LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

¿Por qué fracasan las cooperativas?

El fomento del emprendedurismo cooperativo requiere orientaciones y herramientas más allá de las que generalmente se utilizan para impulsar la creación de empresas que hasta ahora están ausentes de la caja de herramientas del gestor de empresas.

A poco que nos acerquemos a las cooperativas de trabajo nos damos cuenta de tres cosas, que al parecer son válidas en cualquier lugar del mundo:

  1. Se forman más cooperativas y se crea más empleo allá donde el número mínimo de socios requerido para formar una cooperativa es menor.
  2. Las microcooperativas (dos o tres socios) orientadas a mercado (no al sector público), perviven con mayor probabilidad a pesar de las previsibles dificultades financieras y de escala.
  3. El umbral del crecimiento de las microcooperativas está en cinco personas, la mayoría estanca antes, pero para los que consiguen superarlo, se abre un largo horizonte de crecimiento en número de socios y empleo.

¿Por qué la clave está en empezar con tres y llegar a cinco y no funciona si empezamos con cinco socios?

El estado da distintos incentivos para que los emprendedores opten por la «forma cooperativa», pero esta se entiende como una mera forma jurídica, cuando en realidad la cooperativa es una forma muy acabada de democracia económica. Para que una democracia funcione tiene que existir como mínimo comunidad e idealmente un «demos». Más aún en sus primeros momentos, donde la escasez y las dificultades naturales de un proceso de emprendizaje requieren de los socios altos grados no sólo de claridad de objetivos, sino de eso que hemos llamado el «principio de indiferencia» y que no es más que una forma muy desarrollada de solidaridad e identidad.

El problema central es que los incentivos estatales y el discurso social empujan hacia la creación de empresas cooperativas sin que previamente exista comunidad. Siendo la cooperativa de trabajo una «máquina social» democrática, la superposición de escasez, ausencia de comunidad y mecanismos de decisión por mayorías, orienta al equipo hacia el conflicto permanente o el desánimo. Las cooperativas supervivientes son las que consiguen hacer el más difícil de los procesos: convertirse en comunidad a partir de una estructura empresarial. Algo que por lo general sólo está al alcance de las más ideologizadas o las más autoritarias.

En realidad las cooperativas son una herramienta excelente para que una comunidad, con un demos bien establecido, se dote de una estructura económica. Pero en la vida cotidiana sólo grupos muy pequeños de amigos formados durante mucho tiempo, con un gran conocimiento unos de otros, tienen madurez como para funcionar así. De hecho, la forma más común de demos en nuestra sociedad es la formada por una pareja estable. Por eso las microcooperativas funcionan y se consolidan: porque por lo general no son una mera coalición de intereses, parten ya de una relación comunitaria intensa con un importante grado de conocimiento mutuo y confianza entre sus miembros.

Pero lo mismo que bajo estas condiciones les permite sobrevivir, les dificulta crecer. Es harto difícil integrarse en un grupo cuasi-familiar. Las leyes marcan la igualdad entre socios tras un periodo de prueba máximo que por lo general ronda los seis meses en casi todas las legislaciones. Pero esa igualdad legal en la práctica resultará frustrante si no se comparten los contextos y las formas de una cultura que por lo general no necesitó escribirse o hacerse explícita previamente. Al no reconocerse el tradicional periodo de aprendizaje, que es también y ante todo integración comunitaria, es muy fácil que vuelvan a aparecer los conflictos y las microluchas de poder. Algo que estamos acostumbrandos a oir en los relatos de las cooperativas fracasadas, pero que también intuimos en las referencias y silencios de muchas de las que sobreviven y cuyos socios se resisten a crecer, negando la posibilidad misma de «formar iguales», de empoderar a otros hasta que se conviertan en pares reconocidos realmente.

Al final, no son tantas las que tienen la constancia necesaria para aprender a crecer. La mayoría de ellas lo consiguen a base de un doloroso «prueba y error» en el que es fácil que se queden muchas cosas valiosas en el camino. Pero una vez lo consiguen un par de veces, y eso explica el umbral de cinco personas más que las vicisitudes de los mercados, lo aprendido se convierte en sistema replicable y la cooperativa se desarrolla y crece.

5 consecuencias básicas para el fomento del emprendedurismo cooperativo

  1. Más allá de los planes de negocio, la clave del éxito de una cooperativa de trabajo está en la consolidación de su vida comunitaria.
  2. Crear formas empresariales pensadas para la vida comunitaria para sólo después intentar crear la comunidad es poner el carro antes de los bueyes.
  3. Por eso es preferible formar microcooperativas con grupos pequeños ya cohesionados previamente…
  4. …y trabajar con ellos desde el día uno para que hagan explícitos los contextos comunes, las formas de trabajo y los valores ordenadores de la cotidianidad, de modo que transparenten lo que realmente son y van a exigir a los recien llegados (porque si no, ni siquiera se van a dar cuenta de que lo están pidiendo y el choque y la decepción serán inevitables).
  5. A partir de ese momento la clave está en diseñar mecanismos e itinerarios de integración/aprendizaje que permitan sistematizar las formas del crecimiento. Los sistemas de integración no son evidentes ni replicables facilmente de una comunidad a otra. Ante todo han de entenderse como sistemas que permiten no sólo crecer a la comunidad que trabaja junta, sino sobre todo como procesos orientados a que los recienllegados puedan aprender y empoderarse al tiempo que descubren si realmente ese es su lugar. Son sistemas selectivos y formativos al mismo tiempo… tanto para la comunidad ya consolidada como para las nuevas incorporaciones. Por eso, idealmente, debería ofrecer caminos de salida también a quienes no encuentran que ese vaya a ser su lugar de desarrollo profesional y personal, algo que no es fácil sin antes alcanzar una cierta escala, normalmente ligada a la formación de un grupo cooperativo consolidado.

Conclusiones

La resultante final de la experiencia acumulada por nuestra mirada sobre las cooperativas de trabajo es que el fomento del emprendedurismo cooperativo requiere orientaciones y herramientas más allá de las que generalmente se utilizan para impulsar la creación de empresas. No se trata tan sólo de impulsar la sostenibilidad económica, la innovación de producto, la formación de los miembros o el acceso a los mercados. Se trata, además de todo eso, de aportar herramientas de organización y crecimiento comunitario. Un utillaje hasta ahora ajeno la caja de herramientas habitual de la gestión de empresas.

«¿Por qué fracasan las cooperativas?» recibió 0 desde que se publicó el Domingo 14 de Agosto de 2011 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.