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Platónicos y mundanos: el tiempo del monasterio vs el tiempo del taller

Hace casi año y medio en una alocución en el College des Bernardins de París el Papa Benito XIII realizó una interesante reflexión a partir de la historia monacal europea: conocer es desarrollar contextos, conjuntos de sentido, de significado. Conocer por tanto es algo cuyo sujeto es colectivo y concreto (una comunidad).

Pero si generar conocimiento implica hacer comunidad, se da en tiempo histórico, no absoluto. Y aquí está la clave para entender el monacato católico medieval. Guiado por un concepto platónico del conocimiento como acercamiento a una verdad pretendidamente externa, necesitaba salir del tiempo y la agenda mundana, crear comunidades separadas del mundo que se procurasen un tiempo que evocara lo absoluto. El monasterio, ciudad de Dios, se organizaba buscando un tipo de interacción que generase un conocimiento no mundano. Los muros estaban para algo.

Comparemos con los artesanos ahora. Su estructura estaba pensada para la transmisión y consecución de una serie de saberes prácticos, mundanos, que finalmente se materializaban en objetos que se vendían en el mercado. Su tiempo era necesariamente el tiempo económico, marcado por la lógica de los mercados y las ferias, determinados a su vez por las estaciones y cosechas y por los ciclos comerciales. El artesano no necesita muros, no busca separación alguna con el conjunto social, su tiempo era el tiempo social general.

Sin embargo el hecho de configurar una comunidad específica no sólo alimentaba un saber práctico concreto, sino que generaba un saber social propio, un conjunto de valores expresados en mitos compartidos y reafirmados en ceremonias públicas y privadas.

Este saber organizativo, social, se pensaba hacia dentro y precisamente por eso requería un tiempo propio, pero no independiente, separado, sino simplemente autónomo: el tiempo de las celebraciones, las fiestas y el trabajo.

Si el politeismo republicano había llamado dioses a las alegorías de los valores sociales que sostenían los fundamentos del estado (en parte también para reducir convenientemente a alegorías las superstitios más peligrosas), convirtiendo el ceremonial público (la religio) en cohesionador social, el artesanado europeo medieval construyó una religio propia convirtiendo a sus propias herramientas en alegorías de los valores comunitarios que fue creando (hay un capítulo sobre eso en Filés). Con ellas, el tiempo del taller se convirtió así también en alegórico. La fórmula “del mediodía a la medianoche” se conservó en esa estilización del taller medieval que fue el ritual masónico del S XVIII.

Es interesante comparar este tiempo del taller ritualizado en la asamblea y el ceremonial con el tiempo del monasterio. El segundo pretende ser, imitar o tal vez alcanzar el no tiempo del mundo platónico, del Dios de los monjes. El primero, en cambio, el tiempo ritual del taller, no deja de ser la representación de un tiempo mundano en un espacio temporal y separado nada más que por la ceremonia de la asamblea.

El tiempo del taller prefigura el tiempo de los parlamentos modernos y por tanto el tiempo de lo político tal y como es entendido en la lógica democrática: como el tiempo de un espacio que se separa de lo inmediato a través de la deliberación y la reflexión social para que colectivamente, la comunidad misma haga su destino.

«Platónicos y mundanos: el tiempo del monasterio vs el tiempo del taller» recibió 0 desde que se publicó el sábado 16 de enero de 2010 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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