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Por qué la industria de la cultura nunca aceptará el Copyleft

De la guerra legal contra Napster a iTunes la industria cultural ha evolucionado bajo la presión de Internet. Sin embargo no darán el salto al mundo del copyleft. No pueden. Una buena razón para cambiar el modelo industrial o al menos, enfrentarse a él.

Al principio fue Napster. Conmocionó a la industria musical como si la sombra de un meterorito gigante hubiera aparecido en el cielo. La primera respuesta fue defensiva: pedir un endurecimiento de la legislación sobre copyright. Tenían miedo y hasta The Economist se daba cuenta:

La industria que creció el año pasado un escaso 3% debería estar buscando nuevas vías para crecer; debería estar adoptando el nuevo modelo Napster. En vez de eso, intentando mantener a cubierto sus fosilizadas prácticas de negocio bajo el dudoso estandarte del derecho de autor, ahogan deliberadamente la innovación y retrasan la normalización legal de la jukebox universal que los consumidores tan claramente desean.

Era febrero del 2001. Cuatro años después la “juke box” universal ya está aquí. Se llama iTunes y es el niño prodigio de la industria. La evolución de los enormes y conservadores grupos multimedia ha sido tan llamativa que, en la siempre optimista blogsfera, son muchos los que aventuran una transición igualmente rápida al copyleft. Desgraciadamente, se equivocan.

El punto de vista optimista

iTunes es todo menos música libre. No se trata sólo de que haya que pagar, es su estatus legal, el sistema de propiedad que lo sustenta. Pero parece ser rentable. Y precisamente por eso prometedor para los grupos multimedia. Así que ¿por qué ser optimista respecto a la futura adopción del Copyleft por la indústria cultural? Repasemos el argumentario optimista:

Como argumentan los defensores del copyleft, el modelo de propiedad intelectual debería cambiar en un mundo donde copiar productos culturales como libros electrónicos o canciones en mp3 es fácil y gratuito. De hecho muchos estarían de acuerdo en que en un mundo digital -como Internet- servir una copia extra no tiene coste adicional para el que la ofrece. De acuerdo con la teoría económica convencional esto significa que el precio competitivo debería ser cero.

Es decir que si el mercado musical o el cultural en general fueran competitivos y no oligopolísticos como son, los contenidos digitales deberían ser gratuitos. De acuerdo con esto la pretendida “piratería del P2P” sería sólo una forma particular de mercado negro aparecida en reacción a una intervención exógena al mercado. Los mercados negros aparecen frente a las regulaciones estatales o el control monopolista. La tecnología digital se habría convertido en una revolución precisamente porque permite a los consumidores romper el control oligopolístico y conseguir los productos a su precio competitivo.

Continuando con el argumentario optimista, la industria se ha percatado de esto y sólo está tratando de ganar tiempo. Tarde o temprano se reestructurará de acuerdo con la sencilla verdad del mercado. Tarde o temprano aceptarán que no pueden ya forzar a la gente a pagar por contenidos digitales. Distribuirán entonces la música gratuitamente. Y el sistema de propiedad óptimo para organizar un modelo de negocio en estos entornos de precio cero no es otro que el Copyleft.

Un cuento de enredaderas y árboles

Desgraciadamente la provisión de contenidos digitales no tiene exáctamente un coste nulo. Tiene una función concreta de costes marginales, que no es igual. Y como las tendencias de la WWW muestran, este modelo tiende a producir dos mundos separados con intereses y dinámicas económicas opuestas: grandes periódicos y editorales por un lado, bitácoras por el otro, iTunes y el movimiento de la música libre, Microsoft y Linux… árboles y enredaderas.

 

El gráfico superior derecho representa la distribución del coste marginal para un blogger individual. Es cero la mayor parte del tiempo. Pero de cuando en cuando, un sólo lector más se convierte en extremádamente caro: los servidores deben mejorarse, el ancho de banda contratado ampliarse… y todo eso cuesta dinero.

Una vez un blogger alcanza influencia real en la comunidad identitaria que le importa no luchará por conseguir más lectores. En realidad está interesado en ser referido, citado, nombrado, en ver sus ideas reflejadas en otros en la medida en que eso refuerza los valores de su comunidad y su papel en ella…. pero no querrá pagar por el coste de esos lectores ajenos extra. Este es el sustento económico bajo la necesidad del Copyleft: la Economía de la propagación de ideas. Como las comunidades identitarias tienen un patrón relativamente estable de crecimiento los proveedores individuales de contenidos digitales, como los autores de bitácoras o los músicos independientes, están interesados en un “modelo enredadera”. Es decir, preferirán que el número de emisores crezca al menos proporcionalmente al de receptores. El mundo deseado por los escritores electrónicos, bloggers y músicos independientes, el “mundo enredadera”, tiene una producción cultural de libre distribución y siempre creciente, realizada por una masa de creadores cuyo número crece incluso más rápido. En el límite, el modelo social bajo este esquema llevaría a Internet a producir una confusión total entre emisores y receptores, entre productores y consumidores. Todos seríamos ambas cosas.

Por lo mismo distribución y marketing también se confundirían: cuando eres un autor que espera vender sus “ediciones especiales”, como las ediciones impresas de tus libros o CD’s con tus canciones, fidelizar a tu comunidad es una cuestión crucial. ¿Y qué podría ser mejor que hacer todo lo fácil posible la distribución digital de tus obras? Tu propia actividad sería tu marketing.

Ahora echemos un vistazo al otro gráfico. Es una distribución tradicional del coste marginal en relación al número de consumidores. Ese es el modelo que la industria sufre… incluso con el contenido digital. Lo que la industria hace es vender obras culturales. Tradicionalmente esto quería decir producir objetos (CD’s, libros, videcassetes…) y comercializarlos después. Una industria centrada en contenidos digitales sería sobre todo una máquina de marketing. Hoy los gastos totales de marketing necesarios para un éxito de Hollywood rondan el 30% de la inversión total en una película. En un mundo en red, con costes marginales de distribución electrónica nulos, el marketing tendría un peso aún más importante en la estructura de costes. Y como se recuerda en todos los estudios sobre industrias culturales el marketing de bienes culturales es muy sensible a la escala. Por ello, las industrias culturales que hoy conocemos nunca adoptarán el Copyleft, porque su objetivo siempre será alcanzar economías de escala. Están interesados en un modelo en el que el número de consumidores crezca más que proporcionalmente al de productores. En el límite su sueño no es otro que un mercado cultural monopolista.

Y entonces…

Hay razones económicas serias para no ser optimista sobre una hipotética evolución futura de los actuales oligopolios culturales hacia el copyleft. Sin embargo, otros mercados de contenidos digitales, como el software, el pionero de la propiedad intelectual libre, están liderando otro tipo de soluciones.

La experiencia de Firefox y GNU-Linux muestran claramente como productos de propiedad libre desarrollada colectivamente pueden conocer el éxito social. De hecho lo que solemos llamar Linux no es muy diferente de lo que sería un amplio catálogo de música o literatura libres de alta calidad. Bill Gates no ha adoptado el software libre y seguramente no lo haga nunca. Pero el software libre está expandiéndose y cambiando radicalmente el mundo. Ha ganado importantes mercados como el de los servidores web y se ha convertido en la principal vía de transferencia de conocimiento y tecnología de los países desarrollados a los en vías de desarrollo. En los mercados culturales el movimiento Copyleft, el movimiento por la cultura libre, debería seguir la misma senda: no esperal a ser adoptado por los viejos oligopolios, sino crear grandes repositorios y catálogos de libre distribución capaces de competir por el público con la oferta de los grandes monstruos multimedia.

Este artículo es una traducción de Why cultural industries will never accept Copyleft

«Por qué la industria de la cultura nunca aceptará el Copyleft» recibió 0 desde que se publicó el Lunes 14 de Febrero de 2005 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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