LasIndias.blog

Conquistar el trabajo es reconquistar la vida

Grupo de Cooperativas de las Indias

videoblog

libros

Por qué ya no hablamos (casi) de tecnología

En este nuevo mundo lo distribuido está ya fuera de la realidad más allá de pequeñas redes comprometidas, lo transnacional será cada vez más difícil y la abundancia estará progresivamente fuera de la ley. Vamos a vivir y convivir inevitablemente con una descomposición social acelerada, en una cultura cada vez más chata y localista, con una política inevitablemente cínica, hooliganesca y xenófoba, en medio de sentimientos crecientes de desesperación y con una maquinaria mediática que llamará a gritos a mirar a otro lado. Y a pesar de todo, hay un espacio desde el que sembrar el cambio.

El mundo en el que crecimos (1989-2010), el que daba sentido a buena parte de nuestro trabajo, se fue «apagando» durante los últimos diez años. Sus dos totems eran la globalización e Internet. Desde muy pronto supimos ver por debajo de ambos, que lo relevante, que el elemento revolucionario, no eran uno ni otro, sino la emergencia de las redes distribuidas y la globalización de los pequeños.

Hoy Internet no es ya, en lo fundamental, una red distribuida. La recentralización se ha dado en dos planos: el estatal y el corporativo. El corporativo comenzó a ser evidente a partir de 2007 con los facebook, google, etc. El estatal tuvo una parte en principio invisible -Prism, las leyes de traza, etc.- que dieron sentido al modelo de Internet «nacionalizada» que es tan claro en China o Rusia pero que en realidad ya es global.

Todo lo que tenía de revolucionario Internet desaparece con su recentralización. En primer lugar, desaparece la masividad de la experiencia práctica de la abundancia, un fenómeno nuevo para nuestra especie y que representa todo el potencial transformador de las nuevas tecnologías que se hacen masivas en los noventa. Con la recentralización vuelve también el poder de filtro. Y vuelve multiplicado desde lo más pequeño y cotidiano, convertido en la amenaza permanente de un control total.

Pero más que en el control, donde a partir de 2007 comienza a ser evidente la regresión es en la renacionalización de las conversaciones. El mundo que había surgido con las redes distribuidas y la globalización había sido un mundo donde lo nacional se erosionaba en todos los frentes, donde la transnacionalidad, especialmente dentro de los grandes continuos lingüísticos, había llegado a ser el vector definitorio del nuevo tejido social. Toma forma entonces un cierto «comunitarismo digital» que considera a la vieja comunidad imaginada a la vez demasiado grande y demasiado limitada como para proveer de una identidad colectiva.

Pero no nos engañemos. Aunque había elementos transformadores, progresistas en el sentido estricto -pues nos acercaban a la abundancia- los casi treinta años que van de 1990 a 2017 están marcados ante todo por la descomposición, es decir por la destrucción simultánea de las dos instituciones centrales del capitalismo: Estado y mercado. Las grandes empresas sobre-escaladas capturan el Estado para obtener rentas y jugar con ventaja en el mercado (regulaciones a medida, monopolios, etc.) y, por qué no, succionar rentas directas (subvenciones, contratos estatales, etc.) cuando es posible. Hoy el elemento más visible de la descomposición parece ser la corrupción. Pero eso es solo una excrecencia, un modo de expresión de algo más profundo cuyas consecuencias abrumadoras llegan a cada rincón de la vida de cada habitante del planeta: destrucción del tejido productivo, abandono de las funciones cohesionadoras del Estado, cultura del «sálvese quien pueda», tomas del poder por mafias y para-estados en los países más débiles… De fondo, la fuerza que empuja todo es la sobre-escala del capital, acentuada por las nuevas tecnologías y cuya némesis es esa economía directa que el capital no puede digerir ni neutralizar más que centralizándolo todo de nuevo.

En unas décadas donde la soberanía está cada vez más claramente en los escritorios, el nuevo proyecto imperial comienza por el software y culmina en la lengua vehicular de las escuelas. No es que la globalización sea per se homogeneización anglo, es que la batalla por controlar las tendencias a lo distribuido, se convierte inmediatamente en un intento de centralización que tiene una inevitable vocación de dominio cultural. El territorio último a conquistar son, y se dice abiertamente, «los corazones y las mentes». Por eso son, a pesar de todo, años oscuros para el debate, años donde dos siglos de pensamiento social se han tirado a la basura en bloque y en los que algo tan simple como llamar al sistema económico por su nombre -capitalismo- inhabilita y margina automáticamente. Años durante los cuales la máquina social, la estructura del poder, se niega a si misma, se hace invisible y consigue tener una izquierda a la medida, incluso un «radicalismo» a la medida que sustituye la discusión de las estructuras de poder por la discusión del acceso al poder entre las diversas «identidades» que imagina constitutivas del Estado. La igualdad es invisibilizada por la «diversidad» mientras la fractura social se hace cada vez más evidente.

La vuelta del viejo mundo nacional y autoritario

La re-adopción del nacionalismo como rechazo del cinismo del identitarismo postmoderno, la vuelta a la dialéctica amigo-enemigo basada en la balanza comercial, el inevitable tufillo fascista-corporativo, el hiperliderazgo twittero… no son «novedades» de Trump. Todos esos elementos van apareciendo en la segunda mitad de la década pasada: en la primera campaña de Obama o en las políticas de identidad nacional de Sarkozy y con el cambio de década ya en el hoy sacrosanto -por algo- 15M o en Beppe Grillo.

Todo muy coherente con el cambio que se estaba produciendo por debajo: recentralización y renacionalización de las estructuras y las conversaciones. A veces uno querría que el marxismo fallara tanto como nos dicen que falla. Pero qué le vamos a hacer, los cambios en las estructuras económicas y de comunicaciones transforman la experiencia social al punto en el que su representación, las ideologías e ideas de una época, no pueden sino reflejarlas. No es que el curso de la descomposición tuviera que conducir necesariamente al Brexit y Trump. Pero tarde o temprano recentralización y renacionalización iban a acabar alimentando el nacionalismo económico y el autoritarismo tanto como las peleas en el seno de las élites (el «descubrimiento» de la corrupción).

Vimos bien que el Brexit no solo era posible sino que iba a marcar la entrada en una nueva época. Una época donde los elementos dominantes ya no van a ser lo distribuido, la abundancia y la transnacionalidad y donde la soberanía vuelve a ser reclamada por y para el Estado. Esa vuelta del Estado al protagonismo no significa en absoluto un freno a la descomposición en un mundo en el que el Estado no duda en usar su poder para convertir hasta el ADN de la patata y la cebada en rentas para el capital sobre-escalado y en el que los pequeños y terribles paraestados de la década anterior siguen mutando bajo el modelo del Estado Islámico.

En este nuevo mundo lo distribuido está ya fuera de la realidad más allá de pequeñas redes comprometidas, lo transnacional será cada vez más difícil y la abundancia estará progresivamente fuera de la ley. Vamos a vivir y convivir inevitablemente con una descomposición social acelerada, en una cultura cada vez más chata y localista, con una política inevitablemente cínica, hooliganesca y xenófoba, en medio de sentimientos crecientes de desesperación y con una maquinaria mediática que llamará a gritos a mirar a otro lado.

Nuevo mundo, nuevos temas, mismo objetivo

Y a pesar de todo, hay un espacio desde el que sembrar el cambio. Porque con la vuelta del Estado al centro de la batalla, la teoría económica se revitaliza e inevitablemente volverá al debate público. Porque ya está volviendo a ser evidente la centralidad del trabajo y porque con ella reaparecen el laborismo y la democracia económica.

La tecnología ya no toca. Hoy por hoy solo puede ser objeto de discursos de resistencia o propaganda startupista, expresión última del sinsentido de la sobre-escala del capital. Eso no quita que el software libre no siga siendo la base de toda soberanía real, que la economía directa no siga siendo un vector de transformación fundamental o que vayamos a olvidar la relación entre lo distribuido y la abundancia.

No podemos ni debemos olvidar lo aprendido durante los últimos treinta años. Pero estamos en un mundo nuevo. Un mundo en el que la batalla contra la descomposición va a estar en el trabajo, su identidad y la capacidad de lo comunitario para mantener su autonomía.

«Por qué ya no hablamos (casi) de tecnología» recibió 19 desde que se publicó el lunes 19 de junio de 2017 dentro de la serie «» . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

Comentarios recibidos en este post y unidos a la discusión global de todos a través de la Matriz, nuestro espacio conversacional.

  1. No puedo evitar un cierto bajón al leer el post, aunque comparto tu análisis. Para nosotros supone una vuelta a mensajes que llevamos incorporados y que no cuajaron en su momento, como la democracia económica.

    Apuntar también que la tecnología hoy es desempoderadora y recentralizadora: Inteligencia artificial, Big Data, Bitcoins… van asociadas a la gran escala, del capital y de las infraestructuras, devolviéndonos al tiempo de los científicos de bata blanca controlando sus inmensos ordenadores. El nuevo tejido empresarial hipereficiente y productivo, necesitado de inversiones para innovación e I+D+i del que oímos hablar por igual a todos los partidos políticos como base del nuevo modelo económico, irá a parar a los 4 de siempre alimentando así el ciclo de recentralización económica y tecnológica.

    No es un panorama alentador, queda atrás también el movimiento articulado del software libre, que cedió a los cantos de sirena del Estado en los últimos años. Fue breve, y cómo no, sustituido por los espacios propios de atracción de talento de Google o Telefónica. Al tiempo que se consolidaron, dependientes de lo público, los espacios abiertos a la innovación que no a la producción.

    En realidad, lo que avanzabas en 2010, en «Los futuros que vienen» se ha manifestado, y se encuentra cual elefante en cacharrería. Menos mal que nos quedan los resquicios 🙂 !!!

    • Pronto serán más que resquicios: en un mundo así el comunitarismo es más importante que nunca y más atractivo que nunca también en la medida en que sepamos -como hasta ahora- ser burbujas de una libertad y un modo de trabajar/vivir/aprender que van a ser negados en cada rincón: lo distribuido, lo transnacional, lo libre, pueden de ser las claves de la imagen y el atractivo de los nuevos «kibutz» para una nueva generación.

  2. Juan Ruiz dice:

    No acabo de entender muy bien la conclusión de que “la tecnología ya no toca”. Supongo que a consecuencia del análisis que haces la tecnología ahora no posee ninguna componente de liberación? Hace unas semanas Las Indias comenzó en el blog una serie sobre tecnología, ¿significa esto que esta línea se cierra porque merece más atención otros temas? ¿No es posible superar el binomio apocalípticos e integrados que nos mostró U. Eco?

    • Como decía @nat las tecnologías que vienen (IA, cuántica, big data, etc.) son tecnologías de gran escala, en principio centralizadoras y orientadas a una suerte de micro-biopolítica. No, no son liberadoras precisamente. Lo que no sé es a qué serie de posts te refieres :-/

      Creo que a día de hoy tenemos superada la dicotomía apocalípticos-integrados. Seguramente eso sea de las mejores cosas del comunitarismo. La mera existencia de comunidades como las Indias permite superarla. Porque al final esa dicotomía no es otra cosa que la elección entre un trabajo alienante con una vida intelectual y emocional en resistencia (ser «apocalíptico») o aceptar que todo está bien -con un notable ejercicio de «desver»- a cambio de cierta paz de espíritu, ganando el estado anímico que hace posible -cuando la economía o el azar lo permiten- un trabajo un poco más gratificante (los «integrados»).

      Dicho de otro modo, las comunidades igualitarias, los kibutz como las Indias no son/somos ni apocalípticas ni integradas, somos la alternativa a integrarse en el apocalipsis. 🙂

  3. «somos la alternativa a integrarse en el apocalipsis» qué hermoso 🙂

    @ruivaldivia Sobre las tecnologías, liberadoras, claro, pero tal vez más importante desde el plano de la producción sea su carácter igualador, pues hasta cierto punto compensan las diferencias de capital a la hora de poder diseñar y sacar a mercado un nuevo producto. Aumentan la competencia y y la diversidad de agentes. Siempre me ha resultado fascinante…

    • Y no deja de ser interesante que con la vuelta de la concentración/centralización (IA, big data, etc.) vuelvan a la actualidad el socialismo de estado, la producción estatal, el cooperativismo de escala… formas de paliar los desastres sistémicos que sin embargo no generan la autonomía que es necesaria para pensar realizable una alternativa de abundancia cuando la productividad lo permita… claro q si el desarrollo tecnológico se da exclusivamente desde lo centralizado, nunca lo permitirá.

  4. Me encanto volver a leerte @david pero como dice @nat da cierto bajón aunque para nada negativo, sobre todo como constatación de que la “propaganda startupista” está a tope.
    En cierta forma no puedo sino sentir cierta representación con lo que ando viviendo, tal vez por eso el gusto de leerlo de forma tan clara, que es lo que siempre rescato en Las Indias. Creo definitivamente que esa creación de identidad y autonomía es necesaria pero el reto pasa por plantear si en los diversos sistemas que vivimos se permiten esas burbujas.
    En relación a este tema aprovecho para preguntarles abiertamente, y porque creo que entronca con el tema aquí expuesto, la sorpresa que me estoy llevando de ver los botones de compartir en redes como facebook o el hecho de que hayan decidido abrir su videoblog en Youtube, ¿hay algún sitio donde pueda leer sobre el hecho de que hayan tomado esas decisiones? Creo que seguramente deba haber un hilo de mucho interés sobre esto que se plantea aquí a propósito de la recentralización de la web y los espacios que decidimos habitar.
    Pd: echo de menos la matriz de GNUSocial! 😉

    • Es una reflexión larga. Empezó en 2010 cuando nos dimos cuenta de que el tiempo cambiaba y la verdad es que la aguantamos cuanto pudimos. GNU-social fue el último intento y la verdad es que le pusimos todo hasta que vimos que no daba más. Ahí «recogimos carrete» y sacamos consecuencias. Teníamos que elegir entre mantener un ejemplo que pocos podíais entender o ganar la opción de una vía de contacto con la generación que se hizo adulta en esta última década. Elegimos perder soberanía a cambio de una opción de ganar futuro. Obvio no es plato de gusto. Pero nos jugamos mucho. Y ahí estamos, empezando de cero y en mitad de territorio enemigo.

      • Diego Tejera dice:

        El nodo de lamatriz de GNUSocial fué toda una Escuela. Gracias.

        • Gracias a ti y a todos los que compartieron y aportaron con nosotros a la aventura… en laMatriz-GS, más allá de las limitaciones técnicas lo que nos faltó fueron otros nodos con vocación comunitaria. ¿Qué sentido tiene crear una arquitectura distribuida si no hay una verdadera red de pares? Ahí fue donde tuvimos que admitir que estábamos como el coyote andando en el aire. Por eso el software de itinerarios no nace pensando en una estructura distribuida. ¿Qué sentido tendría el esfuerzo? Eso sí, en cuanto aparezcan otros nodos, cuando tenga sentido, los reflejos no nos faltarán.

      • Sin duda está siendo una de las problemáticas más fuertes en las que nos encontramos aquellos quienes deseamos el potenciamiento de la distribución reflejado en las herramientas versus ganar esa vía de diálogo. Para mí las Indias ha sido y es una de mis mejores escuelas de pensamiento y acción. Entiendo que tomar esta decisión no es fácil. Se suele decir (o yo suelo decir) que al fin y al cabo las redes más comerciales han de ser usadas para lanzar llamados a conocer otras redes… y se convierte en una complicación añadida más que en una provocación o una estrategia que puedas definir. El tiempo que se invierte en cada una de las acciones ha de ser medido de una forma que no nos permita el autoengaño. Obviamente les deseo lo mejor y ahí estaré acompañando tanto en la discusión crítica como en la práctica, y sobre todo, a jugar, jugar siempre.

  5. Está claro que la tecnología (o sus usos) están cambiando de aires, pero al igual que los blogs nos produjo una blogosfera mas o menos efímera, podemos también esperar que el impacto en sentido contrario tenga un efecto hasta cierto punto limitado. Los cambios son tan rápidos que las grietas, con la emergencia de un inesperado memeplex, se agrande de pronto… Al mismo tiempo, pueden ser tecnologías que se devoren a sí mismas, que mueran en su propia lógica en tiempo record, por su contribución a la descomposición.

    Como dices no hay que dejar de trabajar, porque los aires pueden volver a cambiar.

    El otro día leí sobre la posible deblace de Google, algo que ahora nos parece impensable:

    http://blogs.harvard.edu/doc/2017/06/16/google-enters-its-chrysalis/

    • Google tiene muchiiiiiiisimas formas posibles de monetización y una cantidad de capital casi inimaginable. No lo veremos caer ni colapsar tan fácil ni rápidamente como propone el post que enlazas. El impacto a día de hoy de la recentralización es brutal. Ya se viene viendo en la cultura política desde aquellas primeras elecciones de Obama. Ni hablemos de lo que vino después. La cultura en general ha cambiado a cuenta de la recentralización. Y los negocios. Por una vez no estamos adelantando un futuro, sino aceptando el futuro que adelantamos entre 2007 y 2010 en el blog. A cierto punto es el reconocimiento de una derrota, pero no al modo del soldado que se rinde, sino del que se embosca 🙂

  6. Aquel “fin de la historia” de Fukuyama…

Pingbacks recibidos desde otros blogs

Deja un comentario

Si no tienes todavía usuario puedes crear uno, que te servirá para comentar en todos los blogs de la red indiana en la
página de registro de Matríz.

Grupo de Cooperativas de las Indias.
Visita el blog de las Indias. Sabemos que últimamente no publicamos demasiado pero seguimos alojando a la red de blogs y a otros blogs e iniciativas de amigos de nuestras cooperativas.