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«Personas»: guía de uso

Palabras como «P2P» o «personas», se tornan peligrosas si dejamos que sean usadas con ambigüedad. No porque sea en si destructivo que evolucionen en sus significados, aunque sea para significar menos, sino porque son empujadas a significar lo contrario de lo que querían decir apoyándose en los sentimientos y emociones que la acepción original nos provocaban.

manifestiLa «gran máquina de destruir significados» nunca duerme. No hay concepto que no banalice en moda, idea que no reduzca hasta la caricatura o palabra que no vacíe hasta la indefensión. Su estrategia es implacable: ampliar el uso mediante asociaciones emocionales, separar los términos de su contexto y estirar hasta que una cosa signifique su contraria. Su lista de crímenes es ya casi infinita. Solo en Internet vimos unos pocos en los últimos cinco años: la interacción que se confunde con la participación y esta a su vez con adhesión reduciendo a nada o casi nada el valor del compromiso; lo distribuido que se hace sinónimo de lo descentralizado aunque signifique lo contrario…

La capacidad para generar oxímorones a base de erosionar significados parecía que había llegado a un límite objetivo, pero no, entonces llegó la crisis y todavía tuvimos que descubrir cooperativas que en vez de desarrollar autonomía se crean para buscar empleo en empresas ajenas a sus miembros. ¿Trabajar cooperativamente para llegar a trabajar por cuenta de otro? Cuánto más instintiva, más básica, menos trabajada, sea la palabra de moda más fácilmente se descontextualiza. Lo malo es que sin contexto no solo no se desarrolla conocimiento, es que se disuelve la comunidad que acepte el cambio.

Por eso me preocupa la extensión del uso de la palabra «personas». Ninguna más instintiva, más cercana, más embriagadora. «Personas, no máquinas», decimos. «Incubar personas», insistimos… Pero el flanco que ofrecemos es inmenso y nos arriesgamos a estar alimentando, quién sabe, un nuevo monstruo. Si el totalitarismo del siglo XX se construyó sobre el discurso de las patrias y las clases, muchas cosas apuntan a que el de este lo haga abrazado a la bandera de «las personas» y el «bien común». Los nuevos referentes que ofrecen menos resistencia.

Cuando «personas» quiere decir lo contrario de personas

Todos sabemos a qué nos referimos con «personas». Queremos referirnos a seres reales con nombres y apellidos. Hablamos de nosotros y otros en esa dimensión concreta, irreductible de la comunidad real. Y lo hacemos por hartera de las comunidades imaginadas (el proletariado, las patrias, el género, la juventud y las que vengan…) y de la infinita capacidad destructiva de ese pensar «desde el lugar de Dios» que solo nos llamará a nuevos sacrificios una y otra vez poniendo grandes palabras, grandes abstractos por encima de las personas que queremos, de eso que llamamos nuestra comunidad real donde cada uno tiene un nombre, una cara que recordamos y que nos transmite emoción.

«Personas»: guía de uso

Pero «personas», la palabra, es una pésima trinchera. Resulta terriblemente fácil usarla como concepto abstracto, como un Dios nebuloso e intangible y que sin embargo, sea escuchada por el oyente como si su interlocutor se refiriera a «personas de verdad»… Así que os propongo una técnica, un juego sencillo para descubrir cuando nos están dando gato por liebre, universalismo por comunidad:

  1. ¿Cómo quedaría si sustituyéramos «personas» por una lista de nombres propios? Por ejemplo, cuando los indianos hablamos de los indianos, podríamos sustituir «indianos» por nuestros nombres y no cambiaría el significado de la frase, solo se haría más larga; pero cuando alguien dice en que para rescatar la política «hay que poner las personas en el centro», ¿se puede sustituir ahí «personas» por un listado concreto, finito, de nombres de personas reales que el que habla conoce y a las que se está refiriendo? Diría que no.
  2. ¿Puede «personas» sustituirse en la frase por un concepto abstracto? Por ejemplo, «el Proletariado», «los connacionales» o «los trabajadores»? Mala señal.
  3. ¿Puede sustituirse por la palabra «recurso» o «mano de obra» sin que la frase cambie de significado?
  4. ¿Sirve en la frase para marcar más o menos sutilmente una divisoria entre dos comunidades imaginadas? Por ejemplo: «las personas que nacimos aquí» no solo rarísima vez puede sustituirse por un listado de nombres concretos y conocidos, sino que define persona por una cualidad (haber nacido «aquí») pero deja fuera a aquellos que no la tienen (inmigrantes), no se sabe si porque no son personas o porque se quiere remarcar que hay personas y «personas».
  5. ¿Va «persona» acompañada de un adjetivo? Este tipo de construcciones sirve generalmente para despersonalizar y reducir a alguien real a representante de una comunidad imaginada. Por ejemplo, cuando los medios nos hablan de «una persona inmigrante» o «una persona subsahariana» en vez de usar su nombre o iniciales, o peor aun, acompañándolas. Si es persona tiene nombre, si no (si no es María, Sasha, Manuel, Rashid o como quiera que se llame) en realidad estamos en la de siempre con un poquito más de vuelta. Eufemismo pacato para seguir valorando a cero a las personas reales, que se reducen, como en toda comunidad imaginada a representantes de un arquetipo que supuestamente les configura y desde el que nos la presentan.

Moraleja

Las palabras configuran mundos, hacen legítimos unos relatos y deslegitiman otros. Uno de los fenómenos más lamentables de la descomposición es que funciona como una «gran máquina de destruir significados» que vacía las palabras disolviendo lo que las palabras unen en la conversación. Y no es solo la capacidad de, a partir de palabras y contextos, generar conocimiento, es el valor de los lazos en la comunidad lo que degradan.

Palabras como «P2P» o «personas», se tornan peligrosas si dejamos que sean usadas con ambigüedad. No porque sea en si destructivo que evolucionen en sus significados, aunque sea para significar menos, sino porque son empujadas a significar lo contrario de lo que querían decir apoyándose en los sentimientos y emociones que la acepción original nos provocaban.

««Personas»: guía de uso» recibió 1 desde que se publicó el domingo 7 de abril de 2013 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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