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Por qué no deberías estar deseando salir de vacaciones

Aunque parezca un contrasentido, cada uno de nosotros debería aspirar a no necesitar esos periodos de ruptura total llamados vacaciones. Estas sesiones prolongadas de descanso nacieron de la necesidad de una estructura de producción muy concreta: la gran máquina industrial del siglo XX.

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mirando al mar
¿Quién no ha sentido alguna vez la necesidad imperiosa de salir del corriendo del trabajo, cerrar la puerta, respirar hondo y desear no volver en una larga temporada? La necesidad de desconexión, de vaciar la mente, es el objetivo de la mayoría durante las semanas de vacaciones. Siendo algo tan maravilloso, el descanso de la vida laboral se ha visto relegado a un periodo de tiempo concentrado en momentos puntuales del año. Durante el resto, cada uno intenta lidiar con largas jornadas, a veces inconfesablemente improductivas, pero con un resultado también agotador.

Aunque parezca un contrasentido, cada uno de nosotros debería aspirar a no necesitar esos periodos de ruptura total llamados vacaciones. Estas sesiones prolongadas de descanso nacieron de la necesidad de una estructura de producción muy concreta: la gran máquina industrial del siglo XX.

Historia de las vacaciones

huelguistas franceses en 1936Francia, 1936. Ante el miedo a una revuelta de los trabajadores, los empresarios, de acuerdo con el gobierno, hacen posible la aprobación en el parlamento del reglamento que contemplaba 15 días de vacaciones pagadas. A este beneficio social el gobierno francés añadió un descuento en los ferrocarriles para las vacaciones anuales. La primera salida masiva de trabajadores en verano se cifra entorno a loas 600 mil trabajadores. La primera operación salida de la Historia. El descanso era una forma de aplacar los ánimos revolucionarios pero también era una forma de casar los ritmos de producción minimizando las pérdidas ocasionadas por los descansos oficiales administrativos, las prácticas de inventariado general o las paradas técnicas de las factorías. Así que las vacaciones nacieron como una respuesta concreta a una necesidad impuesta por las características del trabajo. Y este, intensivo en tiempo, suponía un importante desgaste físico. La vida era un ciclo de transporte, trabajo y descanso: «Métro, boulot, dodo». Y sobre todo estaba supeditada a una gran maquinaria corporativa industrial para la que los tiempos eran vitales, ya que de organizar sin fisuras los relevos dependía alcanzar las producciones planificadas.

Desde 1936 hasta hoy casi todos los países del mundo han instaurado de forma oficial las vacaciones anuales pagadas obligatorias. Un derecho que está recogido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. Todavía quedan muchas profesiones con condiciones muy duras, pero cuando imaginamos el futuro, no podemos dejar de pensar que los tiempos y los momentos de trabajo serán mucho más flexibles, que cada uno organizará sus horas de producción como un elemento más de la vida y no la vida en función de un horario preestablecido de trabajo. En una palabra, imaginamos un futuro más cercano al «Derecho a la pereza» de Lafargue que del posibilismo de la Declaración de los Derechos Humanos.

La experiencia comunitaria del trabajo y la vida

claire y jake en el 45 aniversario de twin oaksY en buena medida así es como ocurre en las comunidades igualitarias. Los comuneros, ven el cumplimiento de un horario como otra herencia del mundo industrial. Una herencia a superar. Si el movimiento comunitario del siglo XIX fue el primero en implantar de forma real la jornada de siete horas, el comunitarismo del siglo XXI parece empeñado en hacer realidad el fin de la división entre tiempo de ocio y de trabajo que Pekka Himanen supo ver en la ética de la cultura hacker.

Hoy, solo en algunas comunidades de EEUU sigue utilizándose el «Labor Credit System». Este modelo se basa en el compromiso de cada comunero con hacer un cierto número de horas productivas a la semana, pudiendo elegir a qué las dedica dentro de una clasificación en la que están incluidas muchas actividades que fuera de Twin Oaks o Acorn se considerarían «hobbies», «aprendizaje» o «vida social». Por supuesto nadie controla las horas que declara haber hecho cada uno. Y los resultados, tras casi medio siglo, son muy positivos en términos globales. Sin embargo, la mayor parte de comunidades posteriores al sesenta y ocho, funciona con un sistema aun más laxo: consenso general sobre los objetivos y equipos autónomos para lograrlos. Nadie mide el tiempo, ni siquiera el propio. Si la carga resulta desequilibrada o demasiado pesada se revisan los objetivos y los tiempos. Resultado: como media las comunidades igualitarias tienen una productividad superior a la de las empresas tradicionales con las que compiten, y esta diferencia es tanto mayor cuanto mayor sea valor añadido del sector al que se dediquen, desde el agrario a la consultoría o el desarrollo tecnológico.

La causa de fondo: hay una relación clara y directa entre el trabajo y el bienestar de la comunidad, pero también entre lo que se hace y los valores que unieron sus miembros.

Las empresas vienen detrás

vacaciones en the officeY si durante décadas nos llamaban utópicos y los resultados de kibbutzim, comunidades y grupos de hackers eran desechados precisamente por «tener una población especialmente comprometida», desde hace unos años las empresas punteras parecen haber entendido que de lo que se trata es precisamente de eso, de que sus trabajadores, como nosotros, no vean una oposición entre «tiempo de vida» y «tiempo de trabajo». Porque cuando se consigue, la productividad se multiplica. Aunque claro, lo que no está claro es que se pueda conseguir por tiempo indefinido en un medio de relaciones asalariadas.

En cualquier caso, ya no es extraño encontrar compañías que practican una política activa de no vacaciones. Richard Branson fue uno de los últimos empresarios en incorporar esta tendencia en Virgin Group. Hace unos meses anunciaba que sus 160 empleados podrían disponer de su tiempo en la forma que consideraran más adecuada, siempre que no descuidaran sus compromisos laborales. Branson afirmaba que estaba seguro que esta medida no provocaría abuso, sino que permitiría aumentar el desempeño y en general la felicidad repercutiendo de forma positiva en el resultado de las empresas.

El derecho a la perezaNetflix fue otra pionera en el establecimiento de «no vacaciones». Hace gala de tener la política corporativa más sencilla posible con sólo una regla, no tener reglas. Toda su estrategia se basa en la selección de personas primando los criterios de libertad, responsabilidad y compromiso por encima de todo.

Y no es una responsabilidad menor decidir los tiempos de descanso, encontrar el momento de poner fin a una jornada o aprovechar los días siguientes al fin de un proyecto para dedicarse a otras cosas aparentemente no relacionadas con tus funciones, visitar a tus padres o hacer un viaje. El peligro suele ser más bien en no saber parar, encontrar el equilibrio que permita disfrutar cada día de lo que hacemos. Cumplir con los compromisos genera satisfacción, pero lo productivo y sus compromisos no son nuestras únicas tareas vitales. Seguramente tampoco son siempre las más difíciles ni retadoras. Pero lo que es seguro es que no se pueden sustituir unas por otras: las frustraciones con la pareja o los amigos no se arreglan dedicándoles menos horas.

Alcanzar el equilibrio entre el tiempo de transformar el mundo -que eso y no otra cosa es trabajar- y el tiempo del juego y el disfrute sin objetivo -que eso es la pereza- depende fundamentalmente de nuestra capacidad para ser responsables, es decir de no intentar compensar las tareas vitales en las que nos sentimos más inseguros, con otras donde estamos haciéndolo bien. Si sabemos, si aprendemos a serlo, no se opondrán entre si. Y entonces es cuando dejarás de tener vacaciones, pero también dejarás de pensar en eso que haces con los tuyos para el mercado como «el trabajo».

«Por qué no deberías estar deseando salir de vacaciones» recibió 9 desde que se publicó el Viernes 27 de Marzo de 2015 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por Natalia Fernández.

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