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Oslo y la guerra distribuida

La matanza de Oslo vuelve a poner en el centro de la agenda de seguridad el terrorismo distribuido… y las tristes consecuencias de la regresión identitaria alentada desde los estados nacionales europeos

Hace poco Jesús Pérez Triana, nuestro experto de referencia en guerra distribuida y nuevas estructuras de conflicto apuntaba en un post:

Leyendo y reflexionando sobre la aparición de las redes distribuidas en los conflictos resulta que terrorismo y ciberguerra son los dos fenómenos donde estas topologías aparecen en mayor grado de pureza. Sin embargo el desempeño ha sido bastante desigual. Mientras que personas detrás de las redes distribuidas que colapsaron Internet en Estonia en 2007 y Georgia en 2008 nunca fueron realmente identificadas podemos decir que Al Qaeda ha vivido un declive tras su transformación hacia un modelo de terrorismo franquiciado y atomizado(…) El terrorismo no parece que sea una actividad donde funcione bien el modelo de transmisión de conocimiento técnico “open source” y donde los recursos disponibles por un grupo pequeño puedan causar un gran impacto.

Cuando lo leímos comentamos que tanto Jesús como otros expertos estaban confundiendo la derrota política de fondo que había llevado al yihadismo a la marginalidad en el Norte africano y buena parte del mundo musulmán, con la posibilidad que para cualquier netocracia supone la apertura de un conflicto en forma distribuida.

No debemos olvidar que la técnicas distribuidas hasta el límite (relación entre «lobo solitario» y entorno socioideológico) fueron teorizadas ya en los 70 por los neonazis norteamericanos. Los noventa serían años de terrorismo difuso en EEUU que incluyeron picos extremadamente sanguinarios como el atentado de Oklahoma de 1995 y dieron a conocer figuras premonitorias del terrorismo por venir como Theodore J. Kaczynsky (Unabomber). Sólo el shock del 11S cerró -aparentemente- esta etapa al eclipsar el discurso del «animalismo» violento y el «anarquismo» individualista con una nueva agenda y tornar la mirada de las bases sociales de la derecha cristiana norteamericana hacia un enemigo exterior (tras el 11S sólo se contabilizaron, por ejemplo, cuatro atentados de grupos antiabortistas, con una sóla muerte como resultado).

Lo que es conocido globalmente gracias a un famoso artículo del analista de la inteligencia canadiense Tim Davidson, como «single issue terrorism» y que entonces se materializaba fundamentalmente en grupos antiabortitas, ambientalistas y pro-derechos animales, fue, a todas luces el preámbulo del tipo de terrorismo reticular y netocrático que el 11S y 11M consagrarían, asociándose para siempre a la ofensiva yihadista de alQaeda.

En aquella época lo que daba mayor potencialidad política a AlQaeda no era tanto su forma organizativa (que aportaba capacidad operativa) sino su original estrategia, que sacaba del callejón al islamismo armado: Zahuahiri y Bin Laden proponían, usando el mito afgano, enfrentar a unos regímenes autocráticos árabes sostenidos desde EEUU y Europa, atacando al «cruzado occidental y sionista». Sin embargo, ese potencial político fue la causa misma de su declive cuando las clases medias prodemocráticas tomaron el protagonismo opositor. Algo que habíamos detectado ya en 2004 y que culminó con los movimientos que siguieron a la revolución tunecina.

Pero AlQaeda sólo era una netocracia más de aquellas que estaban gestándose en los 90. Es más, el fallido debate sobre la rechazada «Constitución europea», al centrarse mediáticamente en la discusión de las «raíces cristianas de Europa», dió carta de legitimidad a una serie de corrientes identitaristas en todo el continente que, subitamente, en línea con la regresión identitarista de los estados nacionales del continente ampliaron su eco en el marco de la carencia de análisis ponderados sobre las revueltas emergentes a mediados de la década pasada, presentadas falsamente como conflictos migratorios.

Todos esos vectores confluyeron en la matanza de Oslo poniendo la guerra distribuida, de nuevo en el centro de la agenda de seguridad.

«Oslo y la guerra distribuida» recibió 0 desde que se publicó el lunes 25 de julio de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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