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Prensa de papel: ¿reaccionarios o tartufos?

El oligopolio mediático intenta denodadamente imponer, mediante restricciones legales, un modelo de prensa nacido de las limitaciones tecnológicas existentes hace dos siglos. Pero la lógica de la red es implacable y los periodistas empiezan a descubrir las bitácoras como fuentes informativas fundamentales. Incapaces de reconocerlo y citar lo que llaman “paginillas de internet”, los periódicos en papel espigan plagios cada vez con más frecuencia en sus páginas. Pero hasta plagiar requiere una mínima cultura tecnológica y mientras hacen grandes aspavientos por ser enlazados, caen en ridículos espantosos, haciendo cortapega y publicando como noticia contenidos satíricos o incluyendo, como opinión firmada por otros, contenidos de ésta misma bitácora que ya habían sido leidos por decenas de miles de personas. ¿Estamos ante tartufos que persiguen la cita ajena mientras hacen sordina a los plagios propios?, o es que ¿el discurso oficial va contra el sentido de los tiempos y hace aguas inevitablemente?.

Hace ahora un año, los grandes periódicos y grupos multimedia comenzaron una campaña, paralela al fracaso de sus ediciones digitales, destinada a conseguir la restricción legal del enlazado profundo y el derecho de cita. Campaña que hace poco se materializaba en el acoso legal a los press-clippings online, acusados de hacer negocio con el cortaypega de materiales ajenos.

De nada sirve frente a ellos argumentar que la lógica de la web es la de una enredadera de citas, enlaces y reconocimientos. Los grandes periódicos en papel defienden una y otra vez el modelo de prensa surgido hace ahora poco más de dos siglos de las limitaciones impuestas por las tecnologías del papel y las comunicaciones entonces existentes. Como ya hicieran antes las discográficas, intentan hacer pasar la defensa de su modelo de negocio -que cada vez tiene más dificultades frente al mercado- como defensa del derecho de autor.

Una información, dos sistemas

Pero si no funciona calcar el modelo de negocio del papel a la web es porque el modelo informativo hace aguas, no ya en el nuevo medio, sino en la nueva realidad enredadera de este siglo. En el modelo del periodismo clásico, los medios eran los cancerberos de la información, la cual extraían unos profesionales llamados periodistas, de la misma realidad, dándole su primera forma textual: la noticia. Los periódicos eran pues el resultado de una actividad profesional especializada que se aderezaba con la opinión de una serie de firmas, valiosas en tanto que se les suponía mejor informadas. La materialización mítica de la figura del periodista era el corresponsal, un señor descontextualizado al que se enviaba -con notables costes- a lugares apartados dónde ocurrían sucesos que se juzgaban dignos de ser relatados como noticias. La mejora de los sistemas de comunicación no han mejorado ni cambiado la estructura de éste sistema, sólo aumentado su inmediatez hasta el límite: el periodista empotrado de la guerra de Iraq.

En la enredadera hipertextual, las cosas en cambio van de forma muy diferente. Las fuentes aparecen diréctamente en forma hipertextual y prácticamente en tiempo real aportadas por los propios protagonistas. Durante la última guerra de Iraq pudimos leer las crónicas de los bombardeos que hacían los propios ciudadanos bagdadíes y las experiencias de los soldados norteamericanos a través de sus bitácoras. Incluso las propias bitácoras de los periodistas empotrados y los congresistas que les visitaron después, son más interesantes que las crónicas oficiales y se enlazaron por toda la web durante aquellos días. La info y el contexto están ahí, a disposición de todos. El mejor informado es el que mejor sabe buscar y más tiempo dedica a navegar entre mejores fuentes. El que más conoce es el que dota a toda esa información de un marco de análisis más coherente.

Nuevo Periodismo

En la nueva estructura reticular de la información, el centro del periodismo ya no está en la redacción, en el paso de la información de hecho a noticia, sino en la selección de fuentes que están, de todas formas, inmediata y directamente disponibles al lector. Esto es lo que hacen la mayor parte de las bitácoras y, por definición los press-clippings como Periodista Digital. Igualmente, la firma ya no se fundamenta en la mejor información supuesta a una persona, ya que la red da a todo el mundo acceso a las fuentes. Lo importante ahora es la interpretación y el análisis. Interpretación es, como contábamos hace un año, lo que hacen la mayoría de las bitácoras empresariales de calidad y lo que intentamos hacer en ésta bitácora: agrupar fuentes -clara y ordenadamente enlazadas- en un modelo explicativo. Análisis es lo que hacen think-tanks como el GEES o pensadores como Juan Urrutia: desarrollar modelos interpretativos globales para lectores informados. Resumiendo, lo que la red ha generado y lo que ataca la ofensiva legal de los medios es todo un modelo reticular y democrático basado en la selección y sostenido sobre el enlace y la cita.

Echas el enlace por la puerta y se te cuela el plagio por la ventana

Durante los primeros años de publicación de la prensa de papel en soporte web, parecía que los periódicos aceptaban ocupar en esa estructura el papel de fuentes centrales, aunque no únicas, de información básica. Productores de materia bruta informativa. Esta parecía ser la estrategia ya que ni siquiera adaptaron sus contenidos al nuevo medio: no añadieron enlaces para abreviar las explicaciones de contexto ni cambiaron la forma de redactar para hacer cómoda la lectura en pantalla. El cambio a modelos de suscripción de pago suponía una interpretación complétamente diferente de la red y de su papel en ella. La prensa veía la web exclusivamente como un medio para acceder a sus archivos documentales, por los que pretendía cobrar. El fracaso explicativo derivó, lógicamente, en comercial. Es entonces cuando organizan GEDEPRENSA y el discurso contra los press-clippings de papel se funde con el contrario a ser enlazados, un auténtico suicidio en la red que acaba de descolocarles en el nuevo medio.

Incapaces de traducir instantánea y felizmente su dominio oligopólico sobre el mercado de la información a la red, los medios empezaron entonces una verdadera batalla de desprestigio sobre la información en la web que podría resumirse en la ya famosa frase de Victor de la Serna en El Mundo: ¿qué exigir a una paginilla de Internet?.

Pero es poco inteligente tomar enemigo para minusvalorarlo después. Por ejemplo, cuando el diario mallorquín Ultima Hora, publicó hace ahora una semana un plagio de un artículo nuestro, firmado por uno de sus columnistas habituales, el artículo original ya había sido leído por varias decenas de miles de personas en esta bitácora y en Libertad Digital, con quien tenemos acuerdos de publicación.

Claro que el plagio de la semana fue sin duda el de el Ciberpaís, el suplemento tecnológico del diario El Pais. Quien a falta de fuentes mejores fue a plagiar un artículo de un ezine satírico. Por supuesto, el artículo publicado no citaba la fuente y se atribuía el haber recabado declaraciones que nunca fueron hechas, dado que la noticia a la que fusilaba no era tal sino una broma. Y es que hasta para plagiar hace falta criterio. Pensemos que el artículo plagiado contenía perlas como asegurar que en los supuestos nuevos ordenadores de la muñeca Barbie para niñas de menos de 13 años, los asistentes de Barbie guian a las niñas en el proceso de particionar sus discos, formatear volúmenes, montar redes Samba e instalar paquetes. El Ciberpaís recogía tal cual cosas como unas supuestas declaraciones de Mattel según las cuales la interfaz también ha eliminado los cuadrados en beneficio de círculos, que la mujer subconscientemente asocia al útero. Inmediatamente, las bitácoras recogieron el patinazo y Periodista Digital lo publicitó dándole dimensiones de escándalo, obligando a El Pais a publicar una vergonzante fe de errores, que para culminar la jugada ni siquiera reconocía el plagio en el que, los denostados cibernautas, le habían pillado in fraganti.

No hacía en realidad el diario del grupo PRISA sino seguir los pasos de El Mundo, quien plagiaba tomando por cierto un artículo del ezine satírico The Onion según el cual, los televidentes norteamericanos elegirían al nuevo presidente de Iraq en un concurso televisivo de la cadena Fox.

¿Por qué plagian?

Todos estos plagios son recogidos por la red con cierta divertida sorna. Incluso por algunos con cierto orgullo. Parece ser que el Ciberpaís ni siquiera plagió de la fuente original sino de una bitácora personal. Al igual que El Mundo, quien habría plagiado de la versión traducida al español por una web de información televisiva.

Pero esto es mucho más que una anécdota, señala algo de sobra conocido y contradictorio con el discurso oficial de los medios: las denostadas paginillas de internet son, como no podría ser de otra forma, fuentes cotidianas de los periodistas en su trabajo. Por mucho que el discurso oficial pretenda defender el modelo del periodismo decimonónico, la enredadera se les está colando dentro de casa. Las campañas de desprestigio no sólo no frenan lo que es ya un proceso irremediable, sino que desarman los controles de calidad de los periódicos, incapaces de localizar y testar las fuentes informativas que sus periodistas obtienen de la web pero que no pueden declarar por no llevar la contraria a sus ya caducos jefes.

«Prensa de papel: ¿reaccionarios o tartufos?» recibió 0 desde que se publicó el lunes 27 de octubre de 2003 . Si te ha gustado este post quizá te gusten otros posts escritos por David de Ugarte.

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