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Ojos en el cielo

La guerra en el aire abandona los aviones y se puebla de baratos y potenentes robots no tripulados controlados desde terminales a distancia. Tras el cambio: la nueva carrera espacial y la apertura del posicionamiento satelital. Un mundo donde las compañías privadas se miran ya en el espejo de las viejas potencias de la guerra fría y buscan aplicaciones civiles.

El coronel Eric Mathewson es un viejo pioto a punto de dejar el servicio activo. Sus mayores éxitos en el aire los ha conseguido sin embargo sin levantar un palmo del suelo.

2002, montañas de Afganistan: en un combate con la guerrilla talibán un pelotón de marines queda encerrado a pocos metros de un nido de ametralladoras. La aviación no puede despejar el camino sin matar a los propios. Los helicópteros no son opción, ofrecerían un blanco fácil. El fantasma de una situación tipo Blackhawk derribado se dibujaba ya nitidamente.

Pero casi diez años después de la batalla de Mogadiscio la tecnología de posicionamiento y control remoto satelital había avanzado sustancialmente. En principio dedicados exclusivamente a labores de reconocimiento, los nuevos aviones no tripulados tenían todo para convertirse en ese arma quirúrgica que requería la situación. La escuadrilla del Coronel Mathewson tenía uno cargado con dos misiles… y estaba decidido a probarlos. El primer misil lo dedicó a un ejercicio de tiro y calibrado contra una roca perdida camino del campo de batalla. El resultado fue prometedor. Pero sólo dejaba un tiro. Todo o nada con la vida de soldados propios en la balanza.

No falló. Mathewson fue el primer piloto propuesto para la Cruz del Merito Aeronaútico por una acción con un avión no tripulado. No le fue concedida. En 2002 la idea de que el papel de la fuerza aérea evolucionara hasta convertirse en un remedo del Juego de Ender desagradaba incluso a los propios militares. Pero el hecho es que el perfil más demandado hoy en la USAF es ya el de piloto de aviones no tripulados (UAV). Las razones parecen, ahora obvias:

  • Formar un piloto es carísimo, los pilotos de Predators y Reapers se forman en unas semanas de curso. Los UAV son ellos mismos mucho más baratos. Perder uno en combate además no supone arriesgar la vida de un piloto.
  • En contextos como el de Afganistán o Iraq, con la aviación a 15.000 pies de altura, a salvo de los misiles tierra aire de los guerrilleros (que estallan automaticamente a los 13.000), los drones reducen el número de errores en acción, las bajas civiles y el coste en combustible y personal por hora de servicio

El resultado es previsible. Según John RobbLos drones dominarán por amplio margen las operaciones de la fuerza aérea estadounidense” durante los próximos años.

Las guerras del GPS

Lo que se aprecia ahora es que si la guerra en el cielo va a ser una guerra de robots al estilo de Islas en la red, la carrera militar de nuestros días será por el control de los sistemas GPS y por colocar satélites en órbita a bajo coste.

Lo interesante es que si esto está ya en el horizonte, si pronto por menos de 20 millones de euros cualquier gran compañía o estado podrá contar con su propia red de geoposicionamiento y comunicaciones satelitales, la carrera no será ya tanto entre las grandes potencias -que a fin de cuentas ya disponen de la infraestructura- como entre estados emergentes, corporaciones privadas y empresas militares.

La lógica del drone es a las finales la de todo el desarrollo tecnológico de nuestra época: equipamientos más ligeros, más baratos, geoposicionados y replicables. Es decir, la individualización y distribución de la tecnología. Lo que la lógica puntocom de Rumsfeld no quiso ver durante la invasión de Iraq es que la universalización tecnológica en un mundo de redes distribuidas convierte todo conflicto en un potencial swarming.

Drones de fuente abierta

La tecnología drone casera es hija de la potencia colaborativa de Internet, la lógica del software libre y la tradición de los fanáticos del aeromodelismo.

Basta buscar en Youtube hexacopter, uno de los modelos más populares y mejor documentados para descubrir un verdadero swarming transnacional de esfuerzos, versiones y mejoras en todos los idiomas.

Fenómeno interesante: en la reciente edición de Sicur quedó claro que los millones invertidos en el boom de los drones durante los últimos años no sirven para competir lo suficientemente rápido por el mercado civil. Los desarrollos abiertos son más versátiles y baratos. El único negocio privativo que sigue siendo posible está en el software de análisis de imágenes como el presentado por el CSIC español… aunque cualquiera se preguntaría porque el producto de una inversión pública no habría de ser de dominio público y en todo caso, cuanto tiempo tardaría en desarrollarse una versión libre de este tipo de software en caso de que realmente los agricultores le vieran utilidad.

Conclusiones: Un nuevo cielo

Empezamos a vivir las primeras consecuencias de la nueva carrera espacial y la liberación de los sistemas GPS: el uso intensivo de nuevos servicios y productos de fuente abierta basados en el geoposicionamiento.

Ya está cambiando la forma de hacer la guerra. Puede que pronto cambie la gestión agraria y ganadera, la forma de trabajo de equipos de rescate y catástrofe, la cartografía digital, el control forestal y la monitorización de animales salvajes e incluso los sistemas de control de tráfico o la seguridad urbana.

Los drones nos ofrecen tener ojos en el cielo, toca ahora mirar desde una nueva perspectiva.

«Ojos en el cielo» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 14 de Marzo de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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