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Por qué la filé

Es lunes y me levanto pronto. Enciendo el ordenador y voy a poner el café. Tengo el thunderbird entre los programas que ejecuta automaticamente al ponerse en marcha. Cuando vuelva de la cocina ya tendré el correo y los grupos de noticias descargados y limpios de spam.

Vuelvo con el café y entro en asamblea, el grupo de noticias principal. Sólo los socios de alguna de las cooperativas de Exploradores Electrónicos pueden entrar. Se trata efectivamente, de una asamblea electrónica permanente. Hoy el primer tema no es vibrante precisamente: nuevas normas contables en la web del ministerio. El siguiente hilo es el reparto de tareas de todos los lunes. Nat, la gobernadora de mi nodo, madruga obviamente más que yo. En el hilo más largo, llevo sin entrar desde el viernes, se están discutiendo ya precios de viñedos dentro del plan de negocios de una posible bodega cooperativa de vino natural que estamos elaborando. Mejor lo dejo para luego.

Salto de grupo. En el grupo de REDE (Red de Empresas por la Democracia Económica) parece que está cuajando la idea de un prototipo a medias entre una empresa extremeña y otra valenciana para presentarse juntos a un cliente corporativo grande que nos ofrecimos a presentarles. Les pongo un mensaje de ánimo.

Nuevo salto. En comunidad se están discutiendo los límites de facebook. En realidad a ninguno nos gusta, pero siempre hay una tensión entre la posible utilidad para difundir y el análisis general sobre lo que significa. Me surgen ideas para un post. Creo que antes de salir me dará tiempo a escribir algo. Lo esbozo en mi respuesta al hilo. Copio, pego y lo cuento mejor en mi blog.

Cuando acabo el café está frío y ya llego tarde. En jabber me ha saltado un mensaje del llavero de Nat avisándome de que la oficina ya está abierta. Paso por la casa de Arnau y Meri y les toco por si están ya listos para bajar. Meri tiene hoy trabajo fuera y Arnau está todavía en la ducha. De camino a la oficina aún llamo a dos compañeros más. O todos se quedaron dormidos o voy a ser el último en llegar.

Los lunes son el mejor día en la oficina. Todos leen los posts atrasados de los blogs y el grupo de noticias y las conversaciones en la cocina son las más interesantes. Parece que mi post gustó aunque tampoco nadie saca los pompones. Normal. Durante la mañana trabajo en el último proyecto con Nat y comento los posts del itinerario formativo con la última aprendiza.

A mediodía María se conecta a la mensajería instantánea desde Montevideo. Tenemos una sala colectiva para estas cosas en nuestro servidor. El chat tiene un sintetizador de voz, así que los que siguen trabajando en sus cosas pueden escuchar las noticias del otro lado con la voz metálica de un robot. Le llamamos Marvin, como el androide paranoide de La Guía del autoestopista galáctico. María nos cuenta que la Casa de Indias ya está practicamente lista. Fer y Leti se conectan desde Buenos Aires y anuncian que irán el jueves a echar una mano y pasar con ella el fin de semana.

Es un día normal. Una empresa simplemente no necesita tanta parafernalia de cargos y responsabilidades para funcionar. Ni siquiera requiere tantas asambleas formales como en el viejo cooperativismo. Basta con seguir la actividad interna y aportar lo que cada cual crea oportuno en cada debate. Es sencillo, modesto y siempre hay hilos de discusión abiertos donde comentar algo.

Cuando hay oportunidad de abrir una nueva línea de trabajo los impulsores se hacen responsables y forman otra cooperativa que se unirá al grupo reproduciendo una vez más el sistema y asegurando que el crecimiento de cada nodo no se convertirá en gigantismo.

Cambias de tareas cada cierto tiempo, aprendes cosas nuevas y participas con ganas en lo común, que no dejas de sentir tuyo en cada momento. Cada cierto tiempo toca passagium. Viajas, cambias de aire y de mesa de trabajo, visitas clientes distintos, descubres nuevos lugares. Y, como siempre, vuelves a casa al final del día.

La vida en la filé es sencilla, pero también apasionante. La principal motivación para trabajar es el trabajo mismo. Cuando empieza a fallar, inventas otro nuevo. Es verdad que en poco tiempo y a no ser que tu trabajo te obligue a leer los diarios, empiezas a participar más en la política interna de la filé que a seguir los anecdotarios políticos en que se han convertido las secciones de Nacional en la prensa de todos los países.

¿Por qué la filé? Pues porque ninguna empresa tradicional nos habría dado las oportunidades de aprender que hemos tenido construyendo la nuestra. Pero sobre todo porque no hay marcha atrás. Una vez tu vida se ha reagrupado, una vez trabajo y vida dejan de oponerse, no me cabe pensar una vida diferente. No es que sea idílico: sigue habiendo diferencias, conflictos y enfados. Pero son sobre cosas tuyas en un terreno que es tuyo y en el seno de un grupo de personas a los que consideras realmente tus iguales.

¿Por qué la filé? Porque puedes irte. Porque puedes hacer cosas distintas si no te vas. Porque tú le das forma tanto como cualquier otro. Porque tanto si va bien como si va mal, tu esfuerzo cuenta y marca la diferencia. Porque todo eso junto hace que ofrezca más libertad que ninguna otra forma de organización del trabajo que haya conocido.

Y sobre todo porque como diría cualquier neovenecianista, vale para nosotros. No se impone, ni siquiera se ofrece. Se hace y se construye. En comunidad. Desde la comunidad real, con nombres, caras y gestos concretos de personas que conocemos y con las que nos une fabricar bienestar y abundancia.

La filé es, de todas las materializaciones del nuevo mundo distribuido, la más radical, la más sencilla, la que más debe a todas las demás. Es hija del software libre, de la blogsfera, del ciberactivismo, de las comunidades virtuales, de la globalización de los pequeños. La filé es un modo de vivir que permite a los hackers, a los bricoleurs, a los libertarios, seguir siéndolo y hacerse mayores. Dejar un legado. De conocimiento sí, pero también de mapas, los mapas del nuevo mundo. Los que se trazan no para describir lo inamovible, sino para ser construidos por personas y habitados por sus vidas.

«Por qué la filé» recibió 0 desde que se publicó el domingo 26 de abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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