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Ohayon, un detective culto en el barrio ruso de Jerusalem

Siguiendo con la nueva serie de la Biblioteca de las Indias, “novela negra por países”, he terminado ‘Un asesinato literario’ de Batya Gur que tantos recuerdos me ha traído de la Universidad y que ha despertado de nuevo el debate familiar sobre el sionismo.

Acabo de terminar el tercer y de momento último libro adquirido por la Biblioteca de Batya Gur (la escritora israelí fallecida el año pasado), y como siempre, sus personajes siguen paseando por mi cabeza durante días con increible intensidad, como si fueran parte de mi mundo.

Mi descubrimeinto de esta profesora, escritora tardía (aunque no tanto como Camilleri) y su superintendente Michael Ohayon, produjo en mí un renacer de la fascinación por Israel, la única utopía del siglo XX que se ha hecho realidad.

Casi la totalidad de la serie de Ohayon, el detective sensible y culto de ojos oscuros y sonrisa irresistible, se centra en cada caso en una de las principales instituciones de Israel: la Universidad, el Instituto Psicoanalítico, la música clásica y el kibbutz.

Al leerlos, comprendes por qué Batya Gur se convirtió en un elemento incómodo y poco querido. En todos los casos, los crímenes hacen de detonante para la completa destrucción espiritual de la sagrada institución. En primer término porque naturalmente, el crimen (o los crímenes) ha sido cometido por alguien de dentro. La situación ha estallado en derramamiento de sangre cuando alguna de las ocultas y más perniciosas miserias humanas del colectivo ha llegado a un callejón sin salida.

A continuación, comienza la operación guillotina. El agudo superintendente Ohayon necesita conocer a fondo el funcionamiento y la personalidad colectiva de la institución para llegar a resolver el misterio. Así, a parte de conocer muy a fondo a los implicados, acaba siendo un experto en poesía hebrea, terapia psicoanalítica, música barroca o en los más complicados elementos de la organización del kibbutz, según el caso.

En cuanto a los personajes, tan sólo salva la cabeza de uno como máximo. Todos tienen algo que ocultar o algo de lo que si no se avergüenzan, deberían y mucho. Los tipos humanos, según gremio son tan fácilmente reconocibles también fuera de Israel, que leyendo por ejemplo Un asesinato literario. Un caso crítico, sobre dos asesinatos en el departamento de literatura hebrea de la Universidad de Jerusalén, me parecía estar de nuevo en la facultad de historia del arte donde estudié.

Reconozco perfectamente al ‘supremo catedrático’, intocable hasta para el Decano, que camina por el pasillo sin pisar el suelo, que te hace notar constantemente la enorme molestia que le produce el tener que bajar desde las alturas hasta un nivel que permita al menos que puedas oírle y que por supuesto no se lee tus trabajos, ni te sube de notable ni te concede siquiera el honor de existir a no ser que seas un elegido doctorando por la luz sagrada o un lameculos profesional.

También reconozco a la divina anoréxica mística que no soporta la visión de un cubo de basura y que tiene que moverse en taxi porque no soporta el olor de otros ni que otros la toquen, así como a los que siempre la recogen cuando se desmaya y babean ante ese ser delicado que no es capaz de soportar la fealdad del mundo.

Y como no, a la amargada secretaria pitón que ultiliza la burocracia como arma de destrucción masiva para sentirse mejor durante 5 minutos.

En fin, que cuando estás terminando el libro acabas deseando que muera hasta el bedel.
Como decía, toda esta caída de máscara de lo sublime y respetable del estado de Israel no hizo sino renacer mi admiración y mi curiosidad por ese país polémico y a veces injustamente tratado por los creadores de opinión europeos. Ese país de emigrantes, que fue a materializar su sueño de realidad nacional al peor sitio del mundo, que hizo del desierto un jardín y un centro de desarrolladores de tecnología de vanguardia con records en los índices de licenciados y en el número de ateos, lo que llama la atención en el caso de una utopía basada en la religión.

Contra sus defectos, y contra esa parte de la población y de la clase política que creen que las cosas se solucionan de una vez y para siempre con mucho coste y sin vuelta atrás, valga la autocrítica ácida de una de sus escritoras más famosas para demostrar la madurez de un país tan joven.

«Ohayon, un detective culto en el barrio ruso de Jerusalem» recibió 0 desde que se publicó el Martes 16 de Mayo de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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