culmen de la salud emocional comparados con los que ni siquiera han tenido una niñera y sobre todo, como el caso de los niños de Ceaușescu, con los que no han sido siquiera tocados (besados, abrazados, subidos en brazos, acariciados…) nunca en su vida.

En 1994, Mary Carlson y su marido, Felton Earls, realizaron en Rumanía, ella como neurobióloga y él como psiquiatra, un estudio con niños de esos orfanatos, en el contexto de una investigación sobre los efectos de la privación de contacto físico en los bebés. Al igual que en sus observaciones con monos aislados desde pequeños, los doctores se encontraron con niños prácticamente mudos, sin expresiones faciales de ningún tipo, completamente retraídos, incapaces de mantener una conversación y con múltiples tics. Ulteriores pruebas hormonales detectaron niveles anormalmente altos de cortisol. Cuando separaron un grupo de niños y aumentaron el número de cuidadores, los pequeños empezaron a interactuar, su comportamiento se normalizó y los niveles de cortisol bajaron.

Baby Arby UtopiaDesde un punto de vista meramente práctico obligar a las mujeres a tener hijos, porque eso es lo que hizo Ceaușescu, es contraproducente. De qué te sirve tener trabajadores suficientes para tu plan de crecimiento si van a estar mentalmente tarados, siempre que no acaben siendo asesinos en serie. El crecimiento de un país reside en la capacidad de sus ciudadanos para desarrollar habilidades técnicas e intelectuales, algo imposible si ni siquiera entienden el significado de las expresiones faciales.

Está claro que las políticas demográficas de Ceaușescu representan un extremo, pero estaría bien que nos sirviera para recordar que planificar cosas que implican emociones, como es la crianza de los niños, debe quedar en el plano estrictamente personal y por tanto, el estado no debe meterse en medio si no quiere generar daños irreparables.

El egoísmo de las NoMos

i-cant-believe-it-i-forgot-to-have-childrenVolviendo a las mujeres NoMos, su normalización sigue siendo atacada por voces más respetables de las que podríamos pensar y que no responden a valores religiosos. Sin ir más lejos, en el TEDx celebrado el mes pasado en Gijón, una de las charlas fue impartida por un médico especialista en tratamientos de fertilidad, que daba la alarma sobre la tendencia al alza de retrasar el primer hijo todo lo posible, debido a los deseos – al parecer incomprensibles y completamente egoístas – de las mujeres de realizarse profesionalmente antes de ser madres.

En los comentarios a este artículo, podemos leer, así como en la charla TED, alusiones a la responsabilidad inalienable de las mujeres para evitar la extinción de la especie y sobre todo para evitar que la repoblación sea llevada a cabo por extranjeros de países más pobres y color de piel tirando a oscuro.

Otros ataques vienen por el lado emocional, advirtiendo a esas mujeres que no tendrán quien les haga caso cuando sean ancianas y necesiten cuidados o que sentirán un vacío existencial solo resoluble con la maternidad cuando ya sea demasiado tarde para ellas. No hablemos de los que explican la decisión de no concebir diciendo que se trata de mujeres que tienen miedo, se sienten incapaces, son inmaduras o sencillamente muy egoístas.

Dora la exploradoraPor alguna razón que no llego a entender del todo, algunos padres y madres, así como aspirantes a serlo, se sienten amenazados por aquellos que defienden la normalidad de no desear reproducirse, como si el hecho de que yo no quiera vivir en el campo suponga que odio a los campesinos o que si me gustan los perros y los acaricio por la calle, lo lógico es que me compre uno, sin importar donde vivo o si mis horarios son compatibles con una mascota.

Esto de las NoMos no es mayoritario ni contagioso, así que los temerosos de la extinción pueden estar tranquilos. El problemita de las pensiones se soluciona aceptando a esos «seres inferiores» procedentes de otras tierras, que están bastante dispuestos a cotizar por triplicado.

El miedo a las NoMos y la desubicada idea de que odian tanto a los niños como a sus madres, no sé como se soluciona. Quizá esta corriente de normalización siga su curso y solo sea cuestión de tiempo. La asociación Gateway Women, a pesar de haber sido creada por una mujer que sí quería tener hijos, agrupa y defiende a mujeres que no van a ser madres por el motivo que sea.

Cameron Díaz y Jennifer Aniston Las mujeres famosas, que no dejan de ser role models, cada vez suman más NoMos entre sus filas, algunas pioneras y otras que se van atreviendo a salir del armario. Katharine Hepburn, Dolly Parton, Anjelica Huston, Liza Minnelli, Condoleezza Rice, Oprah Winfrey, Helen Mirren, Marisa Tomei, Jennifer Aniston o Cameron Díaz entre otras, han dicho sin tapujos que no desean ser madres. Dentro de unos años, las miradas de lástima y los comentarios críticos serán patrimonio de unos pocos. La maternidad será una opción vital más y la diversidad habrá ganado de nuevo.

«NoMos y Panks: no quiero ser mamá» recibió 70 desde que se publicó el jueves 26 de marzo de 2015 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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