El Jardín Indiano

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

Ostrom como excusa

¿Es el comunal un artificio que necesita de sofisticados aparatos normativos y por tanto de técnicos para su implantación?

El futuro aquí y ahora: Keynes, Marx, Dewey, Foucault, Dreikurs, Zamenhof, etc.

amoreiras
Resulta sorprendente el énfasis que los entornos académicos y para-académicos que estudian el comunal han puesto en el trabajo de Elinor Ostrom. Uno podría pensar que al recibir el Nobel se convirtió en una especie de santa patrona cuya invocación daba automáticamente más peso a cualquier estudio sobre el comunal dentro de la Academia. Pero si profundizamos en el trabajo de la politóloga, podemos descubrir algo más, algo especialmente atractivo en ciertos entornos: la «artificialidad» del comunal, la necesidad que tendría de un complejo juego de normas y equilibrios para ser viable.

olstromEs una mirada que aporta luz sin duda sobre ciertos aspectos de algunos comunales agrarios tradicionales. Pero que al generalizarse invisibiliza algo mucho más importante: todo lo social es «artificial» efectivamente, pero el comunal aparece una y otra vez en la producción común de las necesidades de una comunidad, como algo «natural» y «espontáneo» a los que lo crean. ¿Por qué? Merece la pena detenerse un poco en esto. Más que nada porque la idea implícita bajo todo lo que se describe como «artificial» y «sofisticado» es que es necesario contar con «saberes especiales», académicos o «técnicos» para ponerlo en marcha, regularlo, discernir qué es y qué no es comunal, etc. Ostrom se conviertiría así en excusa para argumentar la tutela de grupos de teóricos y centros académicos sobre el proceso social. Conociendo el negocio académico, quién sabe si no sería el primer argumento para formar supuestos «técnicos especializados» en Derecho y economía del procomún.

Pero no parece que fuera necesario ningún saber jurídico o sociológico especial ni en el nacimiento del cooperativismo desde los comunales premodernos, ni en la expansión del software libre, donde es bien conocido que Linus Thorvalds no escogió la licencia GNU por convicción ideológica sino porque simplemente le pareció «lo natural» para lo que pretendía hacer.

Y a escala mucho más pequeña pienso en nosotros mismos: cuando empezamos, hacer una bolsa común con los ingresos de nuestra pequeña cooperativa no fue el resultado de ninguna opción ideológica, era «lo que tocaba». Más adelante, cuando los resultados económicos mejoraron y podíamos pasar a un sistema «normal» de retribuciones, nos dimos cuenta de que en realidad nos gustaba más vivir así y que no queríamos cambiar, pero tampoco lo teorizamos. Solo con el tiempo se convirtió en parte de nuestra identidad.

Hoy mismo, encontraba otra historia curiosa bien cerquita, en el Alentejo. Con la crisis, Gaia, una asociación ecologista que estaba poniendo en marcha un centro de dinamización rural basado en permacultura en la aldea de Amoreiras, ofreció casa y albergue a quienes, desesperados por el desempleo de la ciudad, quisieran «refugiarse» en un entorno colaborativo. Empezaron a llegar algunas familias y organizarse para restaurar los alojamientos.

La periodista describe la economía creada por las siete familias como una:

mezcla de libre empresa, solidaridad, compartir comunalmente y comercio cooperativo

Es una buena descripción de un modelo que no es ni nuevo, ni nadie tuvo que planificar. Surgió. Y no lo hizo porque nadie tuviera que diseñar ni certificar un sofisticado conjunto de reglas. Era algo que ya estaba ahí, en la herencia cultural y en las tradiciones de las clases populares de todo el mundo.

No hay un fuera. El comunal no es una complicada tecnología social que poseen o proponen vanguardias políticas y académicas. Organizarse como comunidad no es tampoco un saber especializado que inventara o «descubriera» Oltrom o cualquier otro. La experiencia comunitaria y su centro, el comunal, están ahí, a nuestro alrededor, en nuestros valores y reflejos culturales. Y me atrevo a decir que si se quiere aportar realmente a su desarrollo contemporáneo seguramente es más valioso poder reconocerse en ellos que insistir en las supuestas complejidades de una rama del Derecho que surgió con el uso.

«Ostrom como excusa» recibió 17 desde que se publicó el Viernes 23 de enero de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Me resulta muy interesante tu apunte sobre la artificialidad de los bienes comunes que conlleva la aproximación de Olstrom. Enfatizarlo y ponerlo como base conceptual implica, como estamos viendo, la invisibilización de formas de hacer, de formas de orgarnizarse, que de forma esponténea y natural han estado presentes a lo largo de la historia. Producción comunal, sistemas de solidaridad, de previsión social… desaparecen del discurso. Pasamos de los comunales agrarios a las respuestas de colectivos que ante la crisis se organizan para mantener determinadas coberturas sociales.

    Con tu referencia al software libre, no puedo evitar ver cierto paralelismo entre Olstrom y Lessig. Se prioriza una solución que reduce las fórmulas existentes, asumiendo que será adoptada por un número mayor de individuos y por lo tanto generar un impacto social positivo en un mejor lapso de tiempo.

    • Si, y otra cosa creo que es llamativa: esos colectivos que se «organizan para mantener determinadas coberturas sociales» en muchos casos ni sustituyen con «cobertura mutual» las «coberturas sociales» ni tan siquiera son «sociales» en muchos casos, sino actividades culturales con espacios para socialización. Algo sin duda valioso e interesante, pero por si mismo muy lejano del comunal.

  2. Detrás de esta supuesta artificialidad se encuentra también el interés por invisibilizar el que a veces la explotación de ese comunal se hace de manera un poco casposa, como los que lo vendieron para refaccionar la iglesia del pueblo.

    La etiqueta «novedosa» del comunal no tolera que lo importante es que exista y sea natural, más allá de si las jubilaciones de los pobladores que quedaron en una región permiten tomar decisiones que no nos gustan respecto de cómo gestionar el comunal.

  3. Mario dice:

    Por cierto, ¿y si le llamamos como corresponde? OSTROM!!!!

  4. Joshua dice:

    Pues a mí esta disquisición, aunque tiene aspectos muy acertados, me suena mucho a los soliloquios del “ateo de Vetusta”, personaje inolvidable de La regenta de Clarín.
    Ojo con poner vuestras sucias manos estatistas en los comunes, porque aquí, comunes, lo que se dice comunes, solo son los que salen espontáneamente de la naturaleza humana. ¿Comunes? los comunes somos nosotros y siempre seremos una minoría, como debe ser…
    Dicho esto, me ha hecho reír mucho lo de la invocación a la Santa patrona Ostrom. Sí que es cierto que, desde que fue subida a los altares suecos, hay mucho texto vacío que parece llenarse solamente con vagas referencias a principios generales y que acaba párrafos con la consabida cita-invocación. Pero eso no es culpa de la santa sino de la enorme cantidad de espuma sin jabón que llena informes, estudios y hasta artículos científicos que solo son justificantes falsos de trabajo.
    Si alguno de verdad leyese sus trabajos y se arremangase para aplicarlos a su entorno inmediato, otro gallo nos cantaría. Tampoco creo que tenga la culpa del corporativismo de determinadas disciplinas científicas que ya no saben como hacer para justificar lo que cobran.
    Yo pensaba que la “l” de Olstrom era fruto del intento de poner la diéresis, pero ahora veo que está enmedio la ñ, y ya no sé qué pensar.

    • Joshua, no hablamos de «comunes» (personas) sino de comunal (cosas, bienes -generalmente de capital compartidos y gestionados comunitariamente) y la gracia es justamente que el comunal lleva ahí toda la vida y en algunos sitios, como Galicia, resulta que son la mitad del territorio y para funcionar nunca necesitaron de la «guía» de nadie, fíjate que curioso ¿cómo haría esa gente en su mayoría analfabeta y necesitada de producir su escaso sustento, algo tan sofisticado que hoy nos cuentan que solo se puede hacer por con la ayuda de una legión de post-docs precarios con una tremenda fobia a todo lo que huela a productivo?

      Y hablando de fobias, lo de ponerle la «l» no fue cosa de typing, sino de mi cabeza, que se empeña en escribir mal los nombres que asocia a las cosas que le dan coraje… algunas veces salen cosas graciosas y todo 😀

      Pero vamos, en este caso, no hay rechazo hacia «la Santa» sino a su uso interesado y agobiante.

      • Joshua dice:

        David,
        No, a mí también me ha llevado demasiado lejos la metáfora del ateo de Vetusta. Cuando escribo comunes me refiero a los bienes comunes. Y claro que entiendo que por pura evolución de milenios se ha llegado a equilibrios muy interesantes que se han venido despreciando. Precisamente, ése es el punto de arranque de Ostrom. Pero esa actitud de la entrada de descalificar las aproximaciones “sofisticadas” o “artificiales” de la academia tampoco me parece muy acertada. Precísamente éso es lo que aporta la buena literatura que parte de Ostrom. Pero ni ella ni los que han trabajado bien a partir de eso tienen la culpa de esa marea de trabajos superficiales e inservibles que inundan ese mundo de los informes-papers-memorandums. Ya sé que no solo pasa con este tema, pero es uno en el que puede ser muy evidente.
        En resumen, bien está lo que criticas, pero tampoco llevemos el péndulo demasiado lejos: no vaya a ser que perdamos la perspectiva.

        • Estoy de acuerdo contigo. No es la sofisticación de los trabajos lo que nos preocupa, al revés, bendito sea si tenemos buenos materiales de todo tipo de los que aprender.

          Lo que nos resulta preocupante es que se use la supuesta sofisticación, no de los estudios, sino de las autoregulación del comunal para que un grupo profesional busque empleo público proponiendo regular desde el exterior un fenómeno social que lleva siglos sin necesitarlos en absoluto, creando certificaciones, técnicos, etc…. porque parece que a eso es a donde conducen todos estos esfuerzos «por los comunes» a medio camino entre la universidad y el activismo.

          • Joshua dice:

            Hablando se entiende… y converge la gente. Ambos sabemos exactamente a qué nos referimos y tenemos en mente más de un ejemplo. Tú lo planteas ex-ante: crear sofisticación de la nada para justificar empleo público posterior para “mi gremio”; y yo lo planteo ex-post: como justificar un empleo público ya creado porque había que hacerlo y no sabemos muy bien para qué.
            Ni que decir tiene que, en ambos casos, lo que menos importa es qué va a pasar realmente con los dichosos bienes comunes o, en tu terminología, comunales.
            La mía es una aproximación muy cínica y agria, lo sé; pero es la que tengo.
            Por supuesto, este estado de cosas puede y debe cambiar.
            Y no, no creo que sea posible que la mayoría de los equilibrios históricos en la gestión de bienes comunes sean viables sin ningún tipo de protección-defensa.

            • No, yo tampoco, por supuesto que el comunal tiene una autorregulación y por supuesto que necesita, al subsumirse en economías más complejas, un marco legal que lo defienda o al menos, que lo inserte en el Derecho con reglas claras (me viene a la cabeza todo el desarrollo del derecho foral, especialmente el navarro donde se le llama «comunal» o «tierras comunales», por cierto). Pero vamos, como dices, no era ese el tema 🙂

              No se si descubres nuestro blog con este post, pero en cualquier caso, bienvenido! 🙂

              • Por cierto, creo que la vieja denominación jurídica española de «comunal» o «tierras comunales», que remite a la organización comunitaria (y por tanto señala un conjunto de responsabilidades, equilibrios y normas propios de un conjunto político claramente delimitado, la comunidad propietaria) es mucho más apropiado que «comunes» o «bienes comunes» término que no parece remitir a ningún sujeto, a ningún propietario… lo que es importante en cualquier forma de propiedad (parece que a veces se quisieran confundir con los bienes libres, incluso).

                • Joshua dice:

                  Conozco y valoro muy positivamente este blog, pero como en aquel chiste del niño al que sus padres creían mudo hasta que un día al desayuno le faltó azúcar, todo me parecía perfecto 🙂
                  Mi deformación profesional es muy profunda, y los economistas, que hemos sido bombardeados por décadas con The tragedy of the commons de Hardin, hemos acabado traduciendo por “bienes comunes” y, lo que es peor, asumiendo que The tragedy era realmente el único final posible de… “lo que no es de nadie”. Como sabrás, la respuesta del “Windows” económico es: pues que se privatice y ya verás como se soluciona todo (le dieron el Nobel a Coase en 1991 por un teorema que dicen que enunció sobre eso gente que era más coasiana que el propio Coase)
                  Ahora estamos tratando de revertir tanta morralla pseudocientífica, pseudomoral y pseudojurídica en nuestro sistema operativo. Pero cuesta un montón instalar un software distinto y, a ser posible, libre ;-). Es por eso que admiro, respeto y trato de seguir a Ms. Ostrom.

                  • jajaja! Me gustó lo del azucar! 🙂
                    La verdad, no es que me parezca mal traer una politóloga a la fiesta, peeeeeero realmente no hacía falta: a partir de Nash el camino ya estaba abierto. Recuerdo que discutíamos eso en los pasillos de la facultad y recuerdo la fruición con que devoré el Kreps para argumentar lo mismo, y las conversas con Juan poco después sobre la introducción de otras racionalidades y en otro plano, más sencillo, introduciendo sensatas restricciones al estilo de Baumol para criticar a Coase sin tantas complicaciones con mis alumnos de Ec. de las Organizaciones…

                    Eran los noventa cuando yo estaba en la facultad y el comunal era tema simplemente porque, a pesar de todo, las tierras comunales estaban ahí y funcionaban desde hacía siglos y las minas no se agotaban tampoco aunque los japoneses parecieran empeñados en extinguir las ballenas (seguramente animados por algún lobby coasiano :)).

                    En fin, que nunca me gustó demasiado el tipo de Economía que hacían los de los departamentos de Estructura y sí los de Teoría y que por eso, aunque sean interesantes y se puedan aprender muchas cosas de otras aproximaciones, nunca acabé de encontrar qué era eso tan valioso que la Teoría Económica debía a Ostrom (sin negar, por supuesto, que la Politología, la Antropología y la Sociología se lo deban).

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  1. […] A partir de las exposiciones y de las conversaciones mantenidas más tarde con los demás indianos, se nos generó cierta curiosidad respecto al enfásis en la artificialidad sobre los bienes comunales y sus posibles implicaciones y causas. El resultado del debate lo redactó David en un post específico ayer. […]

  2. […] haver donat molts fruits. Tot i això la conversa va seguir sobretot a las indias. Per un cantó un post amb les reflexions sobre si el factor artificial dels ecosistemes basats en comunal des de […]

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