LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Por qué en España el sistema económico no se ve cuestionado por la crisis

Estamos ante la mayor y más larga crisis sistémica, económica e institucional del capitalismo desde 1929 y lo único que la izquierda ha sacado en claro es que los gobernantes son unos choris.

Si hay algo realmente chocante en la crisis española es su casi absoluta despolitización. A casi diez años del numerito de Lehman Brothers, España es un sólido record de desempleo en todas las categorías, desertización industrial, sub-empleo y precarización, sufre más de 6.000 suicidios al año, un record de desahucios, una evidente descomposición de las ciudades en guetos y un sistema educativo en desguace. Pero ni siquiera se debate la política económica, no hablemos ya del modelo económico. La indignación se ha trasladado casi en exclusiva hacia la corrupción. El fondo de la cuestión, el sistema económico y social, de rositas.

La estrategia de la oposición no se concentra, ni mucho menos, en el cuestionamiento de las bases económicas y sociales de la crisis. Al contrario, el mensaje se centra hasta la caricatura en el carácter parasitario de las élites políticas en general y del PP en particular. Basta dar un vistazo a cualquiera de los mítines de Pedro Sánchez o Susana Díaz en las primarias del PSOE o a los títulos de los vídeos que publica Podemos TV para darse cuenta que si nos dejáramos guiar por lo que la oposición dice nada parecería indicar que España vive un proceso de fractura social y crisis de modelo económico.

Y es que España suele darse de ejemplo de la emergencia de lo que la derechona llama una «izquierda radical» a consecuencia de la crisis. Pero resulta que nuestra «izquierda radical» es la menos radical del mundo. Por no cuestionar ni siquiera cuestiona el euro ni los tratados de la Unión. Aunque aparecen, es cierto, movimientos que les son cercanos y lo hacen, son en realidad voces disonantes, marginalidades en lucha por hacerse escuchar en el seno de la oposición.

Dicho a lo bruto: estamos ante la mayor y más larga crisis sistémica, económica e institucional del capitalismo desde 1929 y lo único que la izquierda ha sacado en claro es que los gobernantes son unos choris.

La despolitización del mensaje de la oposición española es de tal calado que cuando la mismísima responsable de análisis de medios de Podemos se acerca a la campaña electoral francesa queda en shock ante el «estilo» de Melénchon y «la Francia Insumisa»:

Más que mitines, los discursos (que pueden llegar a durar casi dos horas) son conferencias que van recorriendo causas y consecuencias, poniendo las cosas en relación. Sin miedo a las palabras grandes, sin miedo a las ideas grandes. Algo que se aplica también a su producción audiovisual, por ejemplo: la idea de que si las cosas se explican, se entienden.

Ese «estilo», que a estas alturas resulta tan sorprendente incluso a los dirigentes de Podemos, es lo que toda la vida, desde Cabet y el primer partido obrero de Francia, se ha llamado política, especialmente en el socialismo y la izquierda. La pregunta es obvia: cómo es que el partido que pretende ser heredero de toda esa tradición y recuperar su radicalidad, cómo es que el movimiento que se presenta como heredero del 15M y que está dirigido por un sorprendente número de profesores de Politología y Sociología, puede haber llegado a un nivel de despolitización tal.

¿Un radicalismo despolitizado?

Youtube está lleno de mil conferencias y debates teóricos, protagonizados casi todos por Iñigo Errejón, sentando las bases teóricas del guión que está ejecutando Podemos a partir del relato de Laclau y Mouffe. El famoso «populismo». Pero la idea populista de Laclau y Mouffe no es una teoría de la superación del sistema económico o de la transformación de las relaciones sociales. Es estrictamente una teoría sobre la toma del poder que lo mismo puede aplicarse a Macron o Trump que a Podemos. Y en ese sentido, aunque parezca contradictorio, es una teoría política desideologizadora, profundamente despolitizadora, un último producto del «fin de la Historia» y las ideologías declarado por el neoliberalismo tras 1989: la reducción de la política a la lucha por la consecución del poder o el gobierno a través de la creación de grandes mayorías.

Veamos: la idea populista -si seguimos a Laclau y Mouffe- nos propone «crear pueblo», redefinir la comunidad política en la batalla por el poder. La forma: «sumar dolores». Como las soluciones para esos «dolores» son necesariamente contradictorias, el populista los casa mediante «significantes flotantes», términos y consignas que quieren decir cosas distintas según quien las escuche: democracia, libertad, patria, igualdad… Así se suman sectores e intereses frente a un enemigo común más o menos definido que se construye en paralelo. En la consecución del poder, para el populista, no cuenta otra cosa que «sumar», acumular fuerzas, construir poder y en paralelo, caracterizar a la élite en el poder como negación de ese pueblo que está construyendo.

Y en ese marco, la indignación ante la corrupción de las élites «funciona»… aparentemente. Desde luego agrupa a una mayoría sin necesidad de grandes explicaciones ni críticas mínimamente profundas de esas que asombran en los mítines de Mélenchon. Permite hacer mapas -muy parciales- de cómo funciona orgánicamente la burguesía española que deben resultar sorprendentes todavía a los jóvenes que no salieron de la universidad y no vieron al poder funcionar con sus propios ojos.

La paradoja Laclau

Pero si es cierto que sirve para «crecer», para «hacer pueblo», es evidente que tiene una trampa, una paradoja. El problema es que una vez que el terreno populista está establecido, toda crítica más profunda, toda fundamentación que ponga en cuestión algo más allá del consenso general de la indignación, «divide, no suma».

Por eso la salida del euro, la reducción de jornada a 32 horas, la prohibición legal de las relaciones laborales precarias o los diferenciales máximos entre salarios dentro de las empresas, temas centrales de las campañas de Mélenchon, Corbyn o la izquierda portuguesa son menores, puntuales, para Podemos. Ni hablemos de adoptar abiertamente una teoría Macroeconómica diferente, más allá de los dogmas imperantes como la que proponen desde la TMM para reinterpretar el déficit público y poder hacer programas de trabajo garantizado. Melénchon ha escuchado a Mouffe en el estilo organizativo y la simbología, Corbyn a Owen Jones en la concepción de la campaña y la refundación partido y «O Bloco» supo salir del anquilosamiento simbólico tradicional a la izquierda del PS portugués… pero ninguno de ellos se ató las manos con una estrategia que es como intentar llegar a la Luna trepando un árbol: rápida al principio pero cada vez más y más frágil conforme se asciende.

La nueva izquierda europea entendió que el «populismo» de Laclau y Mouffe era una teoría sobre la construcción de mayorías, una herramienta para dar forma a un estilo de comunicación, no una ideología sustitutiva de la crítica del sistema económico y las relaciones sociales. El sistema no es la trama. Y si, por tacticismo, sometimiento a una teoría del poder inutilizante o miopía económica, se confunden ambas cosas, la indignación y la resistencia a la crisis se despolitizan inevitablemente.

El capitalismo español en descomposición ha encontrado en Laclau y Mouffe un inesperado aliado. A día de hoy y a diferencia del resto de países con «nueva izquierda», el único consenso emergente es la constatación de la corrupción de políticos y consejeros de grandes empresas: «la trama». Nada irreparable, nada insustituible. Si aguanta un poco más, saldrá de rositas. Puede que hasta reforzado con una nueva generación de políticos neoliberales sin puertas giratorias y menos aficionados a los paraísos fiscales. Pero la desigualdad y el capitalismo de amigotes no habrán encontrado freno, simplemente la descomposición social tendrá nuevos gestores.

«Por qué en España el sistema económico no se ve cuestionado por la crisis» recibió 4 desde que se publicó el Sábado 20 de Mayo de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Coincidentemente con lo que dices, adem´as de no haber una propuesta de modelo económico (por eso sigue ganando en intención de voto el PP, porque le discuten generalidades), tampoco hay conciencia de la fractura social existente. Quienes han quedado del otro lado de la grieta no son protagonistas del discurso de la izquierda, de ellos se encargan los servicios sociales. No existe conciencia de la pobreza creciente, ni de la educación absolutamente deteriorada, ni de las fracturas sociales. Mucho menos de que atrás de ello existe un modelo económico tomando decisiones (y no retóricas).

Pingbacks recibidos desde otros blogs

  1. […] medios, porque parece que los supuestos radicales de la política española a lo que juegan es a ocultar con la corrupción la responsabilidad del sistema económico en la crisis y en la tremenda re-estructuración de poder que estamos viendo ante nuestros ojos y […]

  2. […] La corrupción y su eco mediático y político no han difuminado la centralidad del trabajo en las preocupaciones de la población… a pesar de que parece que es la principal estrategia para que el sistema económico salga de rositas de la crisis. […]

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.