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¿Pero qué es eso del progreso?

El progreso es un hecho material que puede ser explicado de distintas maneras, pero que no puede condenarse ni negarse. Si lo incorporamos a nuestra visión de la experiencia humana, podremos fundamentar además un hacer y una política que mejoren la realidad de lo que significa vivir para los miembros de nuestra especie aquí y ahora.

potereoperaioDurante los años noventa el último de los discípulos de Althusser, Gabriel Albiac, se embarcó junto a Toni Negri en un extraño viaje intelectual: una vuelta a Spinoza pasando por Leopardi en busca de un «materialismo sin esperanza». Pensaban que en la misma ontología marxista estaba grabada una fuga, una concepción de la Historia que consideraban «teleológica» y «profética». Según ellos ese elemento de «creencia» en la especie humana abría el paso de la racionalidad política a la irracionalidad de la fe. Podía explicar por tanto por qué la izquierda revolucionaria de los años setenta y ochenta en Europa se había sectarizado y separado progresivamente de su base social en vez de ampliarla.

albiacHijos del sesenta y ocho, Negri y Albiac habían leído a Marx profundamente pero interpretado que la razón de la «esperanza» del maestro era la misma que la suya, profesores universitarios que se soñaban dirigentes populares: la revolución. En realidad, en la ontología marxista lo único esencial de toda experiencia humana es el deseo de superar la escasez. Ese es el motor último de la Historia, el problema económico y su traducción en intereses sociales. Por eso, para Marx, la Historia nace ya con un punto de fuga, con una proyecto inscrito en el fondo más profundo de todos los humanos de todos los tiempos: reducir el ámbito de la escasez -el ámbito en el que nuestro trabajo es esclavo de la necesidad- hasta la solución del problema económico y encontrar la «verdadera» libertad humana: el trabajo emancipado de la necesidad, el trabajo que es puro acto de relación desinteresada con la Naturaleza. Ese momento, pensaba Marx, sería el «verdadero comienzo de la Historia humana», el paso a una sociedad de la abundancia, eso que él llamó «comunismo».

Albiac y Negri, al desposeer a la interpretación materialista de la Historia de la perspectiva de la abundancia, estaban abocados a convertir toda la herencia intelectual del XIX en un juguete roto, en una lucha espinosiana de potencias sin objetivo ni final posible, de sujetos en eterno conflicto sin otro objetivo que la supervivencia en un ahora eterno y cruel. Mala idea cambiar a Marx por Leopardi.

Como alguno de los más tristes viajes de novios, la pareja acabó en divorcio. Negri, el intelectual de referencia de la izquierda «autonomista» post-sesenta y ocho, inició una nueva etapa con «Imperio», un libro que se vendió como «El Capital de la nueva generación anti-globalización» y que acababa reivindicando como nuevo modelo revolucionario a Francisco de Asís. Un poco triste para quien buscaba espulgar a Marx de la «teleología religiosa». Albiac tras esa joya que es «La sinagoga vacía», muchas columnas periodísiticas y alguna excursión por el relato para describirnos la desesperanza usando la catástrofe del sabataismo como metáfora, ha mantenido su centro de gravedad en la obra spinoziana. «Sumisiones voluntarias», registro de un curso en el que hacía una arqueología de la idea de sujeto político desemboca una vez más en Spinoza. No es que no sea un tema apasionante ni práctico, está íntimamente ligado a las comunidades imaginadas y por tanto es fundamental para superar la idea nacional y sus hijos (los dioses menores de las «identidades»). Pero la alquimia perseguida al principio de aquel viaje intelectual que comenzara con Negri está tan lejos como siempre.

El problema para un materialista es que, desprovista la comprensión de la Historia humana de la constatación de una guerra permanente contra la escasez, no es que el relato resultante deje de ser teleológico, es que se torna puramente incomprensible; del mismo modo que si eliminamos de la descripción de la experiencia humana el deseo permanente de emanciparse del «trabajo forzado por la necesidad», solo queda mezquindad, pequeñez y miseria; no ya el mundo según Francisco de Asís, sino el mundo y la naturaleza humana contadas por Lutero en uno de sus días malos. Un materialismo sin eso que Albiac y Negri llamaron «esperanza» -y que no es otra cosa que la idea de «progreso»- o acaba en un pesimismo atónito o, si intenta afirmarse, en nihilismo. Y si no se soporta la dicotomía, seguramente lo que le pasó a Negri, acabará abriendo la puerta trasera de nuevo al idealismo y la mitología.

Los saltos del progreso pueden valorarse costosos o terribles, podrán constatarse no pocas «marchas atrás», podremos criticar el uso espurio de la palabra como justificación política de casi cualquier cosa -no faltan ejemplos lamentables, podremos argumentar que la historia tuvo muchos otros caminos y desarrollos posibles y que ninguno de ellos era «necesario»… pero al final progreso no es otra cosa que la tendencia a largo plazo al aumento de las capacidades -conocimiento, herramientas y sobre todo personas- para enfrentar la escasez. Y eso es un hecho material, histórico. El progreso, como fenómeno, existe.

Dibujemos un segmento y digamos que su origen es la escasez total: dados los conocimientos y las fuerzas disponibles serían necesarios recursos infinitos para satisfacer las necesidades de un humano más. Digamos que el final del segmento es la abundancia: con una cantidad infinitesimal de recursos extra se podría producir lo necesario para un número infinito de personas más. Ahora representemos las capacidades de esa sociedad en cada época histórica en ese eje, incorporando un círculo cuya superficie representara la población total de esa sociedad en ese momento. ¿Qué tipo de gráfico animado obtendríamos? La típica animación sobre la evolución de la población mundial que hay en cientos de museos puede ayudarnos a imaginarlo.

Si incorporásemos nuestro eje escasez-abundancia, veríamos también claramente el incremento de la población mundial en el tiempo. Veríamos además dos movimientos bruscos: el primero despegaría con cierta rapidez hace unos ocho mil años, el segundo crecería rapidísimamente desde finales del siglo XVIII. Veríamos sociedades ir adelante y atrás, por supuesto. Veríamos largos periodos de estancamiento locales y alguno de parón general. Pero si hemos representado la abundancia a la derecha, el movimiento general a lo largo del tiempo, desplazaría más y más población hacia el fin del segmento.

Ese «acercarse a la abundancia» que ni es lineal, ni homogéneo, ni tiene por qué representar un estándar moral que nos guste más… eso es el progreso. Un hecho material que puede ser explicado de distintas maneras, pero que no puede condenarse ni negarse.

Eso si, si lo incorporamos a nuestra visión de la experiencia humana, si pensamos que la abundancia no solo es un anhelo permanente de nuestra especie sino un límite posible de su esfuerzo por resolver el problema económico, podremos fundamentar además un hacer y una política que mejoren la realidad de lo que significa vivir para los miembros de nuestra especie aquí y ahora.

«¿Pero qué es eso del progreso?» recibió 5 desde que se publicó el jueves 19 de enero de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Ruiz dice:

    Me encuentro muy a gusto leyendo este artículo. Realmente el marco en el que insertar la palabra progreso resulta afortunado y lo comparto.Rn este territorio no me quemo. Gracias.

    • Lo sé, y es una cosas que hablamos mucho a raíz de los focus group que hicimos durante las últimas municipales. Recuperar la idea de progreso nos pareció entonces fundamental como antídoto del inmediatismo y la desconexión entre el relato inmediatista y el «gran cuadro» de la especie, que entre otras cosas llevaba de cabeza al animalismo y a un ecologismo banal y anticivilizatorio.

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  1. […] meta final es una sociedad de la abundancia. Porque la Historia tiene una tendencia de fondo, el progreso, una tendencia a largo plazo a desarrollar la productividad del trabajo gracias a la incorporación […]

  2. […] que eran comunes y que pueden reclamar como propios un gran espectro de ideologías vinculadas al progresismo de los siglos XIX y XX, especialmente el socialismo y el existencialismo, pero también otras, […]

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