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ONGDs y comunidad real

Las ONGs dedicadas al desarrollo fueron pioneras en el desarrollo local y centraron su actividad en la acción en comunidades reales y sin embargo…

No son pocas las críticas que pueden hacerse a la ideología de la cooperación al desarrollo. Entre otras que no ha alcanzando nunca sus propios objetivos: transformar las bases sociales y económicas de una región o estado poniendo en marcha procesos endógenos.

Y sin embargo las ONGDs han sido pioneras diseñando marcos y teorías para el desarrollo local y han centrado su actuación en comunidades reales. La primera idea es que nos viene a la cabeza es que «algo se podrá rescatar», que a fin de cuentas no deben estar tan lejos de entender esos «futuros que vienen» imaginables desde la escala humana

Pero la práctica, la conversación y hasta la estética nos dicen que no es así. La «ideología de la cooperación» falla en algo más que en su antimercatismo y antiglobalismo, en algo más que en su lenguaje de chantaje emocional y culpabilización permanentes. Falla en algo aún más básico que la teoría económica. Falla en lo más importante de toda aseveración: el «quién».

Es cierto que el movimiento de cooperación al desarrollo se ha centrado en actuar sobre comunidades reales… pero se acercaba a ellas no como tales sino como representaciones del «otro». Un otro al que había que ayudar desde un «nosotros» adornado cuando menos por la «responsabilidad» de conseguir un cambio que le liberara de la culpa y la «complicidad» con la desigualdad más espeluznante. Con esas alforjas, con esa perspectiva no es de extrañar que los resultados sean escasos y las contradicciones flagrantes.

El punto de partida es el «nosotros» más universalista y autoflagelante posible, ese «inmenso rebaño de atontados» de los países desarrollados del que habla la cita con la que Uralde -el exCEO de GreenPeace España- promociona su nuevo libro. Desde ahí el cooperante -heredero de la figura del misionero- exporta conocimiento/tecnología a un «ellos» que si toma la forma de comunidad real es por accidente inevitable, como materialización, como concreción del sufriente imaginado y abstracto que le mueve a la acción.

En otras palabras, en la mentalidad de la cooperación al desarrollo la comunidad real es sólo una representación, algo a lo que sólo se llega por necesidades de la acción para un objetivo universal. Pero ese objetivo universal, justificado por sujetos abstractos inexistentes (los pobres, la Humanidad) está simplemente en otro rango que no se conecta con lo concreto y real de forma directa. El resultado no puede ser sino decepcionante. Una versión nueva de la decepción mesiánica… y produce lo mismo que la original observada en mil sectas milenaristas: negación y aplazamiento de la cita escatológica y la redención final. Y así una y otra vez se lanzarán proyectos, se enviarán cooperantes, se recaudarán fondos… que se juzgarán útiles por «ayudar a personas» pero que serán invisibles en el plano abstracto de las cifras macroeconómicas que supuestamente habrían de servir para juzgar la estrategia global.

La lógica de la filé

Paradojicamente el epílogo de «Filés», escrito por Alfonso Dubois, un relevante teórico de la cooperación al desarrollo, reprochaba a la idea de filé no tener como objetivo alcanzar una «justicia global». Es decir, aducía que sin un fundamento universalista y por tanto político-moral único e igual para toda filé posible, la filé sería a las finales inane.

La idea era que sin un programa para las instituciones estatales nacionales e internacionales, sin campañas públicas para su reforma, la filé no conseguiría ninguna mejora de bienestar fuera de si misma y su entorno real, ningún progreso que no fuera «egoista».

Pero ¿mejorar el bienestar de comunidades concretas y sus entornos no es precisamente lo que hacían las ONGDs? Sí… pero ellos lo hacen para otros, otros que están en una posición de alguna manera inferior, discapacitados por la carencia de conocimientos o recursos a su disposición. No lo hacen para y por un «nosotros» real sino para un «ellos» abstracto. Las ONGDs no son «egoistas» porque lo que hacen lo hacen en nombre de un cambio político internacional e interestatal cuya urgencia su acción, supuestamente, visibiliza… aunque su ayuda al desarrollo de comunidades reales no lo aproxime en mayor medida que lo que la red global de comercio justo, por ejemplo, aproxima una Organización Mundial del Comercio diferente.

Pero entonces, ¿la filé no promueve un cambio global?

Evidentemente transformando su entorno e impulsando sus valores en él a través de sus proyectos, alrededor de la filé se genera un espacio transnacional de democracia económica. Pero lo que se persigue no es salvar a nadie ni reformar o transformar lo que no está al alcance de sus miembros y entorno de red. Una comunidad real sana vive para si y para su entorno real de acuerdo con su fundamentación en valores… y así debe de ser.

¿Y si surgen decenas, cientos, miles de filés? En ese caso tendremos un sistema complejo. Los sistemas complejos son aquellos donde la interacción entre las partes, muchas partes, redefine el sistema continuamente. Lo que caracteriza cualquier sistema complejo -desde el clima a los mercados en competencia perfecta- es que pequeños cambios en la definición de las partes producen cambios no predecibles en el resultado final. Así que poco podemos decir de un mundo con filés. Aunque algo sabemos: si las partes del sistema (las filés) no son «buenas» para la comunidad real y su entorno, es imposible que el sistema sea «bueno» para el conjunto de personas que interactúan en él.

Y mira por dónde, esto también puede aplicarse -invertido- a las ONGDs y en general a toda esa filosofía de la «transformación social». Según un informe de Ashoka presentado recientemente:

los emprendedores sociales, al trabajar tanto «para» otros, suelen tener problemas familiares y vidas privadas desastrosas

Eso no suena muy bien desde el punto de vista de la comunidad real, la verdad. A fin de cuentas los medios son los que dan forma a la materialización en la que se quedarán los fines declarados. Si crees que la forma de transformar el mundo pasa por montar una guerrilla, seguramente, si llegas al poder, no tendremos otra cosa que una pila de cadáveres y una dictadura militar más o menos encubierta. Si el «emprendimiento social» destruye la comunidad real de sus activistas ¿podemos creernos que el «objetivo de justicia global» pueda traer algo distinto a lo que trajeron tantos otros universalimos que nos invitaban al sacrificio?

«ONGDs y comunidad real» recibió 0 desde que se publicó el domingo 19 de diciembre de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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