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Por qué este blog es de dominio público

La diversidad de CC’s, licencias de colorines y demás artefactos jurídico declarativos, está imposibilitando la aparición de ese procomún que pretenden propiciar.

En todas las páginas tanto de este blog como la contextopedia que le acompaña podéis encontrar el siguiente pie:

Salvo indicación o advertencia en contrario, el autor de todas las entradas de este blog es David de Ugarte, quien las escribe y hace devolución expresa de ellas al Dominio Público

Lo he hecho así tras constatar la terrible confusión conceptual en la que ha ido degenerando la réplica en España de la lógica anglosajona del sistema de licencias.

Desde el punto de vista de cualquier economista esta confusión no es en absoluto inocua. Impone unos costes crecientes de transacción que inhiben precisamente aquello que se pretendía alcanzar.

Objetivos

Desde un punto de vista general, como sabéis, no creo que un sistema individualizado de licencias, ni siquiera el acogimiento al dominio público, pueda solventar el problema social derivado de la actual normativa de la propiedad intelectual. Creo que es necesario reducir los tiempos de explotación monopolística que la ley concede a los autores de patentes y obras, es decir, me adscribo al Movimiento por la devolución.

Pero mientras la solución política llega, es lógico buscar una salida para el régimen de la propia obra. Tanto en la idea de facilitar su difusión y utilización por terceros dentro del marco legal existente, como en la de poco a poco crear un procomún, un ámbito de creación libre capaz de competir con la cultura industrial privativa de un modo similar al del software libre frente al propietario. Esa es la idea que vengo defendiendo desde hace años.

La clave: los costes del bricoleur

Entre los que renunciamos al monopolio que la LPI nos ofrece sobre nuestras creaciones, hay un consenso general que parte de la renuncia a utilizar en mayor o menor medida los derechos de explotación sobre la obra con contenido económico. Esto en si mismo no es demasiado novedoso ni implica un cambio conceptual importante. Es perfectamente convencional que un autor pretenda facilitar la difusión no comercial de su obra y que anime a otros a colaborar con él de esa manera en su promoción.

La clave, sin embargo, está en las obras derivadas, en la posibilidad del bricolage… El bricolage consiste en crear cosas nuevas a partir de trozos de otras que fueron creadas para fines distintos de los que cumplen en la nueva obra.

La variedad de protecciones “otorgadas” para cada una de esas piezas por sus autores bajo Creative Commons, Coloriuris, etc. incluso por las licencias libres del estilo de la GFDL, genera una traba, un coste de transacción innecesario y probablemente insalvable.

No es sólo que la mayoría de estas licencias no sean libres y no aporten el equivalente de las 4 libertades del software libre. No es sólo que la idea de otorgar más “derechos de propiedad”, más control al autor de los posibles usos, al estilo de Creative Commons, sea una mala idea, que lo es porque el bricolage, consiste precisamente en descubrir usos no esperados, no imaginados previamente.

Lo que se hace evidente cuando hablas con tu editor o cuando alguien te pide permiso para usar una obra tuya es que el mero hecho de tener tal maraña contractual (una licencia es un contrato) aumenta los costes de información necesarios a cualquiera que quiera utilizar la obra.

El resultado social es que la diversidad de CC’s, licencias de colorines y demás artefactos jurídico declarativos, está imposibilitando la aparición de ese procomún que pretenden propiciar. La heterogeneidad legal que promueven tiene el mismo efecto que el que tendría tener que firmar un contrato cada vez que compramos algo distinto en el supermercado. Menudo procomún éste en el que antes de usar algo tenemos que leer cuidadosamente los términos de licencia y constatar si ese ingrediente es compatible con los otros que pensamos usar y con el collage que andamos preparando.

La alternativa del dominio público

Sin embargo ya existe un procomún con sustento legal y tradicional claro: el dominio público. Todos, hasta el último editor, saben en qué consiste y en qué términos puede utilizarse sin necesidad de leer nada. Todos saben el carácter inalienable que en nuestra legislación tienen los derechos morales y una visión bastante clara sobre en qué consisten.

Es decir, ya existe ese espacio libre, definido con claridad, conocido por todos y amparado legalmente. Socialmente de lo que se trata es de ampliarlo con obra reciente. No hace falta ni una licencia más ni un marco legal nuevo para ello.

¿Y cómo esperas explotar tu obra si es del dominio público?

Realmente es muy difícil escapar de los contratos modelo en una editorial precisamente por los gastos de transacción que implica acogerse a una licencia: conseguir que el editor lo entienda, que el abogado recoja la licencia X en el contrato, pasar luego por el notario y hasta cambiar las plantillas de copyright.

En mi primer libro nos limitamos a dejar fuera de contrato la edición electrónica del libro. En este segundo espero poder llegar más lejos gracias precisamente a la facilidad que supone la extensión y tradición del concepto de dominio público. Basta con que el editor pague los costes de la declaración ante notario para que quede establecido de forma sencilla y clara el carácter de la obra. Total del coste: una cita con el notario y unos 60 euros.

Yo no le pido a mi editor que se dedique al marketing ni que me pague por utilizar lo que he escrito para hacer libros… a no ser, claro está, que los escribiera por su encargo. Lo que le pido es que aparezcan al precio más asequible posible en el mercado y con la mejor distribución posible. Y por supuesto que ayude a la calidad y comercialidad de la obra con criterio y consejo editorial.

Como profesional, en general pretendo cobrar por los servicios que presto a otros. Por eso espero que mis ensayos y trabajos renten no sólo en imagen y posicionamiento, generándome contratos para cursos y conferencias, sino que abran una relación comercial con los editores basada en que estos contraten, más allá del uso del texto de la obra, servicios profesionales. ¿Cuales? Pues desde participar en la promoción de la edición dando conferencias, hasta aportar por encargo a una eventual contextopedia de la coleccióncreada por los propios autores, pasando por ayudar en la edición de la obra de otros. El abanico es amplísimo. Eso sí, depende de la voluntad de las partes y de la evaluación que cada cual haga de la relación y no de la imposición del monopolio legal sobre el uso de las propias creaciones.

«Por qué este blog es de dominio público» recibió 0 desde que se publicó el Viernes 30 de Junio de 2006 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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