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Pandemia infantil en dos movimientos

El primer mundo está empezando a ver morir niños por enfermedades que creíamos desaparecidas desde principios del siglo XX. La razón no es la crisis económica, el cambio climático o una despiadada acción terrorista. La razón es un progresismo mal entendido y profundamente reaccionario, que piensa que las buenas intenciones pueden sustituir la responsabilidad de estar bien informado.

Is spreadingEn el mundo contemporáneo manejamos distintas escalas para calificar a un lugar de «civilizado». Para algunos, determinadas ciudades o barrios de países en vías de desarrollo son, a pesar de su condición, civilizados. Para otros, solo lugares donde la gente habla bajito y se va a la cama a las 10 merecen tal apelativo.

Sin embargo hay unos mínimos en los que todos estamos de acuerdo. Poder caminar por la calle con cierta seguridad, beber agua del grifo sin peligro a intoxicarte o tener las calles asfaltadas son algunos de los mínimos más comunes. Otro, que hasta ahora gozaba de consenso, es que se trate de un lugar donde la gente no se muera de enfermedades de las que apenas podemos recordar el nombre. Bien, eso ya no es así.

Algunos lugares, curiosamente, de los considerados por la mayoría como más civilizados, están empezando a ver morir niños por enfermedades que creíamos desaparecidas desde principios del siglo XX. Este nuevo virus se propaga sobre todo en Estados Unidos, pero no solo. La razón no es la crisis económica, el cambio climático o una despiadada acción terrorista. La razón es un progresismo mal entendido y profundamente reaccionario, que piensa que las buenas intenciones pueden sustituir la responsabilidad de estar bien informado.

El «estudio»

The cow pockTodo empezó en 1998, cuando un supuesto médico británico, Andrew Wakefield, publicó en una revista médica, The Lancet, con un supuesto control de publicaciones, un supuesto estudio que relacionaba la vacuna de la triple vírica (recordemos: sarampión, rubeola y paperas) con el aumento de casos de autismo.

El artículo fue desmentido por la propia revista dos años después, tras una investigación de The Sunday Times que demostró que «no solo carecía de rigor científico, sino que Wakefield había violado los códigos éticos de los profesionales de la medicina y que tenía intereses económicos en la investigación». Wakefield, por cierto, perdió su licencia.

FamiliaPor desgracia para muchos niños, dos años son mucho tiempo para una noticia -falsa- que tiene el campo abonado en muchos padres deseosos de confirmar sus teorías conspiranoicas y sus prejuicios. No podemos echarle toda la culpa a Wakefield. Todos esos padres no leen The Lancet, en ese caso habrían leído y creído el desmentido, aunque fuera dos años después. Lo que leen, ven y oyen son una gran variedad de medios tremendamente irresponsables, que se agarraron como buitres al falso reportaje para dar carnaza a sus lectores.

Tampoco los políticos estadounidenses, famosos por su defensa de todo tipo de cosas absurdas, se han quedado callados, entre ellos varios presidenciables, el ex-gobernador de Texas, el de New Jersey, o el senador por Kentucky, Rand Paul, que además es médico.

Lo que provocó el «estudio»

Pro diseaseEn Estados Unidos, el rechazo a las vacunas por razones religiosas tiene una larga historia, pero estas comunidades solían ser muy endogámicas y estar aisladas, por lo que no representaban un gran riesgo al no estar vacunados. El problema ahora es que es la clase media y alta la que empieza a rechazar masivamente la vacunación de sus hijos. De hecho, en Nueva York y California, los datos muestran que el nivel económico es inversamente proporcional al porcentaje de niños vacunados.

Recordemos que entre los básicos de la epidemiología está el concepto de «inmunidad de rebaño», que básicamente consiste en la protección de un grupo humano ante una infección debido a la presencia de un elevado porcentaje de individuos inmunes. En el mundo civilizado, se ha llegado masivamente a la «inmunidad de rebaño» gracias a la imposición de la vacunación obligatoria. Aunque el proceso tiene su complejidad, podemos decir que para llegar a la «inmunidad de rebaño» por ejemplo, en un aula, ha de haber un 90% de alumnos vacunados. En algunos colegios exclusivos del sur de California, el porcentaje de vacunados no alcanza el 50%.

El sarampión es muy contagiosoLos resultados están empezando a asustar de verdad a los responsables de los centros de control de enfermedades, al presidente Obama y supongo que a cualquiera con dos dedos de frente. Tras un brote surgido en Disneylandia (California), en febrero ya había 120 casos de sarampión en 14 estados. Los últimos afectan a niños demasiado pequeños para ser vacunados y quizá también demasiado pequeños para sobrevivir a la enfermedad.

En el estado de Washington, tuvieron ya en 2014 el mayor número de reportes de tos ferina desde 1942 y en el caso de esta enfermedad, el estado de Microsoft y Starbucks va por detrás de Wisconsin, que tiene aún más y seguido de cerca por Montana, donde las campañas anti-vacunas también han pegado fuerte.

Wakefield tampoco fue el primero. En los años 70 en Reino Unido, varios niños murieron por un brote de tos ferina provocado por el descenso de la vacunación infantil del 81 al 31%. El brusco descenso fue causado por la amplia difusión mediática que obtuvo una lumbrera de la sanidad pública que cuestionó si la efectividad de la vacuna compensaba sus riesgos.

Después del artículo de Wakefield volvió a pasar lo mismo, también en Irlanda, con el sarampión. Hubo 300 casos, 100 con hospitalización, muchos de ellos en estado grave y 3 muertes completamente innecesarias.

El debate

El supuesto debate, para mi no es tal. La reducción de la mortalidad infantil y el aumento de esperanza de vida a causa de la erradicación de muchas enfermedades es una prueba obvia de la efectividad de las vacunas. Dos generaciones vacunadas son la prueba añadida de que merecen la pena. Es cierto que tienen efectos secundarios, los mismos que muchos medicamentos. Estamos menos dispuestos a soportarlos porque estamos sanos cuando nos vacunan. No estamos hablando de una gripe común, sino de enfermedades que se llevaron muchas vidas en el pasado, que produjeron pérdidas económicas, menor calidad de vida, incertidumbre y sobre todo mucho dolor. Lo de la inmunización natural es muy bonito pero demasiado arriesgado, además de poco efectivo en el caso de ciertas infecciones.

autismoEste último brote, provocado por el estudio fraudulento de Wakefield tenía un terreno particularmente abonado debido al aumento de los índices de autismo en los últimos años. Aunque es meterse en otro post, es importante decir, ya que está en el origen de esta peculiar psicosis, que el Colegio de Psiquiatras de Estados Unidos – que es además, al que siguen todos los Colegios – ha modificado los parámetros para determinar qué es qué no es autismo, por lo que entran en esa categoría niños con todo tipo de desórdenes ajenos a este síndrome. Baste decir, que muchas personas que conozco y que son completamente funcionales, serían diagnosticadas como autistas con estos nuevos parámetros. Al parecer, muy pocos se han parado a hacer el test y muchos se han lanzado a especular con las causas de este alarmante aumento.

Como cargarse algo tan hermoso como el respeto por la libre elección

Charles GoodmanAproximadamente el 40% de los médicos de atención primaria de Estados Unidos, de forma más o menos discreta, han dejado de atender a pacientes no vacunados. Los más explícitos, como el pediatra de la foto, cuelgan carteles con este mensaje:

Aunque respeto la libertad de elección de cada persona, tengo una responsabilidad más grande hacia los pacientes de los que me ocupo. Por eso, esta oficina no acepta nuevos pacientes que hayan decidido no vacunar a sus hijos.

Los médicos que recurren a esta medida, lo hacen contraviniendo las directrices de las autoridades sanitarias y bajo las duras críticas de aquellos que deciden no vacunar a sus hijos poniendo en peligro a todo su entorno, y que tienen obviamente, un doble rasero a la hora de definir qué es la libre elección.

En este caso la libre elección del médico protege a los bebés y a los inmunodeprimidos que van a su consulta de morir de enfermedades tercermundistas, justo lo que provoca la libre elección de los conspiranoicos de las vacunas.

No hay cosa que me guste más de los Estados Unidos (y me gustan muchas cosas) que su arraigado respeto por la libre elección. Pero en este caso, si tenemos que compartir barrio, centros comerciales, restaurantes, transportes colectivos y colegios para nuestros hijos, me inclino a favor, con dolor y contra todos mis principios, de alguna fuerza coercitiva superior. No debería ser necesario, debiera bastar con apelar a la responsabilidad individual, esa virtud tan escurridiza que ha de acompañar siempre a la libre elección y que en el nuevo mundo que llega, parece escasear.

«Pandemia infantil en dos movimientos» recibió 27 desde que se publicó el jueves 9 de abril de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por María Rodríguez.

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