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Por qué no te sirve lo que enseñan en las escuelas de negocio

Pretendiendo crear «comunidad en una caja» la aplicación de lo que enseñan las escuelas de negocio a lo social acaba creando cajas, dejando la gente fuera y llamando a unas cajas vacías «comunidad».

En muchos proyectos «cooperativos» y «sociales» que conocimos durante los últimos años, encontramos de forma recurrente dos ideas: que las comunidades pueden crearse -lo que ya es más que discutible- y que la forma de hacerlo es reclutar gente alrededor de un modelo y un conjunto de reglas. Por lo general estas propuestas generan tanta pasión entre las gentes del mundo startupista y los ex-alumnos de escuelas de negocios como indiferencia entre aquellos a los que pretenden «reclutar». Y sin embargo brotan una y otra vez como hongos tras la lluvia: desde las comunidades de emprendimiento a las cooperativas plataforma, lo que algunos amigos llaman «la secta del management» ha creado más sociedades sobre el papel (o el powerpoint) que todo el utopismo decimonónico con una tenacidad que no puede dejar de llamarnos la atención.

El argumento principal parece ser la «replicabilidad»: piensan que si existe un modelo (o varios) en los que la gente pueda simplemente «encajar», si liberan el «sistema operativo», si hacen público el «codex», es decir el conjunto de valores, procedures, reglas y rituales que lo definen, se producirá un verdadero florecer de cooperativas, comunidades o «empredimientos sociales» en todo el mundo. En este tipo de procesos se parte de un «manual de fases y procedimientos» al que se aportan adherentes mediante un proceso de «reclutamiento». La comunidad sería el resultado de seguir más o menos las sabias instrucciones diseñadas a la luz de lo que enseñan en las escuelas de negocio.

La idea startupista de comunidad busca la «replicabilidad», un molde en el que la gente «encaje»

La consecuencia es una metodología que sustituye:

  • la deliberación previa por conjuntos de reglas, prácticas y «procedures» y
  • los consensos y decantaciones que produce la deliberación por sistemas de decisión que separan mayorías y minorías

Pretendiendo crear «comunidad en una caja» la aplicación de lo que enseñan las escuelas de negocio a lo social acaba creando cajas, dejando la gente fuera y llamando a unas cajas vacías «comunidad».

Pretendiendo crear «comunidad en una caja» el startupismo acaba creando cajas vacías y llamándolas comunidad

Contra la replicabilidad

La idea de replicabilidad es típicamente corporativa: «lo que uno hace es bueno si tiene mucho éxito entre mucha gente y puede repetir y escalar el modelo en muchos sitios». Esto es cierto para el propietario de una fábrica de gaseosas o de una cafetería de Seattle: cuanto más gente prefiera su producto y en más sitios pueda abrir una fábrica propia o una franquicia, más dinero ganará y mejor negocio habrá hecho. ¿Pero tiene las mismas consecuencias y significados cuando hablamos de la vida o el trabajo en comunidad?

La idea de replicabilidad es típicamente corporativa, vende franquicias, no sirve para alentar coops o comunidades

Replicabilidad, en la cosmovisión corporativa, implica que «la gente» es más o menos intercambiable. Tanto los trabajadores como los consumidores. Y la verdad es que si pensamos qué significa «la gente» en relación a un producto es relativamente cierto. La diversidad humana es irreductible, pero en relación a cada pequeño consumo concreto, también bastante limitada: a «la gente» le gustan 23 tipos diferentes de salsa de spaghetti y unos 15 tipos de cola, a partir de ahí, el coste de recordar los matices entre sabores hace que nadie se preocupe demasiado. ¡¡Gran noticia para los grandes inversores y sus problemas de escala!!

Algo parecido pasa en la estructura corporativa: si te contratan como repartidor o como camarero, todo lo que importará de tu carácter y de tu visión del mundo se limitará a algo bastante concreto: tu capacidad para traer y llevar cosas. Por eso reemplazar a un obrero por otro de similar cualificación es fácil para una empresa. Importan las productividades globales para una tarea concreta y esas regresan a la media una y otra vez. Las direcciones de Recursos Humanos de las grandes compañías mueven trabajadores todos los días por millares.

Pero si pensamos en una cooperativa de trabajo o en una comunidad igualitaria, el compartir de forma real decisiones y compromisos involucra muchas más cosas, más dimensiones de la vida. Trabajar en comunidad afecta a todo nuestro modo de vida. Así que dudosamente la diversidad entre las personas, cuando es considerada en el conjunto de sus ideas y creencias, será tan limitada como si se considera desde el punto de vista del consumo de un bien concreto o la ejecución de una tarea concreta dentro de una macroorganización. Resulta problemático pensar que en esto de «crear comunidades» el papel del individuo se limite a encajar, a ser pieza de una estructura igual que en los planes de personal del mundo corporativo.

Es curioso, pero cuando se le pide a alguien que imagine cómo sería su vida en una comunidad es poco frecuente que se imagine en una comunidad en abstracto. Muy rara vez describe un conjunto de reglas. En la gran mayoría de los casos se imagina compartiendo una casa grande y una vida profesional creativa con sus amigos, personas a las que conoce, aprecia y con los que comparte previamente una conversación vital. El universalismo casi siempre es deseado para los demás, como los documentales de animalitos, las fiestas sin alcohol o los cursos de inglés. Para uno mismo, lo concreto, lo vital, lo gozoso es siempre más importante.

El universalismo es para los demás:como los documentales d animalitos, las fiestas sin alcohol o los cursos d inglés

Contra el «procedure»

Por otro lado, la forma procedimental de pensar, de la que surge este planteamiento, tiene consecuencias en la forma de elaborar y fundamentar proyectos y documentos. La lógica procedimental minimiza la deliberación, reduciéndola a un desarrollo a pie de página de los pasos de un procedimiento estándar que podría servir para hacer un programa o desarrollar un plan corporativo. Igual que el estudiante que confunde conceptualizar el índice de un trabajo con la función de índices en el procesador de textos, el «emprendedor social startupista» quiere crear una comunidad con un proyecto de Asana: repartiendo órdenes.

No hay que olvidar que tanto en el desarrollo de software como en la puesta en acción de planes estratégicos corporativos, lo que hacen las distintas divisiones de la empresa o grupos de desarrolladores es traducir un planteamiento ideológico y unos objetivos globales generados en esferas superiores de la organización. Los trabajadores «participan» de un diseño global que no es suyo, sino de los equipos directivos y sus consultores. Su trabajo es «bajar de las musas», es decir, de la reflexión sobre los objetivos y una estrategia prediseñada, «al teatro» de las tareas que lo convierten en realidad. Las consecuencias son la expresión de un poder que no es el de la comunidad sobre el proyecto sino el de los «gestores» sobre los asociados:

  • La decisión sobre el mejor modo, sustituye a la reflexión sobre el mejor objetivo. Discutir los puntos no es discutir su pertinencia ni a dónde conducen, sino si sirven mejor o peor para alcanzar unos fines que vienen dados.
  • Las herramientas de listado y vigilancia del cumplimiento de tareas se tornan protagonistas, pues no se está desarrollando un «saber», un aprendizaje, sino un «hacer» a partir de unos objetivos ya establecidos. A eso,
    en casa le llamamos «alienación».
  • Las aportaciones se miden por el número de tareas realizadas y las horas empleadas en realizarlas, pues su valor es relativamente equivalente: tiempo de ejecución.
Emerge un poder que no es el de la comunidad sobre el proyecto sino el de los «gestores» sobre los asociados

¿Una alternativa?

DeliberaciónLa alternativa comunitarista para «crear comunidad» es «desarrollar conversación». Los proyectos «se fundamentan», a veces durante largos periodos de debate teórico general en los que se definen y ajustan nuevos términos o se afilan definiciones comunes para que pasen a tener un sentido más preciso. Estos glosarios son el resultado de un largo debate colectivo, no la aclaración de una clave necesaria para el desarrollo de las tareas del plan. Y es que en este modelo no hay, estrictamente, un «plan». La deliberación no es solo una «fase previa» que sustituye comunitariamente el rol del equipo directivo de una corporación. La deliberación inunda todo el proceso y se confunde con el hacer en común. Porque la deliberación produce los conocimientos que necesita para traducirse en acción y porque no es necesario «repartir tareas» cuando la conversación ha madurado en un nuevo consenso. Las tareas no se adjudican (como una carga, como un «marrón» que «te cae» en la organización), se «subastan» porque uno desea realmente hacerlas y así testar eso que creemos recién aprendido.

La deliberación d una comunidad viva produce por sí misma los conocimientos q necesita para traducirse en acción

El procedimentismo corporativo que se enseña en las escuelas de negocio hasta hace poco reducía la cooperativa a «forma jurídica», ahora ve en las cooperativas plataforma una «forma providencial». En el fondo sin embargo está operando el mismo error perverso: necesitaba vaciar a la comunidad de conocimiento y autonomía para convertirla en algo predecible, gestionable con reglas y sintetizable en un juego de procedures que elimina aquello que es lo más querido cuando la comunidad se convierte en productiva: la sensación de haber aprendido algo nuevo y ser por tanto un poquito más libres y autónomos cada vez que hacemos un proyecto.

«Por qué no te sirve lo que enseñan en las escuelas de negocio» recibió 10 desde que se publicó el martes 4 de julio de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. Juan Ruiz dice:

    Y también, como forma de crear adhesión al proyecto corporativo, sobre todo entre el cognitariado, el abrir “falsos” foros o espacios de participación de los trabajadores en las deliberaciones sobre los sistemas de producción y la gestión de la empresa, especie de vampirización que intenta legitimar la estructura de poder de la misma empresa jerárquica (toyotismo). Por ello gran parte de las burocracias empresariales lo son del control, de elaborar informes e indicadores de gestión o de productividad y de eficiencia y de adiestrar al personal con su cumplimiento, en muchos casos con la propia soga que construyen los mismos trabajadores con los procedimientos de participación.

  2. Juan Ruiz dice:

    Realmente muy útiles estos últimos post sobre el trabajo.

  3. Juan Ruiz dice:

    Se los estoy pasando a mi hija que ya está en edad laboral, para que reflexione y mire de otra manera, o desde otra perspectiva.

  4. Nomo La dice:

    hablando por mí, las escuelas y las facultades no han hecho sino mercantilizarme para el empleador… poco o nada he aprendido en ellas.

  5. Jordi López dice:

    Venimos hablando mucho en la Matriz de la nueva fiebre del emprendedurismo… se habla del ‘impacto social’. y bla, bla… Y creo que liga mucho con artículos recientemente publicados .

    Por otra parte, vienen hablándome de Teamlabs , en el que parece ser te ‘licencias’ creando tu propio negocio en equipo… Y que ya dispone de su propio título universitario – “Startupismo” … à la Mondragón ?

    https://www.youtube.com/watch?v=kiIclfJFi4U&feature=youtu.be

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