LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Por qué los hackers no tienen los problemas de Mondragón

Las viejas grandes cooperativas industriales como Mondragón triunfaron porque convirtieron la solidaridad entre cooperativas en una herramienta que proyectaba la solidez del compromiso con la propia comunidad democrática en la que se vivía y trabajaba.

En un mundo industrial sin embargo, la gestión empresarial no es considerada una dimensión más de la ciudadanía, sino una actividad altamente cualificada y especializada. Los gestores se consideraban una especie de técnicos necesariamente externos y en el mundo cooperativo, en cierta medida, ajenos al proceso político-societario.

Esta idea queda reflejada en la misma estructura de las cooperativas de Mondragón cuya democracia interna es indudable pero similar a un país que impusiera al parlamento elegir sólo primeros ministros extranjeros. Para compensarlo, desde sus orígenes, Mondragón ha pivotado sobre la formación y el empoderamiento de su gente. Los gerentes no serán cooperativistas, pero se les supone un cierto espíritu común impulsado desde la universidad y la escuela de negocios del grupo. El resultado ha sido basicamente exitoso, la lógica de los incentivos a la gestión basados en salario, opciones, etc. parece haber funcionado razonablemente sin estirar excesivamente las diferencias entre salarios. Si la relación entre el salario mayor y el menor en una cooperativa era de tres a uno en los 80, hoy llega en algunos casos de doce a uno, cuando en cualquier gran empresa durante el mismo tiempo, quinientos a uno se considera morigerado.

Con todo las relaciones dentro del índice de ingresos siguen siendo un tema de debate reiterativo en el mundo cooperativo, sobre todo desde que algunas cooperativas han alcanzado liderazgos sectoriales lo suficientemente llamativos como para que sus directivos sean tentados por ofertas de la competencia.

Las fricciones entre el mercado y el mundo cooperativo se dan, a partir de ciertos niveles de crecimiento, en el espacio donde este aceptaba la lógica de incentivos del primero con todo lo que conlleva: desde la enajenación de los gestores del espacio democrático a la mística implícita de la secta del management con sus escuelas de negocios, su método del caso, sus libritos de autoayuda y sus patéticos gurúes.

Tenemos que volver a los hackers de Himanen, los bricoleurs de Urrutia o los netócratas de Bard para entender por qué precisamente esa zona de fricción desaparece ahora.

En un mundo donde la mayor parte del valor de un producto cualquiera nace de la innovación y por tanto de la parte creativa del proceso de producción, los incentivos que generan valor no son ya los de los gerentes, sino los que alimentan la interacción y el reconocimiento comunitario.

La fricción se traslada ahora al mundo de las empresas tradicionales, porque toda reestructuración del sistema de incentivos acaba modificando la estructura de propiedad. La empresa ha de ser valiosa para la vida de los que trabajan, conviven y comercian con ella. Y ese valor es ante todo valor derivado de un modo de vida y no tanto de bonuses e incentivos.

Los netócratas, los neovenecianos, entienden la dirección empresarial como un deber más de su ciudadanía comunitaria. Igual que el tiempo no se separa ya entre tiempo de trabajo (castigo divino) y tiempo de vida (ocio), lo comunitario y lo gerencial no se alienan, sino que se funden en un espacio que sólo puede ser denominado como de fraternidad.

El nunca suficientemente comprendido Juan Pablo II dijo una vez que si el siglo XIX fue el siglo de la libertad y el XX el de igualdad, el XXI sería el de la fraternidad. Y fue precisamente Juan Urrutia en El capitalismo que viene quién analizó por qué. La fraternidad, qué es la base, más allá de libertad e igualdad, de la democracia económica se basa precisamente aquello que las organizaciones empresariales precisan para sobrevivir en un mercado global en crisis y condenado además a vivir arrebatado por el cambio: identidad que permite alcanzar asignaciones inalcanzables en su ausencia y gusto por trabajar juntos que facilita existencia de equilibrio.

Como veremos no se trata ya de una admonición moral, sino de algo por lo que las propias empresas están cada vez más dispuestas a pagar. Enseñar, preparar y organizar la democracia económica como camino y como experiencia, es ya un producto de éxito.

La pelota, ahora, está en el tejado de enfrente.

«Por qué los hackers no tienen los problemas de Mondragón» recibió 0 desde que se publicó el jueves 2 de abril de 2009 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.

Grupo de Cooperativas de las Indias.
Visita el blog de las Indias. Sabemos que últimamente no publicamos demasiado pero seguimos alojando a la red de blogs y a otros blogs e iniciativas de amigos de nuestras cooperativas.