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Plurarquía, confederalismo y abundancia

Plurarquía y confederalismo comunitario son a la vez resultado e instrumento del camino hacia la abundancia. Son formas de organización que maximizan la capacidad de evolucionar y sobrevivir del espacio social abierto por los nuevos óptimos de escala y la emergencia de las redes distribuidas. Ambos ponen el foco en el verdadero centro de toda esta transformación: la comunidad.

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bard y soderqvistEn 2002 Alexander Bard y Jan Soderqvist publicaban «Netocracia: la nueva élite del poder y la vida después del capitalismo». La tesis principal del libro nunca tuvo mayor interés. Al estilo de otros intentos de dar una fundamentación «al estilo marxista» del anticonsumismo, pretendía argumentar la superación de las clases sociales originadas en la producción por otras nuevas fundadas en la relación con el consumo. Burguesía y proletariado mutarían en netocracia y consumariado. Los netócratas serían aquellos capaces de influir en los grandes consensos que definen los estilos de vida en la era de las redes. El consumariado estaría formado por las masas pasivas cuya identidad es definida por los netócratas.

Sin embargo, al estudiar cómo funcionaban las redes conversacionales para argumentar su discurso, Bard y Soderqvist realizan un descubrimiento importante. Según ellos, en estas comunidades articuladas como redes distribuidas, «la democracia colapsa»:

Todo actor individual decide sobre sí mismo, pero carece de la capacidad y de la oportunidad para decidir sobre cualquiera de los demás actores, lo que hace imposible mantener la noción fundamental de democracia, donde la mayoría decide sobre la minoría cuando se producen diferencias de opinión.

A este sistema le denominan entonces «plurarquía». El de la plurarquía es un mundo sutil. En principio, como en las redes conversacionales no existe un poder cohercitivo, aunque la mayoría no sólo no simpatizara con una proposición, sino que se manifestara en contra de la misma, no podría evitar su realización. La democracia es, en este sentido, un sistema de escasez: la colectividad tiene que elegir entre una cosa y otra, entre un filtro y otro, entre un representante y otro, mientras que la plurarquía produce inevitablemente diversidad. Pero Bard y Soderqvist puntualizan pronto que aunque esto sea posible, la plurarquía

no es la anarquía. No puedes hacer lo que quieras, te tienes que adaptar a las reglas y leyes del consenso.

Es esta idea del consenso, la verdadera clave para entender lo que significa la plurarquía y los matices entre los distintos tipos de comunidades articuladas como redes distribuidas. El consenso delimita la identidad y la identidad la pertenencia. La plurarquía significa libertad individual total dentro de la comunidad en tanto el individuo se mueva en los consensos básicos que conforman esa identidad. Estamos, por ejemplo, en el terreno paradójico que hace a los grupos ácratas establecer la norma «prohibido prohibir». Más allá de la frontera de la identidad consensual y los valores compartidos cabe el cambiar de red conversacional o crear una nueva («forkear»).

Lo que duele a Bard y a Soderqvist es que la disidencia identitaria pueda significar la pérdida de la pertenencia comunitaria para el individuo. Y de hecho es algo frecuente. En la práctica, las comunidades conversacionales, centradas en generar un determinado conocimiento o en elaborar juegos de valores coherentes, tienden a tener criterios identitarios más precisos y estrictos en el tiempo, lo que les lleva a «ser menos para ser más» y en el límite conduce a lo que Juan Urrutia ha definido como el camino de la «individuación por la pertenencia»: el desarrollo de la individualidad por la pertenencia sucesiva a distintas comunidades a las que una persona se une y va disintiendo a lo largo de su vida.

Pero lo interesante es que el disenso del individuo frente al consenso también significa la pérdida de miembros para el grupo. Por eso, cuando las comunidades incorporan actividades productivas -desde desarrollar software a producir objetos- esa tendencia empieza a tener un contrapeso fuerte porque la inclusividad es una necesidad impuesta por la supervivencia. La plurarquía, como veremos, cuando se lleva a la producción, impone a las comunidades una cierta laxitud en la definición de esos consensos y por lo mismo una apertura a la innovación y al riesgo que son completamente novedosas. Y es que, en resumen, dos tendencias opuestas definen la identidad en las redes pluriárquicas: inclusión y disidencia, comunitarización e individuación.

Por eso, donde Bard y Sodeqvirst vieron un síntoma de descomposición de la democracia, los indianos vimos una propiedad emergente característica de las redes distribuidas a las que Juan Urrutia agregó una consecuencia importantísima: cuando una red se configura como una plurarquía se hace imposible mantener indefinidamente privilegios o ventajas para un individuo o un grupo de individuos porque o el consenso corrige la situación o los desfavorecidos abandonarán la red para unirse a otra o crear una escisión, un «fork». Y así, de un modo u otro, las rentas se disipan. La plurarquía es la forma de organización característica de las comunidades orientadas a la abundancia, ya sean comunidades exclusivamente conversacionales o comunidades que, además, producen.

ConsensoY efectivamente, la plurarquía no solo está en las conversaciones virtuales: aparece como elemento definitorio en el nuevo cooperativismo tecnológico, en las redes de desarrolladores de software libre, en los equipos que diseñan productos para la Economía Directa, e incluso, podríamos interpretar la experiencia del movimiento comunitarista de los últimos treinta años como una transición de los mecanismos democráticos al consenso como forma hegemónica de toma de decisiones.

Pero aun hay un elemento importante más. Una comunidad real organizada bajo un sistema pluriárquico coincide con lo que Juan Urrutia definió como «comunidad identitaria», sus consensos, su identidad, es «a prueba de mutantes».

Si alguno de los individuos o nodos de la red completamente distribuida cambia de naturaleza o la comunidad es infiltrada por unos pocos agentes individuales de otra comunidad, estos nuevos individuos no cambian los memes sino que se adaptan a ellos.

Esta es la característica que hacía que Bard y Sodervisq nos recordaban que plurarquía y anarquía no son la misma cosa. En plurarquía hay una identidad característica en la red o la comunidad. Y esta idea analítica de «comunidad identitaria» es, como hemos visto, clave en la fundamentación de la abundancia porque reduce drásticamente, cuando no elimina, la mayor parte de los costes de transacción.

De la plurarquía al confederalismo

juan-ouisharefest-2015Y esto es relevante porque cuando aumentamos la escala de la red social, aparece una nueva lógica en las relaciones intercomunitarias: la relectura desde la lógica de redes de la idea confederal. La confederación tiene importantes paralelismos con la plurarquía. Por ejemplo, la diferencia fundamental entre confederación y federación, como apuntaba Juan Urrutia es que

En una confederación no hay autoridad última, pero es mejor aceptar esto que tratar de forjar una artificialmente.

El resultado por tanto es necesariamente asimétrico, una red solapada de compromisos, consensos temáticos y trazos de identidad compartida que permiten reducir costes de transacción en distintos momentos y situaciones cambiando de aliados. Es, como vemos en el mundo del software libre o de la economía directa, un mundo en el que los pares, sin dejar de estar enlazados nunca, se alían puntualmente en la acción, resultando un tipo de mapa más parecido a una representación dinámica de la actividad cerebral que a la representación de un bloque comercial o el organigrama de un grupo industrial. El tejido de relaciones sociales se nos presenta como una mezcla de diversidad y pluriespecialización cambiante.

evolucionY siguiendo con los resultados conocidos de la teoría económica, Urrutia apunta que

Sabemos que esta diversidad puede que no haga alcanzable el resultado óptimo pero, como en tantos ejemplos de la Biología, maximiza las posibilidades de supervivencia del conjunto

Es decir, la confederación reinterpretada desde la plurarquía produce un resultado «evolutivamente resistente», donde el tejido como conjunto tendrá más posibilidades de adaptación y supervivencia que si hubiera optado por otra forma de organización que homogeneizara a las partes. En un nuevo sentido, volvemos a aceptar un intercambio de escala por alcance.

Conclusiones

Plurarquía y confederalismo comunitario son a la vez resultado e instrumento del camino hacia la abundancia. Son formas de organización que maximizan la capacidad de evolucionar y sobrevivir del espacio social abierto por los nuevos óptimos de escala y la emergencia de las redes distribuidas. Ambos ponen el foco en el verdadero centro de toda esta transformación: la comunidad.

«Plurarquía, confederalismo y abundancia» recibió 35 desde que se publicó el Miércoles 8 de Julio de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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