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Por qué Google nos quiere ciborgs y por qué queremos serlo… pero por nuestros propios medios

Google apuesta su futuro a un salto tan importante como en su día fue el nacimiento de la web: el desarrollo de la interacción más allá del móvil y el ordenador sobre una capa de información superpuesta a nuestra propia visión. Nuevas gafas interactivas, coches autodirigidos… toda una parafernalia que nos ofrece una vida en red mucho más rica pero que bajo una estructura centralizada puede convertir la ciudad en la peor de las distopías ciberpunk.

realidad aumentadaHace tiempo que los videojuegos nos han acostumbrado a un nuevo tipo de interacción con el entorno virtual: los mandos, palancas y teclados, se convirtieron en gestos y movimientos frente a la pantalla. Mientras, las consolas de bolsillo y los móviles evolucionaban hacia las pantallas táctiles, difuminando la idea de interfaz y dando los primeros avances de realidad aumentada con programas como «Layar» ya en 2009. En ese momento la tecnología de lentes de contacto interactivas estaba en test en varias universidades de EEUU. A nadie se le escapaba que lo que originalmente había nacido de las necesidades de la fuerza aérea y se había desarrollado con el boom de los drones, tendría pronto un imponente mercado civil. Todo y en especial la evolución de los metaversos hacia su interacción con el mundo físico, apuntaba a ello.

No es de extrañar que cuando en 2010 Daniel Suarez publicó Freedom (TM)» -que se convirtió rapidamente en el best seller de ciencia ficción del año- imaginara un Ocuppy Wall Street masivo y organizado sobre una darknet a la que se accedía no desde ordenadores, sino con gafas electrónicas que mostraban una capa de datos sobre lo que rodeaba a los miembros. Especialmente sobre las demás personas que interactuaban en la red y las valoraciones que unos hacían de otras. Tampoco es casualidad que Suarez imaginara el origen de su darknet en la red de usuarios de un videojuego que había evolucionado hasta crear un movimiento social masivo. Aunque se pareciera a la interacción cerebro-máquina descrita en la mítica «Cuarentena» de Greg Egan (1992), el componente social del libro de Suarez reflejaba los cambios sociales propiciados por la evolución de la web en las últimas décadas. Y lo que es más importante, resultaba verosímil.

Dos años después de su éxito en librerías, el mundo visto por los personajes de «Freedom (TM)» ha convergido con los modelos de los arquitectos de vanguardia como podéis ver en el siguiente vídeo (si tenéis gafas 3D podéis activar la versión apropiada viéndolo en su página de Youtube):

Pero no estamos ya en la fase de imaginación. Estamos en la fase de desarrollo.

Hay que tomarse una tecnología en serio cuando Google dedica un proyecto a desarrollar unas gafas interactivas. Más aún cuando orienta hacia este nuevo interfaz el futuro de su producto estrella, Google +, y la integración de sus herramientas sociales como podemos ver en el vídeo de presentación del proyecto:

No es el único vector que apunta hacia un nuevo paso en la vida ciborg como forma nueva forma de socialización y conciencia emergente. En paralelo al desarrollo de la interacción entre lo virtual y lo físico, la investigación militar apuntaba desde hace años hacia los vehículos autodirigidos, una de las claves de la guerra drone. El Pentágono ha anunciado que un 30% de sus vehículos terrestres serán autodirigidos en 2015.

De nuevo su aplicación civil parece un mercado potencial potente que podría transformar completamente la vida en la ciudad en nombre de la sostenibilidad… al tiempo que haría el control prácticamente total. Un modelo en el que algunas ciudades como Singapur vienen trabajando desde hace más de una década combinando GPS y centros de control de tráfico que llegaría ya a su paroxismo con coches autodirigidos… o mejor dicho, controlados desde un mando central.

En el punto en el que estamos no se trata ya de sustituir choferes por robots, aunque hay quien está apostando cuantiosas inversiones a este «toque humano». Y Google lo entendió muy bien cuando lanzó el siguiente vídeo de su primer automóvil autodirigido

El negocio está en el control y la prospectiva. Es decir en el cruce de datos para alimentar modelos predictivos… algo en lo que Google viene trabajando desde 2009 en distintos ámbitos mano a mano con las macrocorporaciones y los estados. Por eso el entrañable vídeo del conductor ciego a lo mejor es sólo la dulcificada cobertura de una amarga distopía, una ciudad controlada hasta el paroxismo que lleve los modelos chinos de filtrado de información (simultáneos a los primeros esfuerzos de Google en el mismo sentido) de la virtualidad a la materialidad de los movimientos por la ciudad.

Convertirnos en ciborgs a una nueva escala puede ser tan enriquecedor para nuestras vidas como potente para nuestras comunidades, pero bajo una estructura centralizada de control puede convertirse en la peor pesadilla ciberpunk.

«Por qué Google nos quiere ciborgs y por qué queremos serlo… pero por nuestros propios medios» recibió 0 desde que se publicó el lunes 9 de abril de 2012 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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